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14 de junio de 2019

La medicina “low cost”, un nuevo negocio de las prepagas a costa de la salud de los trabajadores

Las empresas atenderán lo que cada familia pueda pagar

Como consecuencia de la crisis económica y el incremento de las cuotas de la medicina prepaga que alcanzaron a mayo el 53% interanual, en el curso del 2018 más de 200 mil personas debieron darse de baja de esas empresas privadas prestadoras de servicios de salud y se estima que otras tantas tendrán que abandonarlas durante este año, según indica un informe de la Consultora especializada Claves publicado por Clarín (11/4).

La respuesta del gobierno y de las empresas prestadoras consiste en que, ante todo, hay que mantener el negocio, ya que los 400 mil afiliados que pueden llegar a perder, suponen algo más del 5% del total de adherentes.

Para esto, ahora, según una Disposición de la Superintendencia de Servicios de Salud, publicada ayer en el Boletín Oficial, están autorizadas a ofrecer una cobertura de salud limitada a los servicios que cada uno pueda pagar, liquidando así la obligación de prestar del Plan Médico Obligatorio (PMO),  que contiene el conjunto de prestaciones médicas mínimas a las que tiene derecho todo beneficiario de la seguridad social (y todo asociado de la medicina prepaga) y que cubren un abanico importante de las áreas de atención de la salud.

Según se informó, están trabajando en los “planes”, aunque algunos ya fueron presentados por Swiss Medical, la promotora de este nuevo sistema y que consisten, por ejemplo, en ofrecer atención médica ambulatoria sin cirugías o cobertura de cirugías sin la atención de los problemas de baja complejidad (Página 12, 14/6).

Canal de atención

Las empresas prepagas se han convertido en un canal de atención de la salud para una franja importante de la población. Por la vía directa o indirecta de la derivación de aportes, esas empresas tienen hoy 7,6 millones de afiliados, un porcentaje grande de los cuales son trabajadores en relación de dependencia.

Es decir que la pérdida de la prepaga –aún con las limitaciones propias en la atención de estas por su carácter de empresa capitalista- supone un cambio en la atención de la salud de esas familias, que recurrieron a ellas en el cuadro de deterioro de las posibilidades de atención en los hospitales públicos por los recortes presupuestarios y las carencias de muchas obras sociales, vaciadas durante décadas por la burocracia sindical.

Según dijeron directivos de las empresas, los que se han retirado obligadamente son, en su mayoría, aquellos que, al no estar en relación de dependencia, deben afrontar la totalidad del costo de las cuotas. Entre ellos están ahora las decenas de miles de obreros y empleados que derivaban sus aportes y han perdido su trabajo por los despidos y cierres de empresa y no pueden pagar los altos costos de las prepagas.

Pero también han sido golpeados los que mantienen sus empleos. Es que las cuotas de las prepagas subieron un 156% en el curso de los últimos tres años, mientras que los salarios tuvieron aumentos promedio del 123%, según los datos del Indec sobre los trabajadores registrados, es decir sin tomar en cuenta los que trabajan en negro (un 35% del total) que habitualmente reciben incrementos menores a los que están bajo convenio. Así, deben pagar un porcentaje creciente de la prepaga.

El nacimiento del PMO

En 1996 se estableció el Programa Médico Obligatorio (PMO), que contiene el conjunto de prestaciones médicas mínimas a las que tiene derecho todo beneficiario de la seguridad social (y todo asociado de la medicina prepaga). Es decir que constituye el conjunto de prestaciones médicas obligatorias que, como piso mínimo, deben brindar las empresas de medicina prepaga y que cubren un abanico importante de las áreas de atención de la salud.

Ahora, el gobierno, por medio de una disposición de la autoridad de control de las prepagas, las autorizó a realizar contratos de prestaciones de menor cobertura, inaugurando la medicina “low cost”, consistentes en microcoberturas y “abriendo una nueva línea de negocios que, aseguran, “mejorará la rentabilidad del sector” (Infobae, 12/4). La prioridad, claro, es el negocio capitalista.

Con los despidos y cierres de empresas y los convenios a la baja, una cantidad mayor de familias trabajadoras va a verse afectada por la pérdida de estas coberturas.

La pelea por la salud es parte de la lucha que tienen por delante los trabajadores para enfrentar el ajuste y la pauperización creciente. La encerrona de llevar a una gran cantidad de trabajadores a la atención privada de la salud debe ser combatida con el programa de mayor presupuesto para la salud pública y por recuperar los sindicatos de la burocracia.

La salida de fondo consiste en tener un plan único estatal de atención de la salud, controlado por los trabajadores y usuarios. Para esto es necesario que el Estado no sea de los patrones sino de los trabajadores.

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