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12 de enero de 2019

El problema con los economistas liberales "modernos"

Sobre los exabruptos televisivos de Javier Milei. Artículo de Marcelo Ramal publicado en Infobae (11/1)

El incidente televisivo que concluyó con el señor Javier Milei desperdigando insultos a una periodista de Crónica TV y a quien esto escribe debe ser analizado con atención.

Entrevistado en exteriores por ese canal, Milei lanzaba quejas difusas contra la situación económica y hasta anticipaba un seguro default para el año 2020. La periodista le preguntó si, dadas sus quejas, participaría de los cacerolazos contra los aumentos de tarifas. El liberal, entonces, descalificó a esas movilizaciones y justificó el tarifazo con el argumento de que "cada cosa debe pagarse por lo que cuesta".

Como me encontraba participando del programa, le señalé que el gas natural, que tiene un costo de producción de 2 a 2,5 dólares la unidad calórica, se paga en Vaca Muerta a 7,50 dólares, un generoso subsidio del Estado que es cosechado a costa de tarifazos y de las finanzas públicas. Milei "odia" al Estado y al "gasto público". Pero se calla la boca frente a esta prebenda a las petroleras. El hombre que quiere que el Estado "desaparezca" se sume en el silencio cuando ese mismo Estado rescata al capital. Esto fue lo que le señalé y lo que provocó su reacción desaforada. En segundos, el "libertario" mostró su rostro autoritario. La "libertad", que Milei exalta en sus intervenciones, fue la que él se tomó para insultar a la periodista que lo entrevistaba. El pequeño déspota mediático se arrancó el micrófono y se alejó de la cámara, profiriendo insultos que exaltan al sexo como violación.

Saquemos las conclusiones. Quedó al descubierto la verdadera catadura de los economistas "liberales" que recorren los medios y se presentan como cruzados "contra el Estado". Ninguno de ellos critica el fastuoso gasto público que consumen los subsidios al capital, y que en 2018 representaron las dos terceras partes de la emisión monetaria. Ninguno de ellos denuncia ese otro subsidio al capital financiero que representa el pago de los intereses de la deuda pública, ya varias veces pagada por el país. Para nuestros liberales mediáticos, el discurso "anti-Estado" sirve para encubrir al régimen social que, echando mano de la maquinaria estatal, arranca recursos de los trabajadores —mediante tarifazos, impuestazos y subsalarios— para transferírselos al capital "privado". Los liberales tampoco critican el dispendio que implica sostener la maquinaria represiva del Estado, para que subsistan las relaciones sociales que someten a la mayoría trabajadora a la dictadura de la "libre" empresa. Naturalmente, la confiscación social que los Milei, Espert y otros reclaman —y disimulan— exige el despotismo político. Los desplantes de Milei son solo un anticipo grosero de ello.

Nuestros liberales "modernos" se presentan como abanderados tardíos del liberalismo decimonónico. Pero ellos saben muy bien que la declinación del régimen social que defienden —el capitalismo— impone el paso de la competencia al monopolio, y de la democracia formal al despotismo político. De todos modos, en la época que ellos añoran, la de Adam Smith y Ricardo, para los oprimidos solo regía el derecho de vender "libremente" su fuerza de trabajo a los titulares de un monopolio —el de los medios de producción.

Al blandir el ultraliberalismo, los Milei-Espert procuran diferenciarse incluso del macrismo, al cual le recriminan sus vacilaciones en llevar adelante un programa antiobrero —ello, como consecuencia de los límites que los propios trabajadores le han impuesto al gobierno PRO. Para superar esa barrera, impulsan una salida de fuerza. El discurso de Milei contra la "política", que explota el desprestigio de los "políticos" del régimen, apunta a promoverla. Detrás del cordero "libertario", por lo tanto, asoma el lobo fascista, todavía en clave de stand up.

 

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