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25 de abril de 2019

José Alperovich, quién es el maltratador de periodistas

Los hombres poderosos que incluyen entre sus prácticas el desprecio hacia mujeres y disidencias de género, no nacen de repollos. Son acompañados, encubiertos, empoderados por personas y sectores políticos que comparten intereses en común con ellos. Este es el caso de José Alperovich.

En 48 hs Alperovich ocupó el lugar de la viralización de la noticia en las redes sociales y fue tema de debate en la devaluada TV. Su maltrato hacia la periodista Carolina Servetto de La Gaceta de Tucumán, se ganó el repudio de amplias capas en las redes sociales que sin embargo en no muchos casos explicaban qué lugar ocupa el ex gobernador tucumano en la política.

12 años ininterrumpidos como alfil político de CFK

Alperovich fue legislador radical, ex ministro de Economía del gobernador provincial pejotista Julio Miranda, luego fue gobernador en tres oportunidades (2003-2015) de la mano del PJ, del cual su esposa, Beatriz Rojkes, fue presidenta. Bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner su espacio fue erigido al tercer lugar en la línea de sucesión presidencial de la mano de la presidencia del Senado que el Frente para la Victoria le otorgó a su esposa. Hoy se encuentra librando la disputa provincial con el ex Ministro de Salud de CFK y gobernador provincial José Manzur y en ese marco se produjeron sus declaraciones despectivas.

Desde los tiempos del gobernador Miranda, Alperovich está manchado por una acción política mafiosa, que incluye la complicidad con la red de trata que está involucrada en la desaparición de Marita Verón. Como ministro del ex gobernador Miranda fue firmante del decreto que habilitaba el uso de armas y una actuación parapolicial a los remiseros de la remisería 5 Estrellas propiedad del tratante, ex presidente del Club San Martin de Tucumán y empresario mafioso Rubén “La Chancha” Ale. Quien fuera el jefe de esa mafia involucrada en el secuestro de Marita, el regenteo de la prostitución, las amenazas contra víctimas que testimoniaron, sólo fue un tiempo detenido mucho tiempo después del año del secuestro de Marita, 2004, cuando le dieron prisión domiciliaria por robar soja de campos de Alperovich en Santiago del Estero.

Ya siendo gobernador, Alperovich fue parte del encubrimiento del asesinato de la hija de un funcionario de su gobierno, Paulina Lebbos, en el año 2005. Su hijo Daniel está implicado en el asesinato, él mismo reunió al fiscal de la causa para digitarla y durante su gobierno con la complicidad de sus aliados y aliadas políticas, se dedicó a embarrar la cancha. En estos días, para desviar las denuncias contra su hijo, se dedica a inventar la edad que él mismo tenía cuando ocurrió el asesinato de Paulina. Afirma que tenía 10 años cuando Daniel Alperovich ya tenía 17.

Las fiestas de los hijos del poder que terminan con mujeres violadas y asesinadas son bastante rutinarias entre estos dirigentes políticos. Otro que está involucrado en el encubrimiento de una de ellas es Maurice Closs, otro ex aliado de la ahora aparentemente ‘deconstruida’ Cristina Kirchner. La complicidad de su espacio político con estas prácticas ha sido muy profunda en estos años.

 

Alperovich y Manzur son mucho más que esto. El lugar que ocupan es porque han gobernado para los grandes empresarios provinciales, la iglesia y para el negocio de las mafias y lo hacen con los métodos del sometimiento de las mujeres, de los extranjeros y de los y las trabajadoras más empobrecidas.

Manzur es el torturador de menores a las que se les deniega el derecho a acceder a abortos legales, como su par el gobernador de Jujuy, el radical Gerardo Morales. Alperovich es el torturador de jóvenes que como Belén cumplieron o cumplen condenas en las cárceles tucumanas por ser mujeres y por ser pobres.

La indignación por el maltrato que le dedicó a la periodista de La Gaceta es lícito y necesario para condenar una conducta social habitual. Es necesario pasar del repudio circunstancial a encontrar las causas de que este tipo de personajes ocupen los máximos lugares de poder y condenar a los bloques políticos que los cobijan.

El prontuario de este viejo aliado de CFK orienta al respecto de algo muy importante: a la derecha ajustadora, que extiende la pobreza entre las más amplias masas, que tiene a las mujeres como principales afectadas, no se lo puede reemplazar con más aliados del clero, explotadores y tan derechistas como aquellos. Eso no es un recambio, sino un pasamanos de la misma clase social.

Terminar con el sometimiento a las mujeres exige ir a fondo en terminar con este régimen que se vale de la misoginia, el sometimiento, la cosificación de mujeres como herramienta fundamental de supervivencia. El chamuyo feminista de la CFK que promueve que no nos enojemos con la iglesia, debe ser contrastado con la realidad. Con esta realidad.

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