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28 de marzo de 2019

La pobreza de un gobierno fundido

El dato de que la pobreza alcanza en la Argentina al 32% de la población, o sea, a 13 millones de personas; que en el último año se sumaron a esa cifra 2 millones de argentinos, y que, además, existen casi 3 millones de indigentes, fue superado por un hecho todavía más bochornoso. Nos referimos a las ´explicaciones´ que, horas después del anuncio del Indec, brindaron los ministros Carolina Stanley y Dante Sica en una conferencia de prensa. En pocos minutos, pasamos, del “gobierno de la pobreza”, a la pobreza de un gobierno hundido y sin respuestas. Los funcionarios atribuyeron el salto en estos índices al “coletazo de la inflación”, ello, como si la inflación no fuera el resultado de la bancarrota económica y social prohijada por el macrismo y sus cómplices. La devaluación de la moneda –y el posterior salto en los precios- expresaron el final de la operación de endeudamiento que sostuvo al macrismo en sus primeros dos años y medio de gestión. Pero también, fueron la vía por la cual las consecuencias del derrumbe de ese ciclo especulativo se trasladaron a los que viven de su trabajo: la inflación de casi el 50% golpeó brutalmente al salario. La descomposición económica de todo el “modelo macrista” –con su secuela de despidos y suspensiones- arrojó a la calles a 191.000 trabajadores en blanco en 2018. Stanley y Sica, en definitiva, presentaron como un fatalismo a los resultados de su propia política.

Los datos de pobreza volvieron a revelar una verdad que pocos admiten: con 27.500 pesos de canasta de pobreza –que se van a 42 o 43.000 cuando se incluyen los gastos de vivienda- es muy claro que la pauperización no afecta sólo a los desocupados: hoy, la pobreza golpea profundamente a quienes trabajan todos los días, incluso con empleos en blanco. La misma estadística del Indec señala que el 50% de los argentinos gana menos de 35.000 pesos, una cifra inferior a la canasta de pobreza “con gastos de vivienda”. Es evidente, a esta altura, que la primera ´medida´ contra la pobreza es la recuperación del salario, en un marco donde las paritarias 2019 arrastran pérdidas salariales del año anterior que van del 5 al 20%, según el caso. El tándem Sica-Stanley, en cambio, aludió difusamente a medidas asistenciales, como la asignación por hijo o los planes sociales, cuyos montos está muy lejos de paliar la situación desesperante de los desocupados.

Incapaces de dar una respuesta a la imposibilidad de “parar la olla”, los ministros dijeron que estaban enfocados en la “pobreza estructural”, mencionando las condiciones sanitarias, de vivienda o de servicios públicos. Ello, como si cualquiera de estos indicadores fuera menos devastador que el de la canasta de pobreza. Por caso, en el último año se desconectaron 87.000 usuarios a la red de gas natural, por no poder pagar los tarifazos. Lo “estructural” del macrismo, en definitiva, es un retroceso civilizatorio.

Sica y Stanley presentaron a los datos del Indec como secuelas de la crisis económica y cambiaria de 2018, como si ésta hubiera sido superada. Por el contrario, la trepada del dólar de estos días, y la decisión de frenarla ampliando el endeudamiento del Banco Central – y el negocio de financiar su quiebra a costa de tasas usurarias- potencia la magnitud de una posible corrida cambiaria y de depósitos. Las consecuencias sociales de un estallido hiperinflacionario –de eso se trata- empequeñecerían a las estadísticas de pobreza informadas en el día de hoy.

Los datos del derrumbe social son igualmente brutales en un conjunto de provincias gobernadas por el pejotismo-FPV, donde los salarios de estatales y municipales están lejos de la mentada canasta de pobreza. El informe del Indec, por lo tanto, constituye un certificado de defunción para todo un régimen político. El que cerró el pacto con los fondos buitres; acrecentó en 150.000 millones de dólares la deuda usuraria ya voluminosa dejada por el gobierno anterior; asestó los tarifazos y finalmente trasladó a los explotados la factura de su propia quiebra. A la pobreza de 13 millones de argentinos, se ha sumado la pobreza –conceptual, moral y estratégica- de Macri, de quienes cogobernaron con él y de sus mandantes, la clase capitalista. La pobreza popular será abatida por una reorganización social de fondo, bajo la dirección de los trabajadores. Pero la de los “de arriba”, no tiene remedio. Como nunca, es necesaria una lucha y una acción histórica de la clase obrera para terminar con este régimen de barbarie, y dar paso a una salida de los trabajadores.

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