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12 de marzo de 2019

La agonía de los créditos UVA

La agonía de los créditos UVA

Foto: Eduardo Albesi

Por si faltaban muestras del fracaso de la gestión macrista, el diario La Nación presentó el lunes un informe lapidario sobre la situación de los créditos inmobiliarios UVA (indexados por inflación). Recogiendo datos del Banco Central, se informa que el monto total en pesos de los créditos tomados fue en febrero un 78% inferior al mismo mes del año pasado.

El derrumbe ya lleva un año, desde el pico de $14.000 millones en marzo de 2018 a los $2.052 del mes pasado. Al aumento de las cuotas, y por tanto del salario requerido para acceder a los préstamos –hoy, se requiere cobrar más de 100 mil pesos para acceder a la hipoteca de un dos ambientes-, se suma la perspectiva de una elevada inflación para este año.

El desincentivo se completa con la situación catastrófica que viven quienes contrajeron estos préstamos en los últimos años, que han visto las cuotas aumentar un 100% desde que arrancó el sistema, mientras su capacidad adquisitiva se derrumba por paritarias por debajo de esa inflación. Junto a ello, tras pagar decenas de cuotas deben más pesos que al principio del préstamo: según un referente de Hipotecados Autoconvocados de La Plata, “la proyección que hacemos, tal como están las cosas, es que podemos terminar devolviendo cincuenta y hasta cien veces más de lo que nos prestaron” (El Día, 28/2). El miedo a no poder seguir pagando y que se ejecute la hipoteca es creciente.

El gobierno había lanzado estos créditos bajo la promesa de inflaciones anuales en el orden del 15% (el año pasado fue de 48%), y como herramienta para acceder a la vivienda propia –ya que originalmente las cuotas eran bajas y el depósito para entrar era inferior al de los créditos tradicionales. Pero en el escenario actual, los cada vez menos tomadores han pasado a ser en su mayoría “personas de segmentos de renta media alta y alta (…) para adquirir una propiedad más grande o para aprovechar una oportunidad” (La Nación, ídem)

Las medidas anunciadas por el gobierno en octubre del año pasado no sirvieron ni de paño frío. Es mínima la cantidad de deudores que se acogen a la posibilidad de una prórroga del 25% del plazo, ya que se condenarían a pagar durante más años a cambio de una reducción de la cuota de menos del 14%, que rápidamente devorará la inflación. El otro anuncio del Ejecutivo, de medidas para evitar que las UVA no suban un 10% por encima del Coeficiente de Variación Salarial, fue lisa y llanamente una mentira.

Obstinados en defender lo indefendible, economistas oficialistas como Martín Tetaz resaltan la baja tasa de morosidad en los UVA como señal de la viabilidad de la herramienta. Vale contrastar la tesis con la denuncia de una docente marplatense endeudada: “casi no existen morosos en estas hipotecas porque en la mayoría de los casos los bancos descuentan el monto mensual directamente de la cuenta sueldo. Es una situación muy angustiante. La gente que tiene hijos dejan de darles gustos, hay gente que ha tenido que dejar de pagar sus prepagas” (Sputnik, 13/2).

La agonía de las UVA agrava el derrumbe del mercado inmobiliario, que –devaluación mediante- alcanza en estos días cotas históricas: Ciudad y Provincia de Buenos Aires reportaban en enero una caída del 55% interanual en la compraventa de inmuebles (10% más que la caída interanual de diciembre). En este escenario, crece la amenaza de que se pinche la burbuja cebada por los especuladores inmobiliarios: los precios en dólares de los inmuebles dejaron de subir por primera vez en años (Clarín, 20/2), lo que podría ser el comienzo de su caída. Las implicancias de este descenso serían enormes: alimenta la recesión y la caída de la construcción, acentúa las internas en el gobierno y golpea el patrimonio del sector de trabajadores que cuenta con una vivienda propia.

Detrás del desmoronamiento de las UVA, hay todo un edificio tambaleando.

Es menester un plan de defensa de los tomadores de créditos y del conjunto de la población trabajadora golpeada por la crisis de vivienda, ligado a un programa para que la crisis nacional la paguen los capitalistas. Topes a las cuotas de los UVA de un 10% de los ingresos familiares. Impuestos a las grandes fortunas, expropiación de las tierras ociosas y centralización de todos esos recursos en una banca bajo control obrero, para la edificación de viviendas populares, el otorgamiento de créditos con cuotas equivalentes al 10% de los ingresos familiares.

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