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11 de junio de 2019

Pichetto, la muleta peronista de un gobierno rengo

El anuncio del acuerdo de la fórmula Macri – Pichetto suma un nuevo capítulo al intento de rescatar al Titanic del hundimiento, sobre la base de sumar adeptos peronistas y reforzar una polarización. De todos modos, más que la prosperidad de las gestiones del gobierno para sumar una pata peronista, lo que muestra es la falta de pretendientes para ocupar ese lugar, que ahora ocupa Miguel Ángel Pichetto por decantación.

El gobierno estuvo cruzado los últimos meses por una tensión interna, alrededor del intento de reemplazar la candidatura presidencial por la de Vidal, lo que apuntaba a copiar un método de cogobierno con el PJ (cooptando peronistas al gabinete y estableciendo pactos parlamentarios como la entrega de la presidencia de Diputados al massismo). Descartado ese Plan V, pero con Cristina habiendo desistido de su candidatura para congraciarse con el PJ nominando a Alberto Fernández, Macri buscó contrarrestar insistiendo en sumar a Urtubey, pero no tuvo éxito – al menos por el momento.

La sumatoria de Pichetto, si bien es una figura devaluada como para presentarlo como una vía al “gran acuerdo nacional”, es consecuente con el desempeño del rionegrino en el Senado como uno de los armadores del voto peronista a las más de 100 leyes de ajuste de Macri. En su última gira por Estados Unidos ya se había presentado como un defensor de la política de endeudamiento del macrismo. Es precisamente por este rol de puente entre el PJ y el gobierno que ahora lo eligen para disputar a los Fernández el apoyo de los gobernadores, en particular de Schiaretti y Urtubey. Que luego de ganar las elecciones el gobernador cordobés se haya retratado con Macri muestra que existe la posibilidad de que progrese este operativo, pero estará condicionado a los vaivenes de la crisis y la suspensión de la caída del gobierno en la consideración popular.

En caso de ganar, Pichetto quedaría al frente del Senado, lo que anticipa que su función será negociar con el peronismo la aprobación de las reformas laboral y previsional, junto a toda la política de ajuste que pactaron con el FMI. Al mismo tiempo, fue uno de los principales impulsores de la política antiinmigrantes y de gatillo fácil, con lo que su nominación apunta a reforzar los ángulos represivos de la campaña electoral que se había propuesto el macrismo, con eje en la baja de la edad de imputabilidad y la mano dura. El aliado de Macri aporta su cuota a la Bolsonarización del gobierno.

Pichetto llegó a su banca en el Senado de la Nación en 2001, apalancado por Menem. Rápidamente se pasó al duhaldismo y fue jefe de bancada del entonces bloque oficialista durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Tras la derrota electoral de 2015, y aun siendo jefe de bloque del Frente para la Victoria, prestó sus votos para aprobar el Pacto Buitre. Recién al asumir CFK su banca en el Senado, el rionegrino rompió para formar un bloque separado, con la pretensión de agrupar el PJ sin el kirchnerismo.

El impulso a convertir a Alternativa Federal en la tercera vía que reclamaba un sector amplio del capital se desintegró antes de llegar a las elecciones, sometido a las presiones de una polarización política caracterizada por la derechización del kirchnerismo y el afán del gobierno de sumar apoyos peronistas. Si Massa es la tajada que sacaron de este desmembramiento los Fernández, la entrega de la vicepresidencia a Pichetto apunta a disputar ese terreno. El anuncio de la nueva fórmula del gobierno, de hecho, buscó opacar las negociaciones entre el massismo y la fórmula F-F, que captaron la atención de los medios durante los últimos días.

Algunos analistas han caracterizado la movida, parafraseando a Marcos Peña, como una imposición del círculo rojo y no tanto como una demanda electoral. Apunta a destacar que este reclutamiento tiene la función de obrar como garantía de la implementación de los 10 puntos contra el pueblo trabajador dictados por el FMI.

Que Pichetto haya respondido “inmediatamente dije que sí” solo confirma que se trata de un saltimbanqui. Contra este intento de reforzar la polarización contra los trabajadores, el Frente de izquierda presentará batalla por plantear una perspectiva de la clase obrera y la izquierda, por separar a la vanguardia de las variantes del régimen del FMI y preparar la próxima etapa de la lucha de clases en Argentina.

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