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17 de abril de 2019

“Futurísima”: otra dosis de vieja política

El grupo rosarino Ciudad Futura lanzó una iniciativa económica asociada a la Cooperativa de Tamberos de Rosario y Zona Limitada (Cotar), de venta de leche a $33 el litro. En plena campaña electoral, quienes se presentaron como la nueva política dan muestras de un electoralismo desenfrenado, explotando las penurias populares.

Los trabajadores, convidados de piedra

El gran ausente de esta propuesta en pos de que “el tambero tiene que ganar plata para subsistir, la industria tiene que ganar plata para subsistir y el consumidor tiene que comprar a un precio razonable” es el colectivo de los trabajadores de una cooperativa en crisis desde hace varios años.

Nada se ha dicho de la situación salarial de los 200 obreros que en 2018 donaron durante tres meses sus sueldos para evitar las suspensiones, autofinanciando un fondo de desempleo, y que en ese mismo año denunciaron una deuda salarial de cuatro meses y que quienes adhirieron a retiros voluntarios pre jubilatorios cobraron $8000 al mes. Los trabajadores dieron a conocer además que “pese a realizar los descuentos, la empresa no realiza los aportes sociales” (Canal Abierto, 15/8/18).

Estas medidas draconianas no evitaron la reducción drástica de personal, “la compañía redujo los puestos a la mitad: en 2009 tenía 250 empleados, hoy son 120 los operarios que se encuentran trabajando”  (ídem). Este enorme retroceso es inseparable de la entrega del sindicato  Atilra del convenio lechero bajo el macrismo, que aceptó la polifuncionalidad y los traslados compulsivos bajo el supuesto de “defender los puestos de trabajo”, que como se ve se siguieron destruyendo mientras que los compañeros que quedaron tuvieron y tienen que soportar la flexibilidad laboral.

La base de esta medida de “economía social” entre los mandantes de Cotar y Ciudad Futura, es la súper explotación del trabajador lácteo.

Que 3 litros no es nada

Más allá de lo limitado de la medida (3 litros de leche por persona máximo, a adquirirse en una gira itinerante por algunos puntos de Rosario durante la campaña electoral), ésta de Ciudad Futura no pasa, en el fondo, de demagogia electoral.

Según Juan Monteverde, el acierto  de su planteo radica en que la asociación entre su partido y la cooperativa logra superar lo que “el mercado tergiversa”, ya que el consumidor paga junto con el litro de leche “una ilusión de felicidad que vende la publicidad” y los “costos que introducen en la cadena de valor los grandes supermercados”. Para el líder futurista, si todas las fuerzas del Concejo de Rosario apoyaran este tipo de medidas “sería revolucionario”.

El diferencial en la cadena de valor vendría dado porque Ciudad Futura absorbe los costos de la logística, de la movilidad, de la publicidad que encarecen el producto. Huelga decir de dónde, a su turno, saca o piensa sacar Ciudad Futura estos recursos para un proyecto que pretende ser “sustentable”: ¿de los fondos del Estado? Esto choca con la quiebra de las finanzas públicas debido a que los recursos nacionales se destinan al pago de la deuda externa, así como a la caída de la recaudación en medio de una fuerte caída del consumo por la recesión que ha provocado el acuerdo con el FMI.

Un “rescate” de esta especie -dentro de los marcos de un capitalismo en crisis- ya lo intentó el macrismo, mediante el también candidato a intendente del PRO en Rosario, Roy López Molina, otorgando un subsidio en concepto de RePro por un millón de pesos para pagar los sueldos, demostrando el “compromiso del gobierno nacional en garantizar el cuidado de los puestos de trabajo (…) con este impulso podrá salir adelante y mejorar su capacidad de producción”. Una impostura de patas cortas: solo un año después la factura de luz de la EPE (empresa provincial de energía, que aplicó con creces los tarifazos eléctricos de Cambiemos) “pasó de 300 mil pesos a 1.400.000” según informó el presidente de la cooperativa (Puntobiz.com, 20/04/2018).

Estatizar Cotar y ponerla bajo control obrero

Este de tipo de auxilio económico no pasa de un financiamiento a los dueños de la cooperativa, que por otra parte es irrisorio frente a la falta de crédito resultante de la política de Macri y el FMI de “secar la plaza de pesos”. El Banco Municipal de Rosario es cartón pintado, al punto de que lo termina “sustituyendo” un pequeño grupo político.

En el fondo, está planteado el límite estratégico del cooperativismo, que está condenado a sucumbir frente a la competencia capitalista y la fuerza superior del capital, que concentra en sus manos los principales recursos materiales y los resortes del Estado: “El modo de producción capitalista ha socializado, a su modo, el proceso productivo, aunque no los beneficios y ha desarrollado un proceso de concentración y centralización del capital, que hace inviable que una economía social pueda competir con los grandes capitalistas, porque es una economía de producción marginal en un mercado dominado por aquéllos” (Prensa Obrera, 3/9/2014).

La autogestión no es una panacea, como lo demuestra las penurias que enfrentan los obreros de Cotar, desde la ausencia del capital de trabajo hasta el incremento de la autoexplotación. La pretensión de que una "economía social" puede "convivir" con el capital no pasa de una ilusión, publicidad reaccionaria en medio de un agravamiento de la crisis nacional e internacional que requiere un planteo de fondo y no medidas de maquillaje para juntar votos.

La crítica situación de los tambos y de sus trabajadores, de recuperar el patrimonio industrial que está siendo devorado en medio de la crisis, pasa por la urgente la necesidad de una lucha nacional para crear un programa que verdaderamente represente a los trabajadores. Para que haya consumidores de leche, necesitamos un salario equivalente a la canasta familiar y el 82% móvil para los jubilados; abrir los libros de los formadores de precios y establecer el control obrero de los monopolios alimenticios y agroindustriales. Hay que romper con el FMI y repudiar la deuda.

Luchar por un paro activo nacional de 36 horas con abandono de los lugares de trabajo y un Congreso de bases de los sindicatos y centrales, para abrir un curso de irrupción obrera y popular para que la crisis la paguen los capitalistas.

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