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4 de junio de 2019

El remate del massismo al mejor postor

Hace seis años la victoria del Frente Renovador de Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires hundió el proyecto de una reforma constitucional que permitiera la reelección de Cristina Kirchner y quizás, según el impulso de Diana Conti y otros de la llamada “izquierda” kirchnerista, otras reformas que permitieran a la camarilla kirchnerista un control más completo del Estado, con mayores posibilidades de intervencionismo y estatización de organizaciones populares, para darse una sobrevida como la que tortuosamente está logrando Maduro en Venezuela en el largo ocaso chavista.

La ruptura de Massa junto a un grupo de intendentes del conurbano, fue expresamente sobre el tema de la reelección, pero su alcance fue la salida de todo rasgo “regulacionista” para “superar la etapa nacional y popular”. Sergio Massa, como otras jóvenes figuras del kirchnerismo, por ejemplo el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, esperaban poder suceder a CFK y veían que esa posibilidad se les iba de entre manos. La ruptura se apoyó en emigrados pejotistas anteriores: el duhaldismo, derrotado en las internas del 2005; los que rompieron en la crisis del gobierno kirchnerista con las patronales agrarias y el grupo Clarín como Alberto Fernández y Felipe Solá. Las organizaciones kirchneristas salieron a pintar en todo el conurbano, y las leyendas siguen por ahí: Ma$$a es Clarín; Ma$$a=Duhalde. Se denunciaba que la operación política había sido urdida en la embajada yanqui, lo cual es verosímil. Lo cierto es que ese año también Mauricio Macri asumió al Frente Renovador como vehículo electoral en la provincia de Buenos Aires, posponiendo avanzar con un armado propio y colocando a su primo intendente de Vicente López en la lista massista.

El congreso del Frente Renovador de la semana pasada ha votado buscar la conformación de una “nueva mayoría” que se lograría reagrupándose, junto a todos los gobernadores del PJ que se anoten en la partida, alrededor de la candidatura Fernández-Fernández. La divergencia entre Massa y el kirchnerismo nunca ha sido acerca de qué intereses defender. Ambos dan garantías sobre la deuda, reivindican la renegociación de Kirchner y Lavagna y se disputan el apoyo de la UIA que reclama avanzar en la reforma laboral y paquetes de apoyo impositivo para las grandes patronales. Han tenido choques sobre quienes comandan el proceso y con qué métodos políticos.

¿Qué ha cambiado al día de hoy? Por un lado el kirchnerismo no tiene las condiciones para imponer su método de arbitraje bonapartista como forma de defender ese programa patronal. La renuncia de CFK a la candidatura presidencial a favor del ex-massista y lobbysta de Clarín Alberto Fernández pretende dar garantías, justamente, de continuidad en el repago de la deuda y los planes y negociaciones con el FMI, lo cual supone equilibrio fiscal para lograrlo a costa de las masas, etc. etc. Por otro lado Massa llega a este proceso desahuciado. Lo ha abandonado en primer lugar Julio Zamora, el actual intendente de Tigre, su “plaza fuerte”. En las últimas elecciones no logró ingresar legisladores provinciales por la primera sección electoral, donde está el norte del conurbano que supo estar casi entero bajo el control del Frente Renovador. Alternativa Federal no logra avanzar y se desangra entre coqueteos con Macri y los Fernández.

Según los diarios de estos días las negociaciones rondan la posibilidad de que Massa se presente a unas PASO en el rubro presidencial, o a la gobernación si hubiera un acuerdo en armar una formula común a costa del ya lanzado Axel Kicillof. Pero parecen más realistas los que hablan de negociaciones a futuro, donde habría pedido la cancillería o lugares de control en YPF, lo que confirmaría los fuertes lazos de Massa con Bulgheroni. La dupla empresaria Vila-Manzano se ha entusiasmado con las posibilidades de negocios que se les abrían por esta vía y parecen ser unos de los padrinos de la boda en ciernes. Recordemos que los dueños de América fueron en su momento el músculo mediático detrás de Francisco De Narváez y luego el propio Massa.

El kirchnerismo festeja de esta manera estar reagrupando alrededor suyo a todos los que en su momento se apartaron de sus filas y se han disputado el lugar de máximos aliados en un virtual cogobierno con Macri y Vidal. Se les pierde un detalle: el PJ bonaerense y el Frente Renovador han sido pilares de todo el ajuste y endeudamiento de Vidal y en la Cámara de Diputados de la Nación. En la convención massista que votó el “llamado unitario” tuvo un lugar de destacado vocero el vilipendiado Diego Bossio, que rompió el bloque kirchnerista luego de la derrota del 2015 y armó la bancada que permitió el acuerdo con los fondos buitres al principio de la gestión de Macri, junto con Massa. Lo único que le estaría faltando a Fernández Alberto es reclutarlo a Emilio Monzó. No parecen viables las negociaciones con Vidal para ofrecerle ser candidato a presidente bífido de una única fórmula a gobernadora, más bien suenan a levantar el precio del remate masista.

Vidal intenta reemplazar el alejamiento de sus aliados peronistas en la provincia y la caída estrepitosa de la candidatura de Macri que sin embargo, no se disponen a sacar de circulación, atando su boleta de gobernadora a múltiples candidatos presidenciales, proponiéndose como articuladora de una coalición sui generis Cambiemos-Alternativa Federal. No es claro que esto fructifique, más cuando las elecciones provinciales muestran a todos los aparatos provinciales del PJ lo pesado que es el lastre de atar sus destinos al gobierno Macri.

Los trabajadores debemos tomar nota del carácter promiscuo y sin principios de toda la política patronal, que intenta todos los días inventar una alquimia nueva para reciclar al personal político que se ha desarrollado vinculado a los intereses del gran capital en nuestro país. Enfrentémoslos construyendo una alternativa política propia, formando militantes en cada fábrica, sindicato y barrio. Sólo así podremos dar a esta crisis una salida acorde a nuestros intereses históricos. Esa salida la encarna el Partido Obrero y el Frente de Izquierda.

 

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