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12 de junio de 2019

El hilo provincial del proceso electoral (y una respuesta a Altamira)

El hilo provincial del proceso electoral  (y una respuesta a Altamira)

Foto: Marianela Albornoz

Los resultados electorales de este domingo no sorprenden, porque el proceso electoral viene siguiendo un hilo político que se desarrolla a partir de los primeros comicios provinciales, los de Neuquén y Rio Negro. La polarización que logró poner en pie el peronismo mendocino, con la kirchnerista Fernandez Sagasti a la cabeza, se basó en cortejar los intereses empresariales de la provincia, con mensajes sobre la “productividad” y la competitividad. Agrupó el voto opositor al gobierno nacional sobre la base de un mensaje de defensa de los grandes grupos capitalistas que actúan en la provincia. En Tucumán, el balance que realizan los compañeros pone de manifiesto que la campaña de Manzur se basó en la inauguración de zafras azucareras y en potenciar una alianza con los empresarios del Citrus, sectores que, significativamente, habían sido el punto de apoyo de la campaña de Macri y Cambiemos en 2017. En Misiones, el monopolio político reaccionario de la renovación fue puesto al servicio de los monopolios alimenticios de la yerba y el té, y del gran desarrollo del turismo.

Todo esto, decíamos, no debería sorprender porque la primera elección del año favoreció políticamente al MPN, que se basó en la campaña electoral en la defensa de los intereses de las petroleras, en concurso con la burocracia sindical de Pereyra, que movilizó masivamente en defensa de “las fuentes de trabajo”. En realidad, como lo denunciamos en ese entonces durante la campaña, fue una defensa del pulpo Techint, amenazado por el recorte de subsidios al gas por parte del Gobierno Macrista.

El voto a los gobernadores alineados en general en la oposición, ha logrado unir dos polos contradictorios: de un lado el voto popular contra el macrismo, del otro, el apoyo de las oligarquías provinciales, los intereses económicos empresariales locales, en muchos casos golpeados por la política del gobierno nacional, la recesión industrial y el programa económico fondomonetarista. Se trata de un fenómeno clásico de oposición populista a un gobierno pro imperialista: la clase obrera no ha desarrollado esta oposición con un programa propio, sino yendo a la cola de los intereses sociales dominantes.

La característica política de este fenómeno es que estos intereses han estado hasta ayer alineados al Macrismo, y lo siguen estando en los puntos fundamentales: porque quieren la reforma laboral, porque dependen del crédito externo, porque comparten la agenda de la rebaja impositiva contra los trabajadores provinciales. Las campañas del Partido Obrero en el Frente de Izquierda han desarrollado hasta el cansancio la explicación de estos fenómenos, dando la pelea en cada lugar de trabajo para estructurar una salida sobre la base opuesta: la independencia política de la clase obrera y un programa para que la crisis la paguen los capitalistas. Y acompañó estas consignas con un método de campaña que puso el eje en la organización de los trabajadores y su vanguardia, mediante plenarios obreros, juveniles o de la mujer, convirtiendo a la campaña electoral en un medio de capacitación de los trabajadores para construir su propio partido y luchar por su propio gobierno.

Colaboración política

La colaboración política de la burocracia sindical y piquetera ha sido fundamental para llevar a la clase obrera tras esta línea política. Esto vale especialmente para sectores que en el pasado han votado al Frente de Izquierda, y que han cambiado de frente bajo la presión de la demagogia del nacionalismo opositor, de un lado, y de la tendencia de las masas de sacarse de encima al macrismo utilizando el proceso electoral, por otro. Es el caso, por ejemplo, del sindicato azucarero de Ledesma, que apoyó a una variante del PJ que superó al FIT luego de habernos catapultado al triunfo en las elecciones de 2017 en la localidad. Es el caso también del Perro Santillán y su corriente, en Jujuy. En Córdoba, los representantes de la asamblea popular de Malvinas Argentinas, que enfrentó a Monsanto bajo el Gobierno de De La Sota, ahora se han incorporado a Unión por Córdoba y triunfaron haciéndose con la intendencia.

Es indudable, también, que el planchazo de luchas, que a esta altura de la campaña nadie pone en discusión, ha jugado en favor de los gobernadores o (bajo gobiernos radicales) de la polarización con opositores del PJ oficial. La contrapartida es Chaco, donde la mayor crisis que atravesó el gobierno provincial en el año fue la intervención activa de la huelga docente, que puso sobre la mesa su política de ajuste. El programa del FIT, un programa combativo de intervención obrera frente a la crisis, se resiente bajo una situación en la cual la clase obrera no resiste organizada los embates del capital.

Los límites políticos del Frente de Izquierda han jugado indudablemente a la hora de evitar un progreso político de estos sectores que venían de votarnos o de hacer un proceso con la izquierda. El planteo del Partido Obrero, de que el FIT debe actuar como frente único y de los límites ineludibles de una política meramente electoral, se han visto confirmados. Para la campaña nacional, nuestra propuesta de un congreso del FIT que actúe como un factor de movilización política e intervención del activismo es más que nunca pertinente.

Presupuesto y fraude

Otro factor a tener en cuenta, es el factor presupuestario. Las modificaciones legales en el régimen de la coparticipación, esto es, la devolución del 15 % que retenía la ANSES, sumado al aumento inflacionario de la misma, le han dado a los ejecutivos provinciales cierta capacidad de maniobra fiscal en la crisis. Las transferencias de coparticipación aumentaron un 66% en el último año, casi 10 puntos sobre la inflación. Si a esto se suma que en general los salarios han evolucionado por debajo de la inflación, tenemos una situación que ha permitido, en diferentes provincias, jugar un rol de arbitraje por medio de las finanzas provinciales, que en el proceso electoral tienen un peso importante. El aumento de la coparticipación ha permitido lidiar con el aumento en pesos de las deudas provinciales, que en general están dolarizadas.

Un último factor a tener en cuenta en los resultados provinciales es el fraude, que se ha desarrollado masivamente en mas de una provincia. En Tucumán, con miles de acoples favoreciendo a Manzur. En Misiones, la Ley de Lemas instaló prácticamente una elección de partido único. En Jujuy, hubiéramos debido acceder a dos bancas, cosa que nos es negada por el piso proscriptivo del 5% del padrón electoral. Ahora, vienen elecciones con Ley de Lemas en Formosa (este domingo) y Santa Cruz, junto con las PASO. En todo el país, la lucha contra el fraude con un despliegue militante es una característica del Frente de Izquierda y el Partido Obrero.

El valor de una caracterización

Sobre la base de esta caracterización de los bloqueos de nuestro desarrollo, el Partido Obrero y el Frente de Izquierda encararon las campañas electorales, que se han caracterizado por la lucha por un programa y por la defensa de la independencia de clase frente a los gobiernos provinciales y los bloques patronales. Como se ve, estamos muy lejos de los teóricos fantoche que especulan con factores sociológicos o con una configuración circunstancial del proceso electoral (polarización o no en esta u otra elección). Abordamos las elecciones provinciales sobre la base de una lucha política, el debate con las masas, la pelea en el activismo por las posiciones socialistas, la lucha por poner a la clase obrera en acción contra el ajuste, y la pelea de programa contra el régimen del FMI.

Esta caracterización es una guía para caracterizar el proceso político nacional. No es cierto, por ejemplo, que “Muchos de los ganadores del peronismo se pronuncian ahora por una potencial adhesión a la fórmula F-F (...). Los oficialismos provinciales han retenido su posición debido a un giro oportunista que les ha sido impuesto por el derrumbe económico y la crisis política” (Altamira). Es al revés, la capacidad de los gobernadores de retener los votos contra el macrismo fue, entre otros factores, lo que forzó a Cristina a dar un paso al costado y colocar Alberto Fernández al frente de la fórmula, buscando el apoyo a los Gobernadores. El kirchnerismo venía de cosechar varios fracasos electorales en las provincias, o de participar como socio menor en las listas de los gobernadores pejotistas. Ahora, con el mismo objetivo, Macri ha recurrido a Pichetto como vice, que muestra la intención de salir a disputar el apoyo de esos mismos gobernadores.

Tampoco es cierto que este escenario pruebe que “la tesis de la polarización no se compruebe”, porque, de un lado, hasta el triunfo más plebiscitario de los gobernadores fue tal contra el gobierno nacional, y de otro lado, el gobierno nacional aguanta y dará pelea en la elección. La designación de ambas fórmulas (MM – Pichetto y Fernandez Fernandez) ha tendido a licuar el centro incorporando los intereses provinciales a sus armados políticos. Negar el escenario de polarización que se está estructurando es como pretender tapar el sol con las manos. El PO lo ha señalado claramente, aportando una caracterización concreta: se trata de una polarización que no tiende a los extremos sino al centro. Es la disputa de dos bloques capitalistas por conquistar el apoyo, de un lado del capital, y del otro del electorado, para hacerse del gobierno. En este cuadro hay que remarcar que Altamira, quien proponía concurrir a las elecciones provinciales con un eje exclusivo en “Fuera Macri-Asamblea Constituyente”no pueda sacar la conclusión evidente de que era una consigna falsa y dejaba desarmada a las campañas del PO y el FIT, sacando del foco a los gobernadores pejotistas y similares que han sido el eje del operativo de contención de las masas y canalización electoral de la bronca con el gobierno atrás de intereses patronales en todas las elecciones anticipadas.

Vamos con el FIT

Desde su Facebook Jorge Altamira ha atacado la campaña del FIT sosteniendo que los resultados electorales “son la expresión de un retroceso de todos sus partidos, en términos de estrategia y métodos políticos”. Es la expresión de una posición idealista, y una mala caracterización política. Altamira sostenía que el PJ y el kirchnerismo no eran un bloqueo para la izquierda. Pero ahora se manifiestan electoralmente los bloqueos que ya habíamos caracterizado, y salido a combatir, en el terreno de la lucha de clases y la orientación política e ideológica de la vanguardia. Altamira simplemente negaba su existencia en nombre de la crisis de régimen. Ahora que no se puede ignorarlos, le achaca el peso al FIT y su campaña, como si el resultado electoral dependiera linealmente de la campaña realizada, sin tener en cuenta los factores políticos que actúan en la elección. Después de repetir hasta el cansancio que un resultado electoral vale menos que mil obreros organizados, ahora mide la campaña por el resultado, sin balancear actividades ni consignas.

Simplemente, no es cierto que el FIT haya realizado, como se afirma, una campaña donde “la agitación de contenido socialista y de contenido revolucionario han sido sustituidas por slogans y por la adaptación electoral, incluso al movimentismo pluri-clasista”. Hacemos notar que Altamira abusa de un método que ya aplicó en oportunidad del balance de Córdoba y de otras polémicas políticas. Este método consiste en no probar sus afirmaciones. Sucede que Altamira no da ni una prueba sobre por qué la campaña del PO habría sido pluri-clasista. La falta de pruebas simplemente es la confesión de que estamos ante una afirmación infundada y sin rigor político alguno. Pero somos claros: la campaña política del Partido Obrero estuvo ordenada sobre la base de un manifiesto nacional y el desarrollo de un programa, planteado en forma polémica a los diez puntos de Macri, y que coloca el énfasis en una reorganización social en favor de los trabajadores frente a la crisis. Los análisis de Altamira están imbuidos de falta de rigor y contienen una alta dosis faccional. Es lo que se pone de manifiesto cuando busca explicar el resultado de Tucumán sólo por el fraude de las colectoras. Como en Tucumán hay compañeros que comulgan con la fracción de Altamira, debe inventar una explicación distinta para su resultado electoral, que no llegó al 1%. ¿En Mendoza el PO fue pluri-clasista y en Tucumán no? El análisis objetivo es sacrificado en el altar del faccionalismo.

Como frutilla del postre, Altamira crítica la conferencia del PO de la Capital por votar de modo masivo y contundente en un plenario de delegados como candidato a jefe de gobierno a Gabriel Solano y no a Marcelo Ramal (el resultado fue 94.25% a 5.75%). En otro acto de faccionalismo, Altamira presenta esa decisión como un acto de proscripción, dejando entrever que existen candidatos naturales o derechos adquiridos. Ahora no sabemos si Altamira boicoteará la campaña de Solano como lo hizo con el lanzamiento de candidatura de Romina del Plá, ignorándola en todo el primer tramo de su campaña. Estamos, de todas maneras, ante un salto: pasa de la omisión de los candidatos al cuestionamiento directo. No sabemos qué rol juega Altamira: si apoya al Frente de Izquierda o si espera que un fracaso electoral consolide su posición de oposición dentro del Partido Obrero o fuera de él, relegado al triste papel que cumplen en el mundo tantas sectas trotskistas. Altamira no ha puesto ninguna de sus críticas al servicio de ninguna campaña en tiempo real, se dedica a los balances.

Nuestros críticos han elegido su lugar. El Partido Obrero tiene el suyo: la pelea por la independencia de clase y el desarrollo de la clase obrera y la izquierda como alternativa.

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