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16 de mayo de 2019

Inflación: el engaño de la “desaceleración” en el mes de abril

Este año llegará a valores similares a los del 2018.

El alza del 3,4% en los precios durante el mes de abril fue recibida con cierto alborozo forzado por parte del gobierno y de los operadores mediáticos oficialistas, simplemente porque la cifra fue menor a la desbocada de marzo cuando llegó al 4,7 por ciento.

Esto pese a que es un salto que, anualizado, alcanza al 45% y a que, en lo que va del año, los precios ya subieron casi un 16 por ciento. Pero la alegría oficial tiene tan poco sustento que varias consultoras, incluso las afines al gobierno, anticipan que en mayo la inflación no bajará del 3 al 3,5 por ciento y que, para todo el año, el alza no será menor a entre el 40 y el 43 por ciento, siempre y cuando, dicen, “no haya una disparada del dólar” (Página/12, 16/5), ya que, “si el dólar se va al techo de la banda, (la inflación) tal vez esté más cerca de 50%" (Clarín, 15/4). 

Esto con el agregado de que las tasas de los bonos emitidos por el Estado se mantengan en los niveles astronómicos actuales, superiores al 70 por ciento, para que los inversores no se pasen a las divisas y desaten la corrida temida, aunque la emisión que generan los bonos también es un potenciadora de la inflación.

Los optimistas también baten el parche con el dato de que el rubro alimentos y bebidas no alcohólicas, especialmemente importante para las familias obreras y los jubilados que gastan una importante porción de sus ingresos en estos productos, subió “solo” el 2,5% en abril. Pero en marzo había dado un salto del 6%, en lo que va del año, de casi el 19% y, en los últimos doce meses, el alza llegó a un 66,2%, muy por encima del índice general, lo que es un fuerte golpe en los bolsillos de trabajadores y jubilados. Y esto hace que el consumo disminuya.

“También la recesión juega ´a favor´. La actividad está muy mal: hay que empezar a considerar que, con precios altos, se vende menos. La demanda ya enfrenta un límite”, destacó un directivo de la consultora ACM (Página/12, 16/5). Es decir que la pequeña desaceleración inflacionaria tiene uno de sus justificativos en el crecimiento de la miseria de los sectores populares.

La inflación desbocada, que acompaña la profunda crisis política en la cual está sumido el gobierno y el régimen de conjunto, no parece que vaya a desacelerarse en los próximos meses. Los analistas más optimistas proyectan una baja al 2% mensual recién para el segundo semestre, lo cual llevaría a la de todo el 2019 por encima del 40%. Y ruegan por la estabilidad cambiaria.

Ante este cuadro, la burocracia de todos los colores llama a “tener paciencia”, a esperar “sin hacer olas” a un potencial cambio de gobierno en el mes de diciembre, es decir a seguir con las privaciones hasta que llegue el relevo que, en el caso de todas las alternativas del peronismo –a las cuales apuestan los distintos sectores del sindicalismo– ya anunciaron que van a tomar como prioridad el pago de la deuda externa e interna y, mayoritariamente, apoyan los 10 puntos macristas y del FMI, un verdadero programa de guerra contra trabajadores y jubilados.

La pelea es ya. No se puede seguir aguantando el ajuste que solo lleva aprietes a los bolsillos obreros y populares.

El sindicalismo combativo y el activismo que intervendrá de manera independiente y activa en el paro dominguero de la CGT, tienen como tarea promover la realización de un congreso de bases de todos los gremios para lanzar un paro activo de 36 horas, inicio de un plan de lucha para liquidar el ajuste del FMI, Macri y los gobernadores.

 

 

 

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