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22 de abril de 2019

Propuesta de Manifiesto Político al FIT del XXVI Congreso del PO

Propuesta de Manifiesto Político al FIT del XXVI Congreso del PO

Foto: Fede Imas

El XXVI Congreso del Partido Obrero aprueba el siguiente Manifiesto para proponérselo a los partidos integrantes del Frente de Izquierda. Junto a esta  propuesta, el XXVI Congreso del PO ratifica el planteo ya realizado en la mesa nacional del Frente, de proceder al cierre inmediato de listas únicas del FIT y la realización de un congreso del Frente de Izquierda, para debatir  programas, consignas y  métodos a emplear en la próxima etapa y de esa manera potenciar nuestra intervención, interesando y convocando al movimiento obrero combativo, a las mujeres protagonistas de la ola verde, a la juventud que enfrenta la precarización laboral y el derrumbe educativo, a sumarse a la campaña por  una alternativa política propia, desarrollando al Frente de Izquierda y de los Trabajadores.   

 

MANIFIESTO POLÍTICO Y PROGRAMÁTICO DEL FRENTE DE IZQUIERDA Y DE LOS TRABAJADORES 2019

Las elecciones presidenciales de 2019 tendrán lugar en el marco de una crisis general, signada por el fracaso del gobierno macrista. Otra vez nuestro país carga con el peso de una impagable deuda externa y de un sometimiento colonial a los dictados del Fondo Monetario Internacional. Otra vez, fruto de una inflación galopante combinada con una profunda recesión, se pulverizan los salarios, se acrecienta la pobreza y crece la desocupación. De conjunto, se desarrolla un proceso económico y social catastrófico para los trabajadores y el pueblo argentino.

Esta catástrofe, es el resultado de las medidas requeridas por la clase capitalista, orientadas a que la Argentina retorne al mercado de créditos internacional y a apuntalar la tasa de beneficio empresarial. El macrismo, que estructuró su plan de gobierno sobre la base de esa agenda patronal, no hizo más que completar el paquete de medidas iniciadas bajo el gobierno anterior. Mientras el kirchnerismo indemnizó a Repsol, le abrió paso a Chevron, y pagó las deudas usurarias al Club de París y al CIADI; Macri procedió a levantar el cepo cambiario y a cerrar el litigio con los fondos buitre. Esa estrategia económica, derivó en un nuevo mega-endeudamiento del país, que se ha revelado impagable y que ha empujado al gobierno a buscar el auxilio del Fondo Monetario Internacional, el que, a su turno, agravó la recesión y el sometimiento del país al capital financiero.

En un escenario internacional signado por la crisis capitalista y la guerra comercial, la prometida “lluvia de inversiones” nunca llegó. Por el contrario, asistimos a una fuga masiva de capitales, lo que junto a la incapacidad del Estado para hacer frente al pago de su deuda, provocó la devaluación del peso y el espiral inflacionario. La tentativa del gobierno de poner un freno a la desvalorización de la moneda nacional, elevando las tasas de interés a niveles exorbitantes,  ha llevado la deuda del Banco Central a un monto impagable. En manos de los bancos, esta deuda plantea la posibilidad cierta de que las entidades procedan a la confiscación de los ahorristas a través de un “corralito” bancario. La alternativa no menos catastrófica de que el BCRA responda a esta situación con una emisión desenfrenada, plantea la liquidación de la moneda nacional y la hiperinflación.

La pretensión de desarmar la montaña de subsidios estatales a las empresas energéticas y de servicios y dolarizar las tarifas se ha evidenciado como un esquema inviable. La carga insoportable de los tarifazos, tanto para los consumidores como para un sector de la propia clase capitalista, obligó al gobierno a sostener parte de los subsidios que se buscaban recortar. Es lo que se evidenció en Vaca Muerta, donde sólo se logró una tibia reactivación combinando tarifas dolarizadas, subsidios estatales y una criminal flexibilización laboral.

Bajo esta crisis, los trabajadores son castigados con despidos y suspensiones o directamente con cierres de empresas y fábricas; crece la desocupación en masa; los tarifazos echan leña a una carestía cada vez mayor que afecta el poder de compra del salario y ha hundido a los jubilados en la miseria. Se impone, en cada vez más gremios, la destrucción de los convenios colectivos y el trabajo precario; se agudiza la crisis habitacional y se profundiza el derrumbe de la salud y la educación públicas.

De conjunto, se ciernen sobre el pueblo argentino todos los elementos de las crisis de 1989 y de 2001: la hiperinflación y la consecuente destrucción salarial, la desocupación masiva y la confiscación de los ahorros. Advertimos que quienes incubaron la presente crisis, la clase capitalista y los sucesivos gobiernos, son los mismos que llevaron a la Argentina a la bancarrota en 2001 y a todas las grandes crisis de las últimas décadas. Se vuelve a poner de manifiesto la incapacidad de la burguesía nativa para asegurar un desarrollo nacional independiente del imperialismo y para resolver los problemas elementales de las masas.

La crisis vuelve a colocar a la Argentina frente a una disyuntiva histórica: los grandes capitales, de un lado, y los trabajadores, del otro, deberán enfrentarse para definir quién liderará una salida a la crisis.

Los bloques políticos

El macrismo ingresa al proceso electoral golpeado por el agravamiento de la crisis económica y social, como lo han confirmado los resultados de las elecciones provinciales adelantadas. De la mano del creciente rechazo popular al gobierno se acentúa la interna de la coalición oficial, recrudeciéndose los enfrentamientos entre la UCR y el PRO e incluso al interior del núcleo duro de la camarilla oficial. El macrismo, que desde su debut ha sostenido un planteo negacionista de los crímenes de la última dictadura y de impunidad para los genocidas, ha optado por profundizar sus planteos represivos y reaccionarios en el año electoral. Su cruzada xenófoba contra los migrantes y de criminalización de la juventud, representa un acto de demagogia que busca cautivar a una parte de la ‘clase media’ golpeada y desmoralizada por la crisis.

La bancarrota económica y la crisis política configuran una crisis de régimen, que envuelve a todas las instituciones del Estado. La podredumbre estatal ha tenido un escenario predilecto en el Poder Judicial, donde se desarrolla una guerra entre servicios de inteligencia ligados a jueces y fiscales federales. La disputa judicial incluye el juzgamiento de los principales grupos económicos de la burguesía nacional, que se han enriquecido a costa del presupuesto público y cuyas posiciones son amenazadas por el gran capital internacional.

Como consecuencia del desgaste político del macrismo y la bancarrota económica, algunos de los grupos económicos que oportunamente promovieron su ascenso se van volcando progresivamente a un recambio político capitalista. Sin embargo, la burguesía nacional rechaza proceder a una ruptura con el FMI, dado el enorme peso de la deuda externa que ella misma ha contraído y su dependencia del crédito internacional. Es esto lo que explica el programa continuista de toda la “oposición” política patronal, desde Lavagna y el peronismo federal, pasando por el kirchnerismo y llegando al centroizquierda. La “oposición”  sólo aspira a renegociar el pacto con el FMI, a otorgarle mayores beneficios impositivos a la clase capitalista y a reunir los recursos políticos para viabilizar una desvalorización histórica de la fuerza de trabajo, es decir, dar curso a una nueva reforma jubilatoria y a la reforma laboral.  

En este cuadro de derrumbe económico y agravamiento de la crisis social, la sobrevida del gobierno macrista sólo puede ser explicada por la colaboración estratégica brindada por los gobernadores de todos los colores, por el conjunto de la oposición peronista y kirchnerista en el Congreso Nacional y por las burocracias sindicales.  La ofensiva ajustadora en las provincias no ha encontrado distinciones, ni siquiera matices, entre los gobernadores del macrismo y los del peronismo, incluida Alicia Kirchner. El colaboracionismo de la “oposición” ha tenido una de sus facetas más explícitas en el Congreso Nacional, donde se han aprobado más de 100 leyes ajustadoras a pesar de la posición minoritaria de la coalición oficial. El peronismo aportó los votos necesarios para que se materialice el pacto con los fondos buitres, la reforma anti-jubilatoria y el presupuesto 2019 digitado por el FMI.

En esta tarea de colaboración política han jugado un rol clave las Iglesias, ofreciendo sus servicios de contención a cambio del rechazo al derecho al aborto en el Congreso Nacional. A contrapelo del enorme movimiento de mujeres, el conjunto de los bloques políticos acentuó su subordinación al clero. Esto vale especialmente para el kirchnerismo, con el llamado de Cristina a unificar los pañuelos verdes y celestes.

Desde el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, en oposición a las “salidas” capitalistas en danza, luchamos para que la crisis la paguen los capitalistas y para abrir paso a una salida de los trabajadores y la izquierda. Esto significa, proceder a una reorganización integral del país bajo la dirección de la clase obrera, partiendo de la ruptura del pacto con el FMI y cesando con  pago de la deuda externa, por su carácter usurario y fraudulento. Planteamos la nacionalización sin pago de todos los recursos energéticos y estratégicos, bajo el control de sus trabajadores, y la nacionalización de la banca y el comercio exterior, para cesar con la fuga de capitales y el despilfarro del ahorro nacional y para reorientarlo a un plan de reindustrialización del país. Planteamos la prohibición de despidos y suspensiones, el reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario y el establecimiento de salarios mínimo igual al costo de la canasta familiar, actualizado por inflación. El 82% móvil y la devolución del Anses al control de trabajadores y jubilados, y la reposición de aportes patronales. Luchamos por la cárcel común y perpetua a todos los genocidas y el fin de la cárcel y el procesamiento a los luchadores. El desmantelamiento de los aparatos represivos y la elección por voto popular de jueces y fiscales, para terminar con la represión y la impunidad. La materialización de este programa plantea echar a Macri y a los gobernadores, mediante una acción histórica de la clase obrera, y que una Asamblea Constituyente libre y soberana se haga de la suma del poder político del país, sentando las bases para luchar por un gobierno de los trabajadores.

Una política para derrotar el plan de ajuste

Las burocracias sindicales de todos los pelajes, desde los gordos de la CGT, pasando por las CTAs y demás dirigentes sindicales K, han sido un sostén fundamental de la gobernabilidad  macrista. Los cuatro paros nacionales decretados por la CGT a lo largo del mandato Macri han sido el resultado de una enorme presión obrera. Para la burocracia sindical, esos paros fueron la  oportunidad para descomprimir el creciente malestar de los trabajadores. Otro tanto vale para el triunvirato piquetero, que actuó como pilar del Ministerio de Desarrollo Social para evitar un estallido de las barriadas más empobrecidas. Las burocracias sindical y piquetera actuaron bajo la batuta del Vaticano, para “contener” la movilización popular y trazando un camino de derrotas para los trabajadores.

Contra esta política de la burocracia de entrega de las conquistas obreras, se han puesto en pie luchas tenaces. Ocupaciones de lugares de trabajo, como en las minas de Rio Turbio, el INTI o Interpack. Importantes huelgas salariales, como la de los docentes de Salta y Chaco, que han recurrido a las auto-convocatorias, y han realizado asambleas y marchas masivas. Grandes movilizaciones piqueteras, con el Frente de Lucha y las organizaciones independientes del triunvirato a la cabeza. El Sutna, el sindicato de trabajadores del neumático recuperado, con la asamblea general y la movilización enfrentó los despidos en Fate y el preventivo de crisis, mostrando un camino a toda la clase obrera de cómo se debe resistir a los embates patronales. Las jornadas del 14 y 18 de diciembre de 2017 contra la reforma previsional, que tuvieron lugar contra la voluntad manifiesta de la burocracia sindical, fueron el punto más alto de una lucha general del movimiento obrero organizado contra la política del gobierno. 

En contraste con la política de la burocracia, los sectores clasistas y de la izquierda del movimiento sindical han hecho flamear las banderas independientes del “paro activo nacional de 36hs para derrotar a Macri, el FMI y los gobernadores” en todos los escenarios de las grandes movilizaciones, incluido el 8M, el 24M y el 4A. El movimiento piquetero, de la mano de las organizaciones combativas y clasistas que defienden su independencia política respecto al Estado capitalista, se encuentra jugando un papel de vanguardia en la lucha popular contra el ajuste.

En oposición al aislamiento y sabotaje de la burocracia sindical, desde el Frente de Izquierda apoyamos todas las luchas que se desenvuelven contra el ajuste desde Ushuaia a la Quiaca, y nos jugamos a fondo por su victoria. Contra la atomización de la clase obrera que fomentan las patronales, sus representantes políticos y los burócratas sindicales, desde el Frente de Izquierda planteamos el frente único de la clase obrera, entre los trabajadores de todos los gremios y entre ocupados y desocupados. En esa perspectiva, es que inscribimos la lucha por un congreso nacional de delegados electos y mandatados por asambleas de base de todos los gremios, para impulsar un paro activo de 36 horas y la huelga general, y elaborar un plan económico y político alternativo de la clase obrera. Como nunca, está planteada la necesidad de recuperar los sindicatos de manos de la burocracia sindical, agente del Estado y las patronales en el movimiento obrero, para ponerlos al servicio de una lucha por todos los reclamos de la clase obrera y para pelear por un gobierno de los trabajadores.

El movimiento de mujeres ha sido un factor fundamental de movilización popular en todo este período. La lucha por el aborto legal nos encontrará en la calle nuevamente este 2019. Los reclamos del movimiento de mujeres no se subordinan a una agenda electoral: el método es ganar las calles. En contraste con el reforzamiento de la injerencia clerical en todos los bloques políticos patronales, el Frente de Izquierda destaca la necesidad de luchar por la separación de la Iglesia del Estado. Destacamos la ligazón indisoluble entre los reclamos más sentidos de las mujeres y la agenda del movimiento obrero: el peso de la clandestinidad del aborto, de la violencia contra las mujeres, de la precarización laboral que sufren especialmente la mujer trabajadora, se agrava enormemente bajo el peso del ajuste de los gobiernos del FMI. La lucha por la emancipación de la mujer es inseparable de la lucha por terminar con el sometimiento del trabajo por el capital.

En oposición al sometimiento de las burocracias sindicales y piqueteras al Vaticano, que ha redundado en un sabotaje a la extraordinaria pelea librada por el aborto legal, planteamos la intervención activa de toda la clase obrera y de sus organizaciones en las grandes luchas que libra el movimiento de mujeres. Solo así, mediante una lucha mancomunada de las mujeres y los hombres de la clase trabajadora, se podrán concretar verdaderos avances en la lucha por erradicar la ideología machista y patriarcal que se reproduce al interior de nuestra clase.

Argentina y América Latina en la crisis mundial

La marcha del proceso político argentino tiene como telón de fondo a la crisis capitalista mundial, que amenaza con arrastrar al mundo a una nueva recesión generalizada. Como consecuencia de esta enorme crisis de sobreproducción capitalista, se ha acentuado en los últimos años una guerra comercial a escala internacional, que encuentra en Trump a su principal impulsor. La tentativa del imperialismo norteamericano de mantener su hegemonía político-militar a escala internacional, ha tenido su expresión en Medio Oriente, en los países árabes y, también, en América Latina.

El pleno involucramiento de los yanquis en los golpes que azotaron al subcontinente en el último lustro, como el que hoy se cierne sobre Venezuela, y las sanciones económicas adoptadas contra Cuba y Nicaragua, reclaman el repudio de todas las fuerzas de izquierda y revolucionarias del mundo, y la más enérgica movilización de las masas trabajadoras y campesinas de América Latina para derrotar la ofensiva imperialista, con completa independencia de los gobiernos de esos países. La ofensiva de Trump contra las inversiones extranjeras en Cuba representa un ataque por partida doble. Por un lado, se inscribe como parte de la guerra comercial contra la Unión Europea, que tiene intereses en la Isla. Por otro lado, representa un ataque al pueblo cubano, que sufre las consecuencias del bloqueo económico. Nuestra lucha contra el golpe imperialista en Venezuela no implica ningún apoyo al gobierno de Maduro, que acentúa sus características antiobreras y de camarilla militar en la crisis. La crisis de Venezuela es inseparable de los límites históricos del chavismo, que nunca se planteó una ruptura total con el imperialismo ni una transformación de la dependencia petrolera de Venezuela, y que subordinó al movimiento obrero y sus organizaciones al Estado. 

El gobierno de Macri ha reforzado su dependencia del imperialismo norteamericano, de la mano de los pactos con el FMI y de los convenios de cooperación militar. Colocó a la Argentina como un peón del imperialismo norteamericano en el marco de la crisis mundial para integrarla a  un eje reaccionario continental con el fascista Bolsonaro, el derechista Duque de Colombia y todos los integrantes del Grupo de Lima. Los choques entre los propios estados capitalistas latinoamericanos, en tanto representantes de sus burguesías vernáculas, han tenido lugar con los gobiernos ‘nacionales y populares’ en el poder y se agudizaron con el estallido de la crisis mundial y la caída de los precios de las materias primas. Ahora, con el ascenso de los gobiernos derechistas, se ha profundizado la disolución de la Unasur, en donde sólo se mantienen cinco de sus doce países fundadores, y el impasse mortal por el que atraviesa el Mercosur. Culmina en un fracaso una renovada tentativa de las fuerzas nacionalistas latinoamericanas de forjar la unidad del subcontinente sobre bases capitalistas.   

Las fuerzas nacionalistas o centroizquierdistas, que en el pasado reciente fueron gobierno y hoy se encuentran en la “oposición”, se demostraron incapaces de enfrentar la ofensiva imperialista y el acenso derechista. Contra Bolsonaro y Macri, destacamos la importancia de la movilización popular con los métodos de la clase obrera y los límites insalvables de los planteos que buscan subordinar esta lucha a un desarrollo electoral. En Brasil, con la estrategia electorera, el PT fue derrotado por Bolsonaro asestando a un duro golpe a la clase trabajadora.

En la Argentina, el peronismo ha jugado un papel decisivo en la contención del movimiento de masas. Tanto el apoyo de todo el arco peronista al golpe imperialista en Venezuela, como el silencio cómplice de Cristina Kirchner, representa una sentencia definitiva sobre el carácter proimperialista de esta falsa “oposición”.

La expulsión del imperialismo y la unidad de los pueblos latinoamericanos es una tarea que ha quedado enteramente reservada a la intervención histórica de los trabajadores y campesinos del continente, con los métodos de la lucha de clases, bajo la estrategia de gobiernos de trabajadores en cada una de nuestras naciones y de la Unidad Socialista de América Latina.

Por una salida de los trabajadores y la izquierda

En un momento histórico donde la profundidad de la crisis capitalista pone en evidencia todos los días y en cada rincón del mundo que transitamos una época de “guerras y revoluciones”, la llamada ‘izquierda radical’ o los llamados ‘partidos de tendencias’, han renunciado a la lucha revolucionaria, a la construcción de partidos obreros, a reivindicar la acción directa de la clase obrera y a la lucha por gobiernos de trabajadores. Contra esta tendencia a la adaptación política, el Frente de Izquierda destaca un planteamiento socialista: explotar la bancarrota del capital, las crisis políticas y las movilizaciones populares que se abren, para preparar las condiciones para la instauración de gobiernos de trabajadores y el socialismo. Desde esta posición principista, el Frente de Izquierda convoca al resto de los partidos de la izquierda de nuestro país a conformar listas comunes de cara al próximo proceso electoral, para reforzar la lucha por la separación de la clase obrera y los explotados de los partidos patronales y ofrecer un polo político de independencia de clase.     

El Frente de Izquierda apoya la lucha de toda la clase obrera mundial contra el capitalismo imperialista y sus gobiernos. Saluda la rebelión popular en Argelia y la lucha de los chalecos amarillos en Francia. Se compromete a fondo en la lucha por derrotar la ofensiva golpista y la asonada militar del imperialismo yanqui en Venezuela. Destaca y apoya la rebelión popular de Haití, la gran lucha de la juventud de Chile y convoca a los trabajadores de Brasil y de América Latina a dar una lucha mancomunada contra el gobierno del fascista Bolsonaro y todos los gobiernos capitalistas. En la Argentina, más allá de las traiciones de las direcciones sindicales burocráticas, reivindicamos las grandes jornadas obreras del 14 y 18 de diciembre de 2017, las movilizaciones de masas en defensa de las libertades democráticas, o las grandes movilizaciones de las mujeres y la juventud por el derecho al aborto legal, que ha adquirido un carácter internacional y ha puesto en la agenda la lucha por la separación de la Iglesia del Estado.

Llamamos a votar al Frente de Izquierda y de los Trabajadores con la conciencia de que se trata del desarrollo de una alternativa política de los trabajadores y de una respuesta política del pueblo laborioso a la nueva crisis capitalista. La tribuna parlamentaria del Frente de Izquierda ha servido a la educación y al desarrollo de una conciencia de clase de los trabajadores; a la denuncia de las conspiraciones del imperialismo y las patronales nativas contra el pueblo, a través del aparato estatal; al reforzamiento de la pelea que libran los trabajadores, las mujeres  y la juventud, y para impulsar las movilizaciones de carácter político.

Utilizamos la tribuna electoral para fortalecer las luchas, al servicio de las huelgas y la movilización extraparlamentaria en las calles y como un medio más para el objetivo estratégico de derrotar a los capitalistas y su Estado mediante la transformación revolucionaria de la sociedad bajo la dirección de los trabajadores.

 

Nuestro programa

Fuera el FMI, abajo el pago de la deuda externa

La suma de la vieja deuda heredada de todos los gobiernos desde la dictadura, y la nueva deuda contraída por el macrismo, ya equivale a un PBI entero. Los dólares de esta nueva deuda ya fueron fugados por los bancos y las financieras: la fuga de capitales alcanza en el gobierno de Macri  64.300 millones de dólares, que huyeron de la desvalorización de la moneda nacional. El tendal de deudas restantes en dólares recae en el estado, retratando una operación de rescate al capital.

Esta situación pone a la Argentina en una situación inviable como resultado de un vaciamiento en favor de los especuladores con la bicicleta financiera. Sólo en 2019, los vencimientos de deuda serán de 58.720 millones de dólares. En cinco años, el país deberá pagar 197.000 millones de dólares, incluida la deuda con el FMI.

La perspectiva de una “renegociación”, que levanta el PJ, deja en pie esta deuda monumental, y dejaría intacto el monitoreo de la economía Argentina por el FMI. El pago de la deuda es incompatible con el desarrollo nacional más básico, o la satisfacción elemental de los reclamos populares. El Frente de Izquierda plantea la investigación y el no pago de la totalidad de la deuda, usuraria y fraudulenta, y la ruptura del pacto colonial con el FMI y los acreedores internacionales.

El ahorro nacional debe destinarse a resolver los grandes problemas nacionales. La nacionalización de la banca y el comercio exterior son medidas elementales para terminar con la fuga de capitales y colocar los recursos que producen los trabajadores del país al servicio de un plan de desarrollo industrial y de infraestructura para resolver los problemas más urgentes de la población trabajadora.

Abajo los despidos, salario igual a la canasta familiar, abajo la precarización laboral

Frenar los despidos es el punto de partida para garantizar las condiciones mínimas de vida para los trabajadores argentinos. Contra la política de derrota de la burocracia sindical, el Frente de Izquierda propone la ocupación y puesta en funcionamiento de cada establecimiento laboral que cierre o despida, y plantea el reparto general de las horas de trabajo sin afectar el salario. Proponemos además un seguro al desocupado igual al salario mínimo, vital y móvil, y la apertura irrestricta de todos los programas sociales.

Frente a la escalada inflacionaria, es necesario ajustar en forma inmediata los salarios por inflación, estableciendo un salario mínimo inicial igual al costo de la canasta familiar (42.000 pesos). Planteamos la eliminación de todos los impuestos al salario, a la vivienda única y al consumo (IVA, etc.), y su suplantación por impuestos a las grandes fortunas.  

Las patronales explotan la crisis en función de sus propios objetivos: introducir la reforma laboral de hecho, con precarización, trabajo en negro y destrucción de los convenios colectivos. Denunciamos el rol de la burocracia cómplice de toda esta ofensiva anti obrera y llamamos a defender los convenios colectivos, y el blanqueo y pase a planta de todos los precarizados.

Por el 82% móvil, abajo el ataque a las jubilaciones

El pueblo argentino enfrentó en las calles la última reforma jubilatoria de Macri. El FMI y los candidatos patronales no están conformes todavía: vienen por la destrucción de los regímenes jubilatorios especiales, por la vuelta de la jubilación privada, por nuevos golpes a las ya miserables  jubilaciones y por el remate masivo de los activos de la Anses. Mientras, vacían la Anses eximiendo a las patronales del pago de aportes. Contra esta agenda destructiva, el Frente de Izquierda plantea la elevación inmediata de la jubilación mínima al costo de la canasta de la tercera edad, hoy en los $31.000, en el camino de recuperar el 82% móvil, financiado con la restitución de los aportes patronales y el blanqueo de todos los trabajadores en negro, arrancando la Anses y todas las cajas previsionales de las garras de los gobiernos del ajuste y poniéndolas bajo control de representantes electos de los trabajadores y los jubilados. Equiparación de la “renta vitalicia”, hoy por debajo de los $1.700, con la jubilación mínima. Restitución de remedios sin cargo y de las prestaciones de las obras sociales, las que deben pasar a manos de jubilados y trabajadores electos.  

¡Fuera la burocracia sindical! Por una nueva dirección en el movimiento obrero

La entregada de la burocracia sindical a Macri coloca más que nunca la vigencia de la necesidad de recuperar las organizaciones obreras y expulsar a la burocracia, agente del Estado y las patronales en el movimiento obrero. La contracara es la lucha del Sutna contra el preventivo de crisis, el método de las asambleas generales y la movilización de los trabajadores. La recuperación de las organizaciones obreras para la lucha por todos los reclamos, con plena democracia sindical y con independencia del movimiento obrero respecto a las patronales y el Estado es un pilar fundamental para quebrar la regimentación estatal y patronal sobre la clase obrera y abrir paso a la lucha por un gobierno de los trabajadores. Por un congreso de bases de la CGT, la CTA y todos los sindicatos. Abajo la Ley de Asociaciones Profesionales, fuera la injerencia estatal de las organizaciones obreras.  

Anulación de los tarifazos

Las viejas privatizadas menemistas y las petroleras fueron rescatadas de la crisis del 2001 mediante masivos subsidios, que vaciaron durante años la caja del Estado nacional. Cuando esta política amenazaba con llevar a la quiebra al Estado, el macrismo le trasladó la factura del rescate a los usuarios, con tarifazos impagables que golpean día a día los magros ingresos de los trabajadores. Con los tarifazos (y subsidios) se ha pretendido dolarizar los precios de la nafta y la energía, en un cuadro de devaluación de la moneda. Aseguran ganancias extraordinarias a las petroleras, gasíferas y eléctricas, a los empresarios del transporte, a costa de todos los trabajadores. Planteamos la apertura de cuentas de las empresas energéticas y del transporte para poner de manifiesto los negociados contra el pueblo. Planteamos su nacionalización integral sin resarcimiento de estos recursos, bajo control obrero y de las organizaciones ambientalistas,  para recuperarlos como una palanca de desarrollo nacional en favor de los trabajadores.

Por el aborto legal, seguro y gratuito, por todos los reclamos de la mujer trabajadora

Contra la postración del conjunto de los partidos patronales al clero, planteamos el aborto legal, seguro y gratuito para terminar con todas las muertes por abortos clandestinos. La lucha por el aborto legal se ha transformado en la gran bandera del movimiento de mujeres, defendemos una gran movilización popular por el triunfo de esta lucha. Planteamos la educación sexual integral, laica, científica y respetuosa de la diversidad sexual y de género en cada establecimiento escolar, con programas debatidos y resueltos por las organizaciones de mujeres, centros de estudiantes y organizaciones populares, para tener herramientas para decidir. Defendemos la separación de la Iglesia del Estado, confiscando todos los bienes que han sido otorgados históricamente por el Estado en todos los niveles al clero y terminando con todos los beneficios económicos a la Iglesia, y con su influencia en el Estado, especialmente en la salud, la educación y la asistencia social.

Contra la violencia contra la mujer, planteamos la asistencia en materia de vivienda, trabajo y asistencia médica y psicológica para las mujeres violentadas, a cargo de representantes electas de las propias mujeres: ¡Ni una menos! ¡El Estado ese responsable!

Planteamos unir al movimiento de mujeres en lucha con el movimiento obrero, en un contexto de despidos donde de cada tres desocupados dos son mujeres.

Contra el régimen corrupto de macristas, radicales kirchneristas y pejotistas

Las denuncias de corrupción han puesto de manifiesto enormes desfalcos contra el pueblo, sea de parte del kirchnerismo, en la obra pública, como del macrismo, con el correo y los negociados de la patria contratista. El Frente de Izquierda plantea el control obrero de la obra pública para terminar con estos negociados, y señala la naturaleza de clase de la corrupción que parte del entramado del poder político con el empresarial.

Las causas de corrupción han puesto de manifiesto también una guerra judicial que involucra a los servicios de inteligencia oficiales y clandestinos, nacionales y extranjeros. Denunciamos las pretensiones del imperialismo de utilizar las causas para morder una tajada mayor en el reparto de la obra pública al servicio de sus intereses. Denunciamos la infiltración de la justicia por servicios de inteligencia extranjeros, y marcamos la necesidad de terminar con este entramado mafioso mediante la elección de jueces y fiscales por el voto popular.

Por el derecho a la tierra y la vivienda

El proceso de enajenación de la tierra y del suelo urbano por parte de los capitalistas ha potenciado el proceso de especulación inmobiliaria, llevando el precio de la tierra y de la vivienda a niveles exorbitantes, que se tornan inaccesibles para amplísimas capas de la población. La situación de los 150 mil tomadores de los préstamos hipotecarios UVA se ha vuelto desesperante, por la indexación de las cuotas y de la deuda total a la inflación. Crecen así las amenazas de desalojo y ejecuciones. Planteamos la anulación del sistema de créditos UVA y la defensa del derecho a la vivienda de los trabajadores, en contraposición al beneficio de los bancos. Planteamos que el valor de las cuotas mensuales para los que ya se encuentran pagando créditos hipotecarios no puede ser indexado más allá del 50% del Índice de Variación Salarial y no puede superar el 25% del ingreso familiar.

Por la asignación del suelo urbano ocioso a la vivienda popular, y un plan masivo de construcción de viviendas y urbanización de los barrios populares bajo control de los vecinos, financiado con un impuesto extraordinario a los especuladores financieros, a los bancos y grandes capitalistas.

Abajo la represión, la criminalización de la protesta y el gatillo fácil

La agudización de la crisis lleva a acentuar las tendencias represivas. Un aspecto de esta orientación es la criminalización de las protestas, como es el caso de los petroleros de Las Heras, AGR Clarín y muchos otros. Otro aspecto es la reforma del código penal, la aplicación de códigos de convivencias y la baja de la edad de imputabilidad.

Con la “doctrina Chocobar” la ministra Bullrich pretende legalizar el gatillo fácil de manos de las fuerzas de seguridad. Para “blanquear” esta política represiva contra la juventud y las organizaciones populares, le lavan la cara a la dictadura militar, negando el genocidio de los 30.000 desaparecidos y llamando a la “reconciliación” con los genocidas. Este avance represivo va de la mano de la ofensiva contra los migrantes, con persecución policial y una campaña para que no puedan utilizar la salud y educación pública. Esta política está lejos de ser exclusiva del macrismo, fue avalada por los Berni, los gobernadores del PJ o los Pichetto.

Bajo el macrismo, han avanzado los convenios de cooperación internacional con el imperialismo en materia de seguridad, la injerencia de los servicios extranjeros en la vida nacional, la autonomía de la AFI (ex Side) como caja negra y aparato conspirativo contra el pueblo, y la autonomía de las Fuerzas Armadas. El Frente de Izquierda plantea el desmantelamiento de los aparatos represivos y llama a la juventud a organizarse para combatir el gatillo fácil y el abuso policial.

Por un sistema educativo único nacional, por la educación laica y gratuita

La privatización educativa se desarrolla de la mano del avance de la injerencia oscurantista de la iglesia sobre el sistema educativo. La crisis de la educación pública producto de las políticas de ajuste y de privatización, del avance sobre el estatuto y las conquistas de la docencia, del desguace de la escuela media, del avance sobre los institutos de formación docente, plantea la vigencia de la lucha por la educación pública, laica y gratuita, contra las leyes anti educativas (Ley Federal, LEN, LES) y por la nacionalización del sistema educativo triplicando su presupuesto, bajo control de docentes y estudiantes. La eliminación de los subsidios a la educación privada.

Por la educación sexual integral laica y científica en todos los niveles y modalidades, con programas debatidos y elaborados por las organizaciones de mujeres, estudiantiles y sindicatos docentes.

Abajo el ajuste contra la universidad, por la democratización de las universidades, abajo las camarillas universitarias que han sido cómplices de las políticas del gobierno. Abajo el ajuste en ciencia y tecnología.

Por la defensa de la salud pública

Bajo el peso del ajuste de los gobiernos provinciales, la salud pública agoniza sin recursos, con salarios de miseria y precarización laboral. Planteamos la triplicación del presupuesto, el pase a planta de todos sus trabajadores y las 6 hs e insalubridad para los enfermeros. El control del sistema de salud por representantes electos de los trabajadores.

Reivindicamos el acceso universal a la salud, contra la campaña fascista de persecución a los migrantes por utilizar el sistema de salud. Rechazamos la CUS, que viene a recortar la posibilidad de acceder al hospital público. Por una cobertura de salud gratuita e integral a cargo del Estado. Nacionalización sin pago de los laboratorios que lucran con la salud del pueblo. Por la provisión de medicamentos gratuitos a quienes lo necesitan.

La burocracia sindical utiliza los fondos de las obras sociales que el gobierno adeuda como una moneda de cambio para entregar derechos laborales, despidos y salarios. Pacta con Macri la ley de agencia nacional para recortar las prestaciones. Contra esta orientación planteamos el pago integral de la deuda del Estado con las obras sociales, la expulsión de la burocracia sindical del directorio de las mismas para que sean dirigidas, electas y revocables por los trabajadores.

Contra la depredación ambiental

La crisis capitalista tiene su expresión también en una crisis ambiental sin precedentes en la historia de la humanidad. El intento de las grandes corporaciones de sostener su tasa de ganancia lleva a la aceleración del ciclo de reproducción del capital, lo que redunda en una creciente contaminación y destrucción del medio en el que habitamos y al agotamiento de los bienes comunes (recursos naturales). La mega-minería, el fracking, la desforestación, los monocultivos transgénicos, etc., son la expresión clara de este proceso. 

En los últimos meses, un movimiento mundial de jóvenes ha puesto en evidencia el fracaso de los acuerdos interimperialistas para detener el calentamiento global y sus consecuencias. El protocolo de Kyoto ha sido sepultado de forma contundente. En nuestro país, la devastación ambiental por el uso de agrotóxicos, asociado principalmente a la soja transgénica de los grandes pooles de siembra, generó un verdadero genocidio silencioso con la complicidad de todos los gobiernos de turno.  

El Frente de Izquierda advierte que la destrucción ambiental es una característica intrínseca de un sistema capitalista que sólo busca aumentar las ganancias de los grandes grupos económicos. Tendencia que sólo será revertida con la instauración de gobiernos de trabajadores.

Reivindicamos y apoyamos el derecho de las comunidades a vetar emprendimientos contaminantes  como ocurrió en Famatina y en Esquel. Reclamamos la prohibición inmediata de fumigación con agrotóxicos en zonas rurales pobladas. Planteamos el saneamiento de los ríos y suelos contaminados bajo supervisión de organizaciones ambientales y de vecinos. Cese inmediato de los desmontes, recuperación de las áreas devastadas financiado por las empresas responsables. Impulso a las energías renovables y limpias. Evaluación independiente  del impacto ambiental de emprendimientos económicos controlado por  trabajadores, vecinos y  organizaciones ambientales.

Por una asamblea constituyente libre y soberana, por un Gobierno de los Trabajadores, por la unidad socialista de América Latina

Este programa es incompatible con el régimen del FMI, y con los gobiernos capitalistas en general. Planteamos la movilización política de las masas con una perspectiva de poder: por una asamblea constituyente libre y con poder, para debatir y tomar las medidas de emergencia para que la crisis la paguen los capitalistas. Defendemos la constituyente como un planteo transicional que implica la revocatoria de todos los poderes estatales vigentes, y abre paso a la lucha por un gobierno de los trabajadores. Contra los gobiernos pro imperialistas y frente al fracaso del nacionalismo en América Latina, planteamos la lucha por la unidad socialista de América Latina.

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