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23 de diciembre de 2018

Muerte de un burócrata

José Pedraza falleció a los 75 años.
Por Jacyn

José Pedraza no falleció en la cárcel, a la que había sido condenado como coautor del homicidio de Mariano Ferreyra, tampoco en un hospital público ni en una clínica del sindicato ferroviario. Murió en el Sanatorio Agote, del Swiss Medical Group, ubicado en el barrio de Recoleta.

Pasó sus últimos años, desde que le otorgaron el beneficio de la prisión domiciliaria, en una torre cercana al Parque Las Heras, en un departamento con vista a los bosques de Palermo. Este era un inmueble algo más modesto que aquel piso de Puerto Madero, valuado en un millón de dólares, donde fue detenido en febrero de 2011.

Pedraza tuvo una dilatada trayectoria en el ferrocarril; pasó de una militancia filo combativa  a convertirse en el entregador de su propio gremio durante las privatizaciones menemistas. Pero sin duda su nombre quedará asociado para siempre con el crimen de nuestro compañero.

La caída de Pedraza fue resultado de la lucha extraordinaria. El viejo burócrata de la Unión Ferroviaria era un aliado del gobierno kirchnerista. La burocracia que él encabezaba forma parte del entramado de camarillas empresarias y políticas que succiona los fondos públicos destinados al sistema ferroviario. La defensa de esos intereses tuvo como resultado el crimen de Mariano.

En palabras de CFK, Pedraza encarnaba un “modelo de sindicalismo que construye”, en oposición a “otro” sindicalismo, el que “no construye” –es decir, que no colabora con el poder. La burocracia designaba funcionarios en puestos clave del Ministerio de Transporte. Sumaba otro eslabón en la cadena que iba del Tesoro a los enjuagues de los Schiavi y Jaime y de éstos, a los bolsillos de los Roggio y los Romero. Esto fue denunciado por el Partido Obrero mucho antes de que se produjera la masacre de Once y de que salieran a la luz los “cuadernos de Centeno”. Los empresarios responsables de la cartelización de la obra pública tenían otro coto en los subsidios a los ferrocarriles. Un gran filón estaba representado por la subcontratación de empresas, pertenecientes a los mismos grupos a cargo de la concesión. Los trabajadores de estas contratistas, que realizaban tareas contempladas en el convenio ferroviario, cobraban una tercera parte que los trabajadores de planta y carecían de todo derecho. Las mismas empresas que los explotaban entonces hoy son protegidas por el gobierno de Macri y la justicia federal en la causa de los cuadernos. El pedracismo, reagrupado detrás del actual secretario general de la UF, Sergio Sasia, se configura como una de las burocracias más obsecuentes con el poder.

Tras el crimen de Mariano, Pedraza todavía era invitado a los actos oficiales. El gobierno quiso presentar como un ´enfrentamiento´ el ataque cobarde sufrido por los trabajadores tercerizados que reclamaban su pase a planta permanente; nos acusó de “tirarle un muerto” y se negó a recibir a una delegación del PO que reclamó formalmente una reunión con la entonces presidenta. Sus alcahuetes tejían versiones que desviaban la atención hacia Duhalde y los Galasso y José Pablo Feinmann le reprochaban al PO participar de la lucha obrera. Dos meses más tarde, los compañeros de militancia de Mariano, los ferroviarios Jorge Hospital y Omar Merino, fueron detenidos por orden de la ministra de Seguridad Nilda Garré, cuando luchaban por el cumplimiento de los compromisos asumidos por el gobierno con los tercerizados. Por su parte, el entonces ministro de Trabajo Carlos Tomada asesoraba a Pedraza cómo perpetuarse en el gremio tras el cimbronazo. Si esta gran operación de encubrimiento no pudo prosperar fue por la movilización sin precedentes que el crimen de Mariano desató en el pueblo, especialmente entre la juventud obrera.

El kirchnerismo posteriormente sostuvo que el asesinato de Mariano detonó la salud de Néstor Kirchner. Éste había intentado reducir daños mediante la entrega de Cristian Favale, uno de los autores de los disparos que estaba vinculado a sus propios punteros de la zona sur del conurbano. Es posible que las contradicciones que estallaron en sus manos hayan impactado en su salud, pero esto no lo absuelve de sus responsabilidades políticas ni de las del gobierno de CFK en la arquitectura del vaciamiento ferroviario y sus alianzas.

Pedraza fue condenado como co autor del homicidio simple de Mariano Ferreyra a quince años de prisión. Los jueces debieron condenarlo a prisión perpetua. Sin embargo, lo absolvieron por la premeditación del ataque. Los jueces dijeron, en una voltereta insólita, que Pedraza había mandado a sus pistoleros a “correr a los tiros” a los trabajadores movilizados, no a matarlos. Esto porque “no le convenía que hubiera un muerto” ya que, en tal caso, hubiera acabado, como finalmente ocurrió, condenado por homicidio. La pena atenuada se completó con su excarcelación en beneficio de la “prisión domiciliaria” al cabo de algunos años.

Esta sentencia pretendió ponerle un punto final a los alcances judiciales del crimen de Mariano. Los empresarios, cómplices de Pedraza, quedaron impunes. El juez Eduardo Riggi sigue revistiendo en la Cámara de Casación, a pesar de haber sido uno de los partícipes de la trama de los sobornos que intentó Pedraza para excarcelar a su patota.

Con todo, Pedraza cayó. Mérito de la movilización popular, incluidas sus organizaciones, entre las que se destacó la militancia del Partido Obrero.

Pedraza pasa a la historia ignomiosamente. La memoria de Mariano Ferreyra, en cambio, estará por siempre asociada a la lucha por la emancipación de los trabajadores.

 

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