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1 de marzo de 2019

Un discurso entre las ruinas

"Creció la economía, bajó la inflación, aumentaron la inversión, las exportaciones, bajó la pobreza y creamos 700.000 puestos de trabajo".

El arranque del discurso de Macri en la apertura de año legislativo no pudo haber sido más impostor. Apenas 48 horas antes, los datos oficiales del Ministerio de Producción y Trabajo daban cuenta del retroceso de todos los indicadores de empleo y salario. Si, como reiteró en su discurso, su mandato debía ser juzgado por la meta de “pobreza cero”, el fracaso no puede ser más rotundo. Esta envuelve a un tercio de la población y a uno de cada dos niños. Uno de los pocos anuncios concretos, el aumento del 46% en la Asignación Universal por Hijo, la lleva a apenas $2644 en septiembre, un simple paliativo que no compensa su desvalorización y la brutal inflación en alimentos.

En su enumeración de “logros y transformaciones”, Macri ocultó el incremento en más de 100 mil millones de dólares de la deuda externa bajo su mandato, que tras la devaluación de abril llegó a casi el 100% del PBI. No se refirió a las tasas exorbitantes que han engordado el bolsillo de los especuladores; tampoco al rescate del FMI, que ha impuesto un plan de ajuste salvaje.

No lo ayudaron ni las cifras de embarazo adolescente, a pesar de que el presidente se jactó de haber impulsado un “plan de acción”: según cifras oficiales, en la provincia de Buenos Aires el embarazo entre niñas de 10 a 14 años se disparó un 53% en 2017. El presidente tuvo la mala idea de jactarse de que su gobierno “comenzó a restituir los derechos de niñas víctimas de violencia sexual”, cuando calló frente a los casos de las nenas de Jujuy y Tucumán forzadas a continuar sus embarazos, que han saltado a las primeras planas de los diarios de todo el mundo como expresión de barbarie contra la niñez.

Macri reconoció el evidente empeoramiento de la economía, pero lo atribuyó a una serie de “shocks” inesperados – específicamente, a la salida de capitales, la sequía y la causa de los cuadernos. ¡Pero la fuga de capitales se financia con el hipotecamiento nacional que recae sobre las espaldas de los trabajadores! Por otra parte, es cierto, la ´causa de los cuadernos´ ha colocado en el banquillo de los acusados a toda la clase capitalista, incluida la familia presidencial, y ha demolido la pretensión de financiar la obra pública mediante el sistema de “participación público-privada”.  

Ante la ausencia de resultados para mostrar, Macri recurrió a una polarización forzada con el gobierno kirchnerista, cuando un año atrás se mostraba como “el presidente que vino a unir a los argentinos”. El kirchnerismo hizo su propia puesta en escena con un poco de griterío, exhibiendo carteles que rezaban #hayotrocamino – en criollo, aguantar ocho meses más y votar al pejotismo en octubre. Pero – como lo reconoció Macri en su discurso – su bloque estuvo en minoría en el Congreso durante todo su mandato y no podría haber avanzado en sus leyes de ajuste sin la colaboración y los “consensos” del peronismo.

Macri hizo una referencia al reconocimiento de Juan Guaidó como presidente en Venezuela, ratificando que se pliega a la política golpista promovida por Donald Trump. Muchos de los pejotistas que cuestionaron su discurso también se han alineado con esa  postura.

Fuera de toda la hojarasca electoral de su discurso, Macri desnudó el carácter rabiosamente patronal y proimperialista de su gobierno.

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