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1 de diciembre de 2018

G20: Macri celebra un comunicado encubridor y reaccionario

“Tenemos un comunicado”. El rostro feliz de Mauricio Macri al anunciar el texto final de la reunión de G20 sólo tiene una explicación: celebraba que los participantes de la cumbre de Buenos Aires se pusieran de acuerdo en estampar la firma en algún papel, cuando se temía que la reunión pudiera terminar sin siquiera poder emitir un comunicado. Si esto último pasaba, Macri se hubiera cargado otro kilo de plomo a la pesada mochila de los 30.000 millones de dólares fugados en 2018, el derrumbe industrial y la crisis de su coalición de gobierno.

Dicho esto, lo que parieron los jefes de la cumbre es un texto que, en el mejor de los casos, es encubridor. Y en el peor, no puede disimular el carácter abiertamente reaccionario de sus propósitos.

Guerra comercial

El documento menciona al “comercio internacional” como “importante factor de crecimiento”, para confesar a renglón siguiente la crisis de la Organización Mundial de Comercio, en medio de las pujas que enfrentan a sus principales integrantes. Las “reformas” a la OMC, que el documento sugiere, son las que Estados Unidos viene reclamando para legalizar su política de barreras arancelarias crecientes. El documento incluyó también una `recomendación` para reducir la capacidad instalada de acero, un claro emplazamiento a que China –con la mitad del parque siderúrgico mundial– asuma los `recortes` del caso. En la reunión entre Trump y Xi Jinping, prevista para estas horas, el magnate yanqui explicitará que el reforzamiento de las barreras arancelarias a China no cesará hasta que el gigante asiático no limite sus proyectos de integración industrial, de expansión comercial (“ruta de la seda”) y de militarización del Mar del Sur. Estados Unidos reclama también la sujeción de China al régimen de propiedad privada sobre el conocimiento (patentes), una forma de exigirle la subordinación industrial y tecnológica a los grandes monopolios industriales de Estados Unidos y Europa. Por lo tanto, la pretendida “tregua” que se espera de la reunión Trump-Jinping no haría más que postergar choques más profundos en un plazo breve. Si de libre comercio se trata, otras reuniones bilaterales no tuvieron mejor resultado: Macron se paseó por el centro porteño y fue repetidamente agasajado por Macri. Pero a la hora de los bifes, reiteró que el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur “deberá esperar”.

La cumbre fue el escenario agravado de todos los antagonismos preexistentes, bajo el telón de fondo de la crisis capitalista.

Educación, trabajo, medio ambiente

En la parte del documento que pretende mostrar un cariz “social”, se alude al “trabajo inclusivo y sustentable”. La “sustentabilidad”, para los jefes del G20, consiste en avanzar en la precarización y flexibilización del trabajo, o sea, la universalización de las reformas laborales. Más adelante, se alude a la “coordinación entre empleo y educación”, que no es otra cosa que la adaptación de la escuela a la realidad –degradada– de la empresa capitalista. El anfitrión, impulsor de la reaccionaria `evaluación educativa`, la destrucción de los profesorados y la descalificación de los títulos de grado, no podía sino aplaudir.

El texto logró finalmente incluir una “preocupación” sobre el medio ambiente… pero al precio de legitimar la salida de los Estados Unidos del Acuerdo de París, que regula las emisiones contaminantes. Hace un año, en Hamburgo, el desacuerdo de Trump en este punto se expresó como un portazo. Ahora, el “portazo” se incorporó al texto. Por debajo de la mesa, varias otras potencias –deseosas de desembarazarse de los “molestos” pruritos ambientales– se relamían. Bajo la presión de la crisis capitalista, avanza el relajamiento de controles a los monopolios contaminantes.

El documento eleva su impostura cuando exhorta a promover las “políticas de género”, encubriendo la violencia de los gobiernos imperialistas contra la mujer oprimida, entre ellas, las migrantes y refugiadas.

La mano de Trump

Según lo que informan los medios, la diplomacia yanqui celebró como una victoria propia al “comunicado de consenso”. Esta caracterización se relaciona, sin duda, con la tibia mención al libre comercio, la propuesta de “reforma de la OMC” el jubileo a la contaminación y las exigencias a China respecto de la sobrecapacidad industrial.

La prevalencia de los planteos de Trump es sólo la confesión de que el dislocamiento político y económico del “orden internacional” ha progresado, y gana adeptos. Pero no debe confundirse con un “nuevo orden” bajo su égida. Antes que ello, deberán procesarse choques políticos e incluso militares entre los animadores del G20. Puertas adentro de los Estados Unidos, se avizora una nueva crisis financiera, expresada en las vacilaciones de la bolsa y en la política monetaria de la Reserva Federal. Mientras tanto, los anuncios de cierre de plantas del pulpo GM indican que la política de reactivación industrial fundada en medidas proteccionistas e incentivos fiscales se ha topado con un límite claro. En este escenario, progresa la crisis política, bajo la forma de las revelaciones escandalosas sobre Trump. Detrás de sus bravuconadas, subyace un tembladeral económico y político.

Mientras Macri celebraba haber llegado “en paz” al sábado a la tarde, Macron, en su butaca, recibía las imágenes de un nuevo y multitudinario episodio de la rebelión de los chalecos amarillos, un movimiento que empieza a empalmar con fracciones de la clase obrera y la juventud explotada. Los jefes de la guerra, el militarismo el hambre y la barbarie desarrollan a su sepulturero, la clase obrera y los oprimidos de todo el mundo. Es necesario imprimirle un carácter consciente a esa respuesta, para superar definitivamente a un orden social acabado.

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G20

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