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29 de noviembre de 2018

El programa colonial de Schiaretti

El próximo 5 de diciembre la Legislatura de Córdoba se apresta a votar en segunda lectura el Presupuesto presentado por el ejecutivo provincial.

Al igual que el de Macri, el gobierno de Juan Schiaretti ha establecido su perspectiva política en un fuerte endeudamiento internacional que lleva a la provincia de Córdoba a un colapso financiero. Con el dólar a $40, la deuda provincial actualmente asciende a 109.176 millones de pesos, y el 95% de la misma está compuesta en dólares. A ello hay que sumar 500 millones  de dólares de nueva deuda que la Legislatura acaba de autorizar; 200 millones de dólares de crédito directo con bancos españoles autorizados hace algunas semanas por la Casa Rosada; créditos –en tratativas avanzadas- con la Corporación Francesa para el Desarrollo (CFD) por 150 millones de dólares, y un acuerdo con dos fondos de inversión árabe por 156 millones. En resumen, la deuda pública de Córdoba para el 2019 superaría los 149 mil millones de pesos –el 67% de los ingresos estipulados para el año ($221.000 millones)-, sin tomar en cuenta las deudas de los entes autárquicos y Epec. Comparada con la deuda a diciembre del 2015, se trata de un incremento de 800%.

Con la presentación del presupuesto 2019, los ministros de Schiaretti se escudaron en los supuestos bajos gastos de servicios de deuda anual, pero en este rubro también asistimos a un incremento sideral. Mientras que en 2015 representaban el 1,8% de los recursos corrientes de la provincia, en 2019 serán el 6,6%. El pago incrementa pronunciadamente en los próximos años debido a que el 72% de la deuda está compuesta por títulos públicos de tipo “bullet”; ellos prometen pagar la amortización del capital en una única cuota al vencimiento, mientras el pago de intereses es periódico. Para 2021 tenemos un vencimiento monumental superior a los $55.000 mil millones, que representará un 25% de los recursos de la provincia. La imposibilidad de garantizar ese pago, que colapsaría las finanzas provinciales, llevará a contraer una nueva deuda de refinanciación. Este esquema cuestiona los costos financieros originales que se multiplican, creando un círculo parasitario y usurero al servicio del capital financiero. Igualmente, una nueva corrida cambiaria puede hacer explotar la bomba armada por Schiaretti.

La crítica situación que atraviesa la provincia, marcada por el fuerte endeudamiento, ha llevado a delinear un presupuesto que significa todo un plan de guerra contra los trabajadores que no espera al 2021, sino que ya se aplica en el año electoral 2019, e incluso en este 2018. El presupuesto provincial toma como base una inflación del 23% anual, con una proyección que la duplica: de esa forma se pretende hacerles pagar a los docentes y estatales las consecuencias de la crisis. Es lo que ya sucede con la paritaria de este año, que terminará con un aumento del 36% contra una inflación del 48%. El presupuesto no dice una palabra respecto de frenar la ola de despidos y suspensiones masivas que ya ha comenzado en la provincia con el parate de la Fiat y la situación de la industria metalúrgica. Se avala e impulsan los tarifazos que este 2018 llegaron al 65% en el transporte y al 192% en la energía. Y se descarga una fuerte presión impositiva a los trabajadores, con alzas que van del 40 al 50% (inmobiliario urbano y automotor).

Por el contrario, en el presupuesto siguen los beneficios para los capitalistas: $2.000 millones serán remitidos vía subsidios a los empresarios del transporte, que mantienen la tarifa más cara del país. En esa misma línea, se mantienen las rebajas en el impuesto a los Ingresos Brutos (pacto fiscal), cuyo mayor beneficiario será el sector financiero, que dejarán de pagar $2.300 millones. Y también se mantienen beneficios a la Iglesia, y a las multinacionales que no paran de despedir.

Precariedad política

En la votación del presupuesto de Schiaretti en primera lectura, se destacó el voto negativo de Cambiemos. que había acompañado el presupuesto anterior. La posición contrasta con el apoyo otorgado por Schiaretti al presupuesto de Macri, que es seguido en lo esencial por el provincial. La definición tiene sus antecedentes en la crisis política y económica nacional que ha hecho estragos sobre la oposición de Cambiemos en Córdoba, donde se sucede una crisis interna de la UCR, que enfrenta a la mayoría del radicalismo provincial (Ramón Mestre) con los personeros de Macri (Mario Negri). Una primera conclusión de esta crisis es que el candidato de Macri en las últimas elecciones, que obtuvo cerca del 50% de los votos, no se encuentra en carrera. Si Macri apoya a Schiaretti con una división de Cambiemos o un planteo a menos, pierde a su aliado principal en la provincia; si por el contrario refuerza Cambiemos para desplazar al PJ, pierde el apoyo electoral más importante que obtuvo en 2015, donde el macrismo se alzó con el 70% de los votos, impulsado principalmente por la dupla De la Sota-Schiaretti. Acordando en todo con Schiaretti, el macrismo  local se ha visto obligado a establecer alguna clase de oposición de cara al 2019.

Por el contrario, la reducida bancada kirchnerista, pasó de la oposición a una abstención a la hora de votar el presupuesto, indicada por la misma Cristina Fernández. Antes, su vocero Martín Fresneda había felicitado a Schiaretti por la elevación del “gasto social” –subsidios que  van a los capitalistas y no resuelven en lo más mínimo la pobreza en la provincia. El kirchnerismo local se ha sumado en su gran mayoría al PJ.La última gran definición fue la del último candidato a gobernador K, Eduardo Accastello, que luego de la muerte de De la Sota anunció su integración al PJ y a la cúpula partidaria provincial. Del mismo modo se mueve la burocracia sindical moyanista y kirchnerista, que aspiran a integrar las listas de Schiaretti, y no han emitido ni un comunicado rechazando el presupuesto del ajuste. El caso más llamativo es el de Gabriel Suárez, de Luz y Fuerza, que se ha integrado a las 62 Organizaciones peronistas, y cuyo primer anuncio fue la participación de las internas del PJ local –es decir, participar del armado político de quien pretende imponer el vaciamiento y la privatización de Epec.

Resulta que con la caída de Macri y la muerte de De la Sota, Schiaretti ha retomado la iniciativa frente a la burguesía que domina en la provincia, apoyando todo el proceso devaluatorio exigido por las terminales automotrices y los sojeros. Su voto positivo al presupuesto nacional del FMI que acaba de aprobarse en diputados tiene como objetivo el respaldo de los capitalistas que operan en la provincia. El otro gran eje de intervención de Schiaretti pasa por un ambicioso plan de obras que está hundiendo a la provincia al servicio de Odebrecht, Calcaterra y Roggio. El programa colonial de Schiaretti de endeudamiento y devaluación se conjuga con la entrega de Epec y un programa antiobrero.

La precariedad política en la que se mueve Schiaretti tiene como primera conclusión el adelantamiento electoral para  2019. Las idas y vueltas con el macrismo, con la burocracia sindical, e incluso con el kirchnerismo duro, pueden saldarse sobre la base de una elección adelantada que permita un amplio campo de maniobras a la hora de detentar la gobernación. Con el adelantamiento, Schiaretti pretende sostener la provincia, en primer lugar chantajeando al debilitado Macri con un apoyo futuro, a cambio de un apoyo adelantado, que incluso se puede expresar en una lista dividida de Cambiemos para la gobernación, lo que garantizaría su triunfo. Recordemos que Córdoba no cuenta con el mecanismo de elecciones internas. Por otro lado, con el adelantamiento Schiaretti podría obtener todo el apoyo de la burocracia sindical e incluso del kirchnerismo que se mantiene por fuera del PJ.

Córdoba ha sido una de los distritos donde más movilizaciones se desarrollaron en contra de los planes fondomonetaristas, con la lucha de Luz y Fuerza y otras expresiones obreras, con la movilización de 60.000 mujeres el 8 de agosto, y la rebelión universitaria. Ese desarrollo de la lucha de las masas obreras y populares necesita una perspectiva política para derrotar a los Macri, Schiaretti y FMI. Resulta esencial denunciar que desde el peronismo y el kirchnerismo están garantizando la gobernabilidad de Macri, mientras arman un relevo político en caso de que fracase. Todos ellos se candidatean para el FMI y para la burguesía, no para los trabajadores. En ese sentido es repudiable la postura de algunos “izquierdistas” como el MST que pretenden llevar a la izquierda a la cola del peronismo, planteando un frente electoral con el kirchnerismo. Frente a la crisis del capitalismo decadente, reforcemos con más sacrificio una alternativa política de los trabajadores y de la izquierda. Levantemos alto la campaña política del Frente de Izquierda que apunte en ese sentido.

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