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13 de diciembre de 2018

2,4 millones de personas pasan hambre

La pobreza alcanza ya a uno de cada tres hogares del país y a casi el 52% de los chicos.

El brutal aumento de 5 puntos en el índice de pobreza en el curso del último año, que lo llevó a alcanzar al 33,6% de la población (más de 13,5 millones de personas), muestra con claridad el cuadro de hundimiento social al que han sido empujados los sectores más humildes del país.

Uno de cada tres habitantes (y familias) de la Argentina es pobre, es decir que sus ingresos no le alcanzan para adquirir los productos y servicios básicos para la superviviencia. Casi 2.2 millones de personas más que hace un año, como consecuencia, en buena medida, de la desbocada inflación combinada con los convenios firmados a la baja por la mayoría de la burocracia sindical de todos los pelajes y del aplastamiento de las jubilaciones, que perdieron en el último año alrededor de 20 puntos.

Pero del informe, preparado por la Universidad Católica Argentina (UCA), surgen otros datos que agravan este cuadro: quienes no alcanzan a cubrir la canasta de indigencia, es decir que no pueden adquirir los alimentos básicos necesarios para la subsistencia, hoy llegan a 2,47 millones, es decir 161.500 más que hace un año.

“El dato más alarmante –dice el informe– es que la cantidad de chicos de hasta 17 años que están en la pobreza dio un salto sustancial: fue de 44% a 51,7%. Esto significa que hoy hay 6.255.700 chicos pobres”, casi un millón más que hace un año (La Nación, 13/12).

Y el mayor aumento de chicos en esta situación se computó dentro de la provincia de Buenos Aires, en el conurbano bonaerense, donde el total creció un 7,3%, para pasar del 36,1% que mostraba hace un año al 43,4% actual. Un balance crudo de la provincia gobernada por María Eugenia Vidal, la ya no tan rutilante figura del PRO.

Esta caída en los ingresos de la población trabajadora y de los demás sectores populares, se reflejó en una brusca caída del consumo de bienes en las cadenas de supermercados y autoservicios, con una retracción del 5,9% en noviembre último, frente al mismo mes del año pasado, según estimó la consultora especializada Scentia.

Esto por la brecha que se produjo entre los ingresos y la acelerada espiral inflacionaria, que se acentúa en el caso de los sectores populares porque un porcentaje mayor de sus ingresos son destinados a la adquisición de alimentos y, luego de los tarifazos, al pago de los servicios públicos y tanto los precios de unos como de los otros han crecido por encima de la inflación. Eso es lo que provoca, según surge de los datos del Indec, que también haya caído el consumo de los servicios públicos.

Paritarias

La política oficial se orienta a profundizar la miseria. Así, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, un representante directo de los empresarios, adelantó que el gobierno pretende para el 2019 que los aumentos salariales no superen el 23%, que es el índice de inflación estimado en el Presupuesto para el año próximo. Esto supondría, de arranque, la aceptación de la pérdida salarial del 2018.

Pero, además, a principios de este año, el gobierno también pretendía que los acuerdos paritarios no pasaran del 15% porque –sostenía– la inflación iba a estar en ese nivel, cuando va a superar el 45 por ciento, con una pérdida promedio de 10 puntos en el poder adquisitivo de los salarios.

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Para garantizar que se mantenga el hundimiento del salario, Sica planteó que el gobierno pretende que en ningún convenio se incorpore la cláusula “gatillo” de actualización automática si la inflación supera los aumentos salariales y adelantó que en el gobierno piensan utilizar a las burocracias más dóciles (trascendió que entre ellas estaría la de la UTA) para que firmen en esas condiciones, anticipadamente, en este mes de diciembre o a principios de enero.

La burocracia de la CGT “se puso firme” y adelantó que aceptarían pero con la cláusula “gatillo”. Son los mismos que hace días levantaron un paro de 24 horas por salarios con la migaja de un bono por única vez que no se suma al salario y lo paga la patronal que quiere. Además, de lo perdido en el 2018 ni hablan.

En este camino, la que también se ha colocado a la cabeza es la “sensible” gobernadora Vidal que ya ha firmado con UPCN de la provincia un aumento del 20% –por debajo incluso del dibujo inflacionario del gobierno.

De estos dirigentes, los trabajadores no pueden esperar ningún plan de lucha por sus reivindicaciones. El activismo y los sindicatos combativos tienen en sus manos la tarea de organizar por abajo la pelea por el salario y los puestos de trabajo.

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