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13 de febrero de 2019

Sigue la miseria para los jubilados y pensionados

Con los nuevos aumentos, apenas se llega a un tercio de la canasta de la tercera edad.

Al aumento para los jubilados y pensionados del 11,8%, que se cobrará a partir de marzo próximo, se le sumará otro 10,8%, a acreditarse desde junio, para completar así un 23,9% en el primer semestre de este año. Estos porcentajes llevarán la jubilación mínima, que cobra más de la mitad de los beneficiarios, a apenas $10.410 a partir del mes próximo, mientras que desde junio hasta setiembre llegará a $11.534, cuando la canasta del jubilado supera ya los 26.000 pesos y llegaría, inflación mediante, a alrededor de $30.000 a mediados de año.

Es decir que, con estos aumentos, la masa de los jubilados de menores ingresos, apenas alcanzaría a percibir un haber equivalente a la tercera parte del costo de la canasta que necesita para su subsistencia.

Además, el 23,9% de aumento acumulado, que superaría a la inflación estimada del 15% para los primeros seis meses de este año, lejos estará de permitir que se recupere siquiera la pérdida sufrida por los haberes a lo largo del 2018, cuando quedaron casi 20 puntos atrás frente al alza de los precios (28 contra 48%).

A esto debe sumarse el retroceso de otros 10 puntos desde setiembre del 2017, producto del zarpazo que dio el gobierno (con el apoyo del PJ), al eliminar el aumento que correspondía a enero del año pasado, con la reforma a la ley previsional aprobada en diciembre del 2017, en medio de la brutal represión a la multitudinaria movilización popular de rechazo.

El robo a los jubilados con esta reforma se acrecienta porque las actualizaciones se realizan sobre la base de las variaciones de precios y salarios de seis meses antes. Así, ante el brutal pico inflacionario del año pasado, los haberes quedaron licuados durante varios meses.

Y a esto debe añadirse que la fórmula incluye un 70% de aumento vinculado con la inflación y el otro 30% al alza de los salarios, que también fueron duramente golpeados por la firma de convenios a la baja por parte de casi todo el arco de la burocracia sindical, lo que empuja hacia abajo el índice de aumento de las jubilaciones y el aumento ni siquiera alcanza a la inflación del período que se toma para el cálculo.

Así, por ejemplo, en el caso del incremento de las jubilaciones que se cobrará a partir de junio próximo, la inflación de setiembre a diciembre del año pasado tomada para el cálculo fue del 11,6%, (el 70% es 8,12%) mientras que el aumento de los salarios llegó al 8,9 por ciento (el 30% es 2,67%). La suma alcanza 10,79%, por debajo de ese 11,6% de inflación del cuarto trimestre del 2018.

 A esto se suma que el índice de aumentos salariales utilizado es el denominado RIPTE, que la Corte Suprema acaba de rechazar que se utilice en el caso de los juicios de jubilados contra el Anses porque refleja aún más a la baja los incrementos de salarios.

De todas maneras, el gobierno y el FMI no se conforman con este nivel de exacción a los jubilados. Pretenden más. Por eso el organismo que dicta la política del capital financiero reclama nuevas reformas a la ley previsional, entre ellas el alza de la edad jubilatoria, pero también el recorte de la jubilación inicial y un nuevo índice de actualización que haga retroceder aún más los haberes previsionales.

Es una guerra desatada contra los jubilados actuales y futuros. Quieren liquidar el régimen previsional y convertir a los haberes en un mero subsidio mínimo “a la vejez”.

La respuesta debe venir de una lucha unificada de trabajadores activos y jubilados en defensa de los derechos conquistados, por una jubilación mínima equivalente a la canasta del jubilado y el 82% móvil del salario en actividad.

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