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2 de mayo de 2019 | #1546

Las alternativas en danza frente al derrumbe macrista

Hacia un mayo caliente

Macri llega con "la lengua afuera". Así describió el editorialista de La Nación (29/4) el derrumbe del gobierno macrista. La corrida cambiaria y el desmadre económico están indicando la impotencia del gobierno para pilotear la crisis. La exhortación del editorialista de marras a que Macri tiene que "controlar la economía" es un pedido en saco roto en momentos en que la política oficial ha ido agotando todo los cartuchos, incluso con una rapidez inusitada.

En medio de este escenario, el gobierno ha apelado a un nuevo volantazo. Tras siete meses de 'flotación libre', el Banco Central le dijo adiós a la 'zona de no intervención' en una virtual eliminación de la banda que estaba vigente desde octubre de 2018 y anunció, con el aval del FMI, que intervendrá en el mercado para contener al dólar. A su vez, el esquema incluye una subida de 150 a 250 millones de dólares del límite diario de venta de reservas si el tipo de cambio mayorista supera los 51,45 pesos. Ese es el valor que el Banco Central congeló, a mediados de abril, como techo a la banda cambiaria hasta fin de año.

Esto significa, en resumen, que el gobierno podrá utilizar las reservas para tratar de mitigar el incremento del precio del dólar. No olvidemos que esta estrategia fue implementada por el BCRA, con Luis Caputo como presidente, y recibió en ese momento críticas del FMI. Luego del ingreso de los primeros 15.000 millones de dólares provenientes del acuerdo con el Fondo, la entidad monetaria realizó intervenciones para frenar al dólar, pero resultaron insuficientes. Y esto terminó costándole la cabeza al funcionario macrista. No hay nada que indique que este nuevo experimento no termine de la misma forma -o sea, financiando la fuga de capitales y desplumando al BCRA. Con más razón cuando la situación es mucho más grave que el año anterior. Estamos ante un esquema agarrado con alfileres y prueba de ello es que, aún anuncios mediante, el gobierno no ha podido evitar subir la tasa de interés a un 73 por ciento, orillando el récord que había alcanzado a comienzos de 2019, echando más leña al fuego a la recesión.

Por otra parte, usar hoy divisas de las reservas implica menos disponibilidad en 2020, factor que puede incrementar las dudas en el mercado sobre la capacidad de pago de los compromisos de deuda de la Argentina en moneda extranjera, lo cual puede derivar en un mayor riesgo país.

El carácter precario de la política oficial se constata también en los llamados "precios cuidados”, dado que ya esta semana se anuncia un nuevo aumento de los combustibles. El "pacto de caballeros" que ya tenía mucho de fraude, promete desvanecerse antes de empezar, pues los involucrados en el acuerdo de precios ya han anticipado que no podrían mantenerlos si se desborda la inflación.

Recambio

La crisis se concentra, como nunca, en el plano político. El “golpe de mercado”, como coinciden diferentes analistas, estaría motivado por la tentativa de poner en marcha el plan V, en virtud del cual Macri cedería su postulación presidencial y sería reemplazado por la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal (un plan cuya implementación, por sí sola no le aseguraría un triunfo, teniendo en cuenta que Vidal ha sido arrastrada también por la debacle de Cambiemos y la ventaja que le adjudican los sondeos no es garantía tampoco para una victoria).

Los debates de un cambio de Macri por Vidal no se reducen a un cambio de figuritas. Lo que está en discusión es que el relevo puede traducir una nueva configuración política: la estructuración de un gran acuerdo nacional, que incluya al pejotismo y a la burocracia sindical o al menos alguna de sus alas. Es la orientación que vino fogoneando, aunque sin éxito, el presidente de Diputados Emilio Monzó, contra el núcleo duro PRO, encabezado por Marcos Peña. No olvidemos que esa política es la que desenvolvió Vidal en la provincia, donde armó un esquema de gobernabilidad que integró al massismo, al PJ y hasta un sector del kirchnerismo, explotando a su favor sus divisiones intestinas, y se hizo extensivo a la burocracia sindical. A partir de esa política, el gobierno de Vidal logró hacer pasar leyes estratégicas en la provincia.

El plan V implicaría el acta de defunción del gobierno Cambiemos y el paso a una variante de gobierno de unidad nacional. Esta tendencia ya está presente en las tensiones en la propia UCR, con un ala que propone abiertamente pegar un salto y promover una alianza con Roberto Lavagna. La propuesta de una "tercera vía" de Lavagna tiene punto de contacto con las movidas de Vidal, dado que Lavagna alienta una coalición que abarque desde el PJ hasta la centroizquierda. Hasta se empezó a especular con la posibilidad de un acuerdo de la gobernadora con el ex ministro de Economía. Pero los apetitos e intereses que hay que conciliar son muy grandes, de modo que esto, por ahora, no pasa de una perspectiva remota y vidriosa. Pero, más allá de ello, lo cierto es que la transición en favor de un recambio está en marcha y se va abriendo paso, aunque sea a los tumbos y en forma proporcional al derrumbe del macrismo. Como si algo faltara, Santa Fe ha terminado de confirmar esa caída de Macri en picada y ya está cantada una catástrofe similar en Córdoba, donde el radicalismo podría hasta perder la intendencia de la capital.

Lo cierto es que el gobierno de Macri está en terapia intensiva y esta situación arrastra al régimen político de conjunto. En forma creciente, sectores del gran capital comparten esta convicción y fogonean un relevo. Esto incluye a Wall Street que, incluso, viene actuando a contramano del libreto del FMI, cuyo esfuerzo está enderezado a salvar la reelección de Macri.

El “golpe de mercado” no sólo ha servido para condicionar al oficialismo sino también a la oposición. El gran capital le está marcando la cancha a todos los bloques políticos patronales y, de esa forma, estableciendo los términos de la transición en marcha. En primer lugar, plantea honrar el pago de la deuda. Miguel Pichetto dedicó su gira por Wall Street a brindar garantías acerca de que la tercera vía en el gobierno tendrá como compromiso principal cumplir con esos compromisos. La promesa del dirigente del PJ Federal fue realizada ante los principales fondos de inversión que tienen intereses en la Argentina.

El kirchnerismo también acusó recibo y volvió a mandar señales que va respetar los compromisos con el FMI y los vencimientos de la deuda. No hay que olvidar que CFK fue un pagador serial de la deuda: desembolsó 170.000 millones dólares, incluido el pago de la deuda en defol con el Club de París y los juicios del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (Ciadi), como se encargó de destacarlo Alberto Fernández en una entrevista reciente.

Axel Kicillof y su equipo no han ahorrado elogios al “modelo portugués” y lo han puesto como el ejemplo a seguir, asegurando que es la prueba de que se puede pagar la deuda y honrar los acuerdos con el FMI y, a la vez, crecer. Omitieron lo más importante: que dicho crecimiento, por demás a cuenta gotas, estuvo basado en un ajuste gigantesco a la griega, superior al de 2001 en Argentina, a través una confiscación histórica de la fuerza de trabajo, incluida una reforma laboral que trajo aparejada una precarización laboral que sigue en pie hasta el presente y que incluso el gobierno socialista de Portugal ha agravado. El elogio al modelo lusitano anticipa el programa de un eventual gobierno de Cristina Kirchner.

Pero, por más profesión de fe y garantías que ofrezcan los K, el gran capital considera poco digerible un gobierno kirchnerista, al que estaría dispuesto a admitir sólo como una carta última en caso de que la situación se desmadre. El golpe de mercado es un tiro por elevación para bloquear la presentación de Cristina e integrar y someter a los K a un acuerdo más general con el aparato del PJ. Una línea que ya ha sido delineada en Córdoba con el levantamiento de la lista K para apoyar a Schiaretti, y en Santa Fe con la resignación del rossismo para apoyar al sojero y clerical Omar Perotti.

Programa y salida

La situación excepcional reclama la irrupción de los trabajadores para terciar en la crisis, que ha entrado en un peldaño superior con el derrumbe del gobierno, que atraviesa todo el régimen político. Si la suba del riesgo país y la profundización de la corrida contra el peso continúan, no hay que descartar un escenario de renuncia anticipada del gobierno.

Si esa irrupción obrera no se ha producido es, por sobre todas las cosas, por un escollo político. Estamos frente a un operativo político dirigido a desactivar y abortar la lucha en nombre de una salida que vendría de la mano de las elecciones, ya sea con la consagración de Cristina u otro candidato alternativo. El paro del 30 ofició como una tentativa de descomprimir la situación. No tuvo la intención de abrir una perspectiva de lucha. Se trata de una protesta de una fracción de la burocracia sindical para dosificar la protesta en función del "Hola Cristina".

En oposición a esta política, planteamos que la lucha es ahora, que no podemos esperar. Que es necesario el lanzamiento de un paro activo de 36 horas. Planteamos la convocatoria de un Congreso de delegados de todos los sindicatos y centrales obreras para discutir cómo impulsar la lucha y discutir un programa de salida frente a la crisis.

Lo que está en discusión es quién paga la crisis. La burocracia de todos los colores pretende atar a los trabajadores al carro de la UIA y otros sectores patronales que quieren una redistribución de los subsidios pero, al mimo tiempo, ir a fondo con la flexibilización laboral y la reforma jubilatoria, mientras se cumple con el FMI y el pago de la deuda externa. En oposición a esta política, planteamos invertir la fórmula y que la crisis sea pagada por el capital y no por los trabajadores. Repudiar la deuda, nacionalizar el sistema financiero y los resortes estratégicos de la economía, colocar los recursos al servicio de un plan de industrialización y dar satisfacción a las necesidades apremiantes de la población. Un programa de esta clase es incompatible con el orden imperante. Es necesario revocar todos los poderes estatales y que el poder político pase a manos de una Asamblea Constituyente soberana, que debería tener en sus manos la ejecución de este programa.

Contra un recambio “en orden”, con los trabajadores desmovilizados y cargando la crisis sobre sus espaldas, que alientan la burocracia sindical y las fuerzas políticas que revistan en el campo opositor, impulsamos la movilización política de los trabajadores de modo de imponer una salida propia y transformar a la clase obrera en alternativa de poder.
 

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