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15 de febrero de 2019

Kicillof y el FMI: los bizcochitos más caros del mundo

El verdadero significado de la reunión de Kicillof con la misión del FMI quiso ser distorsionado por el kirchnerismo, centrando la atención en los bizcochitos y el mate con que el ex ministro de economía de Cristina Kirchner convidó a los tecnócratas del Fondo. La reunión formó parte de una ronda de éstos con distintos representantes de la oposición patronal. Como se ve, aunque el FMI ha puesto sus huevos en la reelección de Macri, se ha reservado otros para colocar en la canasta de la oposición. El gran capital internacional tiene un plan A, un plan B y hasta un plan C. En todos los casos quiere asegurarse que cualquiera sea el resultado de las elecciones presidenciales, nadie vaya a sacar los pies del plato, es decir, pagar la deuda externa y mantener el sistema financiero bajo el control de los bancos internacionales.

Mucho antes de esta reunión, Kicillof le había declarado a la revista Forbes que un gobierno de Cristina Kirchner no rompería con el FMI ni afectaría los negocios financieros. Recordó en esa ocasión que fue bajo la década K cuando más ganaron los bancos y que Argentina jamás se iría del FMI. Nobleza obliga, Néstor Kirchner canceló en un solo pago una deuda que rozaba los 10.000 millones de dólares, manoteando del Banco Central esos fondos a cambio de una letra intransferible que con el tiempo se ha transformado en un ´paga Dios´. Luego, ya como ministro, fue el propio Kicillof quien acordó una regularización de la deuda con el Club de París, aceptando punitorios de miles de millones de dólares. Esa deuda del Club de París fue estatizada por la dictadura, en beneficio de empresarios como el mismo grupo Macri. Kicillof además fue el mentor del acuerdo secreto con Chevrón, que comenzó la entrega de Vaca Muerta a los monopolios petroleros internacionales y locales, asegurándoles ganancias superiores a la media gracias a los subsidios del Estado.

Según trascendidos, en la reunión Kicillof repitió la vieja cantinela que es necesario un plan de crecimiento para poder pagar la deuda. Cuando asumió la presidencia en el 2003, Néstor Kirchner también había señalado “los muertos no pagan deudas”. Cuando finalizó el mandato su esposa en el 2015, los gobiernos kirchneristas habían pagado más de 200.000 millones de dólares de deuda pública, agravado por el hecho que de que dejaron un stock de deuda un 100% superior al que existía luego de la refinanciación del 2005. Dentro de los favores al gran capital estuvo el llamado 'cupón PBI’, inventado por Lavagna, que permitió recuperar parte importante de la quita. El kirchnerismo hablaba de que la proporción deuda/PBI era bajo, sabiendo que mentían para confundir incautos. Con un peso sobrevaluado y un dólar paralelo que cotizaba un 50% por encima del oficial, bastó una devaluación para que se derrumbe el PBI y la proporción con la deuda pegara un salto enorme. Ya con la segunda devaluación de Macri, la deuda se sitúa actualmente casi en el 100% del PBI.

El interés del FMI en entrevistarse con la oposición se debe, por un lado, a un temor de que Macri finalmente pierda las elecciones presidenciales, y por el otro, en que el propio organismo se ha convertido en el principal acreedor del país. La deuda que deberá pagar el próximo gobierno entre 2019-2023 se ubica en el orden de los 150.000 millones de dólares más los intereses; un tercio de esa deuda deberá ser pagada al FMI que en su estatuto no permite admitir quitas ni reducciones. De ese modo la deuda con el FMI empieza a competir con el pago de la deuda a los acreedores privados. Se plantea una refinanciación de plazos e intereses, en lo que asoma como una situación imposible de afrontar, debido a que Argentina no genera los dólares ni por su comercio exterior ni por las inversiones que recibe para afrontar estos vencimientos gigantescos.

El programa kirchnerista, al igual que el del resto del peronismo, se reduce a rediscutir con el FMI los términos del acuerdo establecido, no sólo de los pagos que deberán hacerse, sino también lo que hace a la política económica general. El pedido de admisión de algún grado de déficit fiscal querría ser utilizado por el pejota-kirchnerismo para aplicar subsidios a la clase capitalista golpeada por las altas tasas de interés, los tarifazos que encarecen los costos industriales y la caída del consumo. Se trata de un programa capitalista hasta la médula, que se limita a debatir cómo se divide la plusvalía generada en el país entre la clase capitalista local e internacional.

La reunión de Kicillof con el FMI deja en claro que la única fuerza política que plantea romper con el Fondo, repudiar el pago de una deuda usuraria y nacionalizar la banca es el Frente de Izquierda.   

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