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14 de junio de 2019

Brutal caída en el consumo de leche, una muestra de la miseria

La contracara es la bonanza de las patronales lácteas

En el primer trimestre de este año se consumió en la Argentina un 13,2% menos de leche fluida que un año atrás, y un 21,1% menos que en los mismos meses de 2016. Esto, como resultado de la crisis económica que provocó un brutal deterioro en el ingreso de los sectores populares y por el salto en el precio del producto que alcanzó al 31,2% solo en los primeros cinco meses del 2019 y un 81% en la comparación interanual.

Según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) el consumo de los primeros meses de este año promedió los 183 litros por persona y fue el más bajo que se registra desde 1991, con la excepción del año 2003, en medio de la crisis. Apenas hace cuatro años, en el 2015, el consumo per cápita alcanzaba a los 217 litros.

El derrumbe en el consumo de los productos lácteos, que fue generalizado y es muy demostrativo del crecimiento de la pobreza por estar entre los de primera necesidad y que golpea especialmente a los bebés y los niños, superó el 21% anual en yogures, al 18,5% en manteca y al 11% en quesos, mientras que los postres lácteos y flanes se consumieron 30,9% menos (Clarín 13/6).

La contrapartida para las patronales es que, según datos oficiales, las exportaciones entre enero y noviembre del año pasado crecieron un 34% en la comparación con los mismos meses del año anterior. Esto fue potenciado por la devaluación del peso que le permitió a las empresas del sector multiplicar sus beneficios con las ventas externas.

La falta de oferta por el crecimiento de las exportaciones “ya empezó a normalizarse. Pero no esperamos que los valores bajen”, dijo un consultor de OCLA porque, adujo, “antes estaban retrasados” y aclaró que ahora el precio incluso “le alcanza al tambo para no estar en crisis”, cuando los empresarios de este segmento eran permanentes críticos de los bajos precios que recibían de las empresas que procesan la leche y producen los lácteos.

Está claro que la crisis no alcanzó a las patronales lácteas como sí golpeó y golpea sobre los sectores obreros y populares.

Esto es importante porque la burocracia kirchnerista del sindicato, Atilra, justificó la entrega de cláusulas claves del convenio y la firma de acuerdos a la baja en “la crisis” de las patronales del sector y para “evitar la pérdida de fuentes de trabajo”. Este convenio aprobado por los burócratas de Atilra, que es un espejo de lo que el gobierno y las patronales pretenden con la reforma laboral y que no evitó la pérdida de miles de puestos de trabajo en el sector, no ha sido anulado, pese a la clara bonanza actual de todos los sectores de la producción láctea.

Los trabajadores siguen con salarios de miseria y soportando un deterioro en las condiciones de trabajo y salariales firmadas por la directiva del sindicato, encabezada por el kirchnerista Héctor Ponce.

Las patronales saben cómo lograr beneficios y acrecentarlos. En este caso, a costa de los sectores populares consumidores y de los obreros y empleados de las pocas plantas que hoy monopolizan el sector lácteo.

La entrega de conquistas solo muestra el entrelazamiento de la burocracia sindical con las patronales y el Estado.

El movimiento obrero debe defender todas sus conquistas con una política de clase. Con la huelga, la ocupación, los piquetes.

Los trabajadores lácteos deben formar parte de la lucha común de todos los trabajadores por liquidar el plan de hambre y miseria del FMI, Macri y los gobernadores. La lucha por volver atrás la quita de sus conquistas debe enmarcarse en la pelea por un paro activo de 36 horas, inicio de una huelga general hasta liquidar el ajuste y abrir el camino hacia una alternativa de los trabajadores.

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