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31 de mayo de 2019

En un año despidieron a 268.300 trabajadores registrados

Por la ocupación de toda fábrica que cierre o despida masivamente

Según cifras oficiales del Ministerio de Producción de la Nación, solo en marzo se perdieron 40.600 puestos de trabajo, totalizando la escalofriante cifra de 268.300 despidos en un año, que asciende a 308.000 si nos remontamos a diciembre de 2017. El régimen del FMI que sostienen Macri y los gobernadores nos ha llevado a una verdadera catástrofe social, que los trabajadores debemos enfrentar con nuestras propias armas.

Desplome industrial

En su mayoría la reducción de personal se sufrió en la industria, que concentró 161.000 despidos de marzo de 2018 a marzo de 2019. El ranking lo encabezan las metalúrgicas, que registran 69.000 ocupados menos. Los primeros datos de abril arrojan que seguiría la tendencia a la contracción de fuentes laborales. El panorama se completa con el hecho de que mientras todos los sectores de trabajo registrado cayeron en marzo, el único rubro que creció fue el de monotributistas sociales, lo que habla de un incremento de las formas más precarias de contratación. En las mediciones que realizan las consultoras sobre las expectativas empresarias dentro de los próximos tres meses, prima la perspectiva de seguir reduciendo la dotación de personal. Los recientes datos sobre una posible caída en recesión de Brasil oscurecen aún más la situación que se viene.

El correlato de esta enorme caída en el empleo es la desvalorización de los salarios. Los cálculos de la remuneración promedio que perciben los trabajadores en el país rondan entre un 37,3% y un 41% de aumento nominal en el último año, contra una inflación del 54,7%. En este cuadro, en marzo la mitad de los empleados en blanco percibieron sueldos inferiores a los $25.800, contra una canasta familiar calculada en $28.750. Va de suyo que todo este panorama es aún más desesperante en la masa de trabajadores informales, es decir precarizados.

Ofensiva patronal

Las patronales se valen de esta situación para avanzar contra las condiciones de trabajo. En Renault de Córdoba, la empresa acaba de acordar con el SMATA una reducción de la jornada para recortar un 30% del salario a los obreros, con el pretexto de que en caso contrario despedirían a 1.500 operarios. La UIA insiste con documentos que presionan en pos de una reforma laboral que flexibilice los convenios colectivos de trabajo, ocultando que incluso en las ramas donde se implementaron adendas flexibilizadoras los despidos prosiguieron.

La entrega de la burocracia y el peronismo

Si todo esto tuvo su incidencia en el acatamiento masivo al paro nacional del 29 de mayo, también vuelve a echar luz sobre el rol criminal de la burocracia sindical. Todas las alas de esa burocracia, desde la conducción de la CGT hasta los que posan de más combativos como el Fresimona (que lidera Hugo Moyano junto a Palazzo y la CTA Yasky), comparten el haberse dedicado a aislar las tenaces luchas desarrolladas por distintos colectivos obreros contra los cierres y despidos, y tomar como propios los argumentos de las patronales para aceptar suspensiones y acuerdos flexibilizadores bajo la extorsión de presentarlo como la única variante a los despidos, sin oponer antes resistencia alguna.

Este papel entregador de la burocracia no se explica solo por un intento de preservar sus relaciones con el Estado o por el temor a una irrupción obrera que como en diciembre de 2017 desborde a los sindicatos. El factor central de esta capitulación es la política de llevar a los trabajadores al lugar de furgón de cola de los armados políticos patronales. El nacionalismo burgués, que por definición implica la subordinación de la clase obrera a la burguesía nacional, muestra así todo su rol reaccionario en la fase de bancarrota capitalista. Detrás del pacto social por el que brega Cristina Kirchner, y del eufemismo de defensa de la producción nacional con el que la CGT marchó junto a cámaras empresarias el 4 de abril, persiguen el objetivo de emblocar al movimiento obrero tras reclamos patronales que, sin excepción, incluyen el desmantelamiento de conquistas históricas de los trabajadores argentinos.

Por una salida de los trabajadores y la izquierda

Más que nunca, es fundamental la lucha del clasismo por la recuperación de las organizaciones obreras para abrir un rumbo de lucha, por un congreso de delegados con mandato de la CGT y los sindicatos que vote un plan de acción, por la ocupación de toda fábrica que cierre o despida masivamente y por un paro activo nacional de 36 horas en el camino hacia la huelga general. Más que nunca, el Frente de Izquierda tiene del desafío de pelear por separar a la clase obrera de los partidos patronales, para lo cual insistimos en la perspectiva de poner en pie un congreso de la izquierda que estructure políticamente a la vanguardia para afrontar esta lucha, para que la crisis la paguen los capitalistas.
 

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