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13 de junio de 2019

Jujuy: la reelección de un gobierno a la defensiva

El radical Gerardo Morales ha logrado ser reelecto gobernador de la Provincia de Jujuy con un 43% de los votos, en una elección en la que sin embargo retrocedió 15 puntos respecto de 2015 -cuando derrotó al peronista Fellner.

Morales se impuso así sobre un peronismo en crisis y fragmentado en cuatro listas, pero que logró capitalizar en gran medida la caída del gobernador, siendo que la sumatoria de sus votos supera lo obtenido por el radical. Quien mejor se ubicó en este escenario es Julio Ferreyra -un ignoto candidato promocionado el por empresario Rivarola, del ala más colaboracionista con Morales- cosechando un 32%. Fue seguido por la boleta del senador Guillermo Snopek, con un 11%, mientras que los sectores más identificados con el kirchnerismo obtuvieron los magros resultados de 2,5% Unidad Ciudadana y un 0,8% el Frente Patriótico. El gobierno radical queda en peores condiciones dentro de la Legislatura para el próximo período.

Tendencias

La votación del domingo es una confirmación contradictoria de las tendencias que se vienen reflejando en los turnos electorales anticipados en distintos distritos. Por un lado, siguen triunfando los oficialismos locales, que aparecen como garantes de las “economías regionales”-es decir de los capitalistas y oligarcas que concentran las riquezas de las provincias- agitando la extorsión de que una derrota suya en los comicios redundaría en una desconfianza de los empresarios y un mayor impacto de la recesión en la región. Por otro lado, al mismo tiempo se confirma el descontento popular con el gobierno de Macri, que ha hundido a Cambiemos en todos los turnos provinciales, lo que es mayormente aprovechado por el PJ.

Es atendiendo a esa realidad que Morales buscó despegarse del gobierno nacional en la campaña, y de hecho es el motivo por el cual había adelantado las elecciones para separarlas de la disputa presidencial. Tanto intentó desmarcarse del rumbo ajustador de Macri (que él mismo implementa en Jujuy, de la mano de una feroz represión a los luchadores) que ensayó un viraje en las últimas semanas anunciando el pase a planta de trabajadores estatales, la titularización de docentes, una línea de crédito para pymes, la vuelta de los descuentos del 50% en supermercados. Todas medidas de difícil concreción en un cuadro de creciente déficit fiscal, cuyo cumplimiento los trabajadores debemos garantizar.

El Frente de Izquierda

El FIT cosechó un 3,15% en la categoría de gobernador y casi 4% a diputados. De no ser por el piso proscriptivo del 5% del padrón para ingresar legisladores, hubiese sumado dos bancas nuevas. Es también una tendencia que se había expresado en las otras provincias, mostrando la dura batalla que tiene por delante contra una polarización política entre alternativas patronales que se afianza, en especial al calor de los realineamientos de las horas finales de inscripción de las alianzas en la que la fallida tercera vía se desmiembra ante la presión cruzada del macrismo y los Fernández.

Pero el resultado del Frente de Izquierda debe cotejarse en función del retroceso respecto de la elección anterior, en la que había dado la nota orillando un 16% de los votos. El FIT logró en aquella oportunidad captar el electorado de un peronismo en crisis, gracias a lo cual conquistó una bancada de 4 legisladores y concejales en San Salvador, Libertador San Martín y Palapalá.

En el retroceso actual debe valorarse particularmente que un sector del movimiento obrero que había apoyado al FIT jugó ahora en favor de las fracciones del PJ. Es el caso del sindicato azucarero de Ledesma, que fue la clave para el triunfo de la izquierda en Libertador General San Martín en 2017. Lo mismo vale para la corriente del Perro Santillán que conduce el sindicato de municipales en la capital jujeña.

A su vez, debe tenerse en cuenta el cuadro que atraviesan los trabajadores de la provincia norteña. El cierre de fábricas como Fundidora Aguilar a comienzos de este año, la venta del Ingenio La Esperanza con la incertidumbre en que se encuentran sus 600 trabajadores, el conflicto en conciliación obligatoria de los mineros de El Aguilar por la falta de inversión en materia de seguridad. Son ejemplos de una clase obrera que sufre los embates de la ofensiva capitalista y que, aun librando grandes luchas (municipales de Ledesma), enfrenta la situación en un cuadro de atomización. El lugar político del FIT no puede abstraerse del contexto que viven los trabajadores.

Perspectivas

En ese sentido es que la campaña del Partido Obrero y el Frente de Izquierda deben partir de la comprensión que la clase obrera tiene de la situación, para formular un planteo de salida. El PO sostuvo la necesidad de plantar una alternativa de los trabajadores, para que la crisis la paguen los capitalistas. Ello, a diferencia del abordaje del PTS de tratar de innovar con slogans de campaña repitiendo que hay que “dar vuelta la historia”. No se trata de discursos ideológicos, sino de patentizar ante la clase obrera la oposición entre sus reclamos y necesidades con las de los candidatos patronales. A ello viene el planteo de que la disyuntiva es “el FIT o el FMI”. En el último tramo el PTS giró la campaña aproximándose a nuestras consignas.

El Partido Obrero sale de este turno electoral habiendo fortalecido su fuerza militante en San Salvador y en Libertador, y habiendo constituido nuevos reagrupamientos en Palpalá y San Pedro. La campaña nacional del Frente de Izquierda presenta la posibilidad de seguir avanzando en el acercamiento de nuevos compañeros a la lucha por separar a los luchadores de las variantes patronales. En pos de ese objetivo, se aprecia el planteo de convocar a un congreso del Frente de Izquierda para reforzar a la militancia y al activismo hacia el desafío que tenemos por delante.

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