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5 de diciembre de 2018

La primavera del G20 duró un suspiro

Derrumbe de todos los indicadores.

Apenas 48 horas después de que finalizara la reunión del G20, de la cual el macrismo pensaba salir fortalecido, todos los indicadores económicos se derrumbaron y volvieron a colocar la crisis que golpea al gobierno en el centro de la situación política.

Según las estadísticas oficiales, en octubre la actividad de la construcción cayó un 6,4% interanual y la industrial retrocedió un 6,8 por ciento; el dólar recuperó su impulso ascendente y llegó hoy a casi $39; también creció el riesgo país y se desplomaron los valores de las acciones y de los bonos, tanto en la Bolsa porteña como en la de Nueva York.

La preocupación del gobierno y sus sostenedores por lo poco que duró la primavera apareció reflejada en los diarios oficialistas: La Nación tituló “se profundiza la recesión: construcción e industria se desplomaron en octubre” y Clarín destacó, a la luz de los del rojo de los datos, la realidad incontrastable de que “en un día pareció diluirse el efecto positivo que había dejado la cumbre de presidentes del G20”.

La caída abrupta en la actividad de la construcción tiene un carácter de debacle: es que “la compra de asfalto”, que es “el principal insumo de las obras de vialidad afectadas por las restricciones fiscales”, cayó un 47,8 por ciento (La Nación, 5/12), es decir que las obras se redujeron a la mitad, dejando a miles de obreros sin trabajo, justamente en un sector que es demandante masivo de mano de obra.

Y esto está acompañado por una reducción en la actividad de la construcción del sector privado (departamentos y oficinas), donde el consumo de los principales insumos retrocedió ente un 8 y un 14% el mes pasado respecto del mismo período del 2017 y se retrajeron los pedidos de permisos para construir, así como los de créditos UVA, que se han convertido en crecientemente impagables para quienes los tomaron.

En lo que respecta a la industria, se trata del sexto mes consecutivo de caída, lo que muestra en números el nivel de retracción de la actividad, que tiene como consecuencia una creciente oleada de despidos y suspensiones que afectan ya a decenas de miles de trabajadores. Entre los sectores con una caída más abrupta aparece el textil (23,4%), lo que muestra la retracción en el consumo popular de productos no alimenticios por la violenta caída en el poder adquisitivo de los salarios como resultado de las paritarias a la baja que suscribió prácticamente toda la burocracia sindical.

Y la crisis se proyecta hacia el 2019. Según la consultora LCG, “el 60% de los empresarios espera una baja en la actividad y sólo 10% aumentos. Además, a pesar de la recuperación de la competitividad cambiaria, solo el 30% de las exportadoras espera que sus ventas se incrementen” (Clarín, 5/12). Un economista de la consultora Radar añadió que “en 2019 la caída se mantendrá y recién podrá estabilizarse -siempre que no haya un nuevo salto cambiario de magnitud- a partir de la segunda mitad del año” (La Nación, 5/12).

Esta crisis profunda, que muestra la inviabilidad del programa del gobierno, se entrelaza con la crisis política y las divisiones y realineamientos al interior de la coalición oficial. El macrista Clarín destaca, preocupado, que “la variable riesgo país quedó hoy a merced no solo de la volatilidad sino y, sobre todo, al escenario político y a las encuestas pre electorales, que están dando cierta paridad entre el oficialismo y el kirchnerismo”. Es en este marco que los K, encabezados por Cristina Kirchner, se postulan como relevo y dan crecientes muestras de “sensatez” ante los capitalistas nacionales e internacionales a los que le garantizan que se respetarán todos los compromisos asumidos por el gobierno de Cambiemos.

Pero la preocupación oficial y la de los gobernadores y políticos de la oposición pejotista va más allá. Los preocupan las protestas populares y las luchas del movimiento obrero que, a pesar del freno de la burocracia sindical, tratan de abrir un camino para la pelea por el salario y contra los despidos, como es el caso de Firestone, Interpack, Aerolíneas, Siam y los docentes bonaerenses, entre otros. A esto apunta la nueva reglamentación criminal para el uso letal de armas por parte de las fuerzas de represión.

Los trabajadores nada pueden esperar más que hambre y miseria del plan oficial y más hambre y miseria de la “oposición unida” que se postula como opción para el 2019 y que hoy le aprueba los presupuestos de hambre a Macri y Vidal. La salida es un programa y un gobierno de los trabajadores.

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