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24 de junio de 2019

La Argentina del FMI: trabajadores pobres, jubilados indigentes

Los últimos datos suministrados por el INDEC sobre la situación social en la Argentina muestran un panorama de retroceso sistemático en las condiciones de vida del pueblo. Con una inflación que supera ampliamente los aumentos de salarios y jubilaciones, cada vez son más los trabajadores y jubilados que son condenados a vivir por debajo de la línea de pobreza y aún de indigencia. 

Según el INDEC, un hogar necesita para no caer en la pobreza un ingreso mínimo de $ 30.337 y de $ 12.086 para no caer en la indigencia. El aumento de ambos índices de referencia estuvo por delante de la inflación general del país. Esto se debe a que la inflación para la población con menos ingresos es superior al resto, por el peso que los alimentos y otros productos básicos tienen en su consumo cotidiano.

Ahora bien, con el último aumento otorgado por la ANSES la jubilación mínima quedó establecida en $ 11.528, es decir, $ 558 por debajo de la llamada línea de indigencia. Peor aún están los que reciben quienes no han logrado jubilarse, pues cobran sólo el 80% del haber mínimo. De este modo tenemos que una parte muy considerable de los jubilados (casi un 40% del total) está no ya bajo la línea de pobreza sino de indigencia. Para tomar dimensión de la situación que enfrentan vale comparar con los índices que elabora la Defensoría de la Tercera Edad, que estableció la canasta del jubilado en un monto superior a los $ 30.000 mensuales. 

La situación de los jubilados no dista de la del resto de los trabajadores. Sucede que en la actualidad el salario mínimo es de $ 12.500, apenas por encima de la línea de indigencia. Pero si incluso en un hogar tiene dos ingresos, lograrían sumar $ 25.000, quedando por debajo de la línea de pobreza fijada por el INDEC en $ 30.337. La referencia del salario mínimo sigue siendo vital para los trabajadores, sobre todo para quienes están en la informalidad. Un estudio recién publicado por la UCA arroja una información que confirma los datos antes señalados: el 49.3% de los trabajadores tiene empleo informal, y cuenta con un salario promedio de $ 10.283. 

A la luz de lo expuesto, queda claro que la principal causa de aumento de la pobreza y de la indigencia es la caída en picada de los salarios y de las jubilaciones. Y que las víctimas directas de ello no son los sectores “excluidos”, como suele llamarlos la centroizquierda, sino los trabajadores activos y pasivos. En síntesis, el aumento de la pobreza y la indigencia es el resultado de la superexplotación de la fuerza de trabajo para incrementar la tasa de beneficio del capital.

Llama la atención, sin embargo, que tanto las cámaras patronales como la totalidad de los bloques políticos patronales, insistan en afirmar que el problema que tiene la Argentina para la creación de empleo sea el alto costo de la fuerza de trabajo. Pero el salario mínimo está por debajo de los 300 dólares, dando lugar a un retroceso histórico incluso si se lo compara con otros países de la región. Mientras el costo de la fuerza de trabajo cae suben los costos de la patronal, sea por las tasas de interés usuarias, las tarifas dolarizadas o simplemente por una tasa de beneficio que es superior a la internacional.

Frente a esta situación los planes sociales de contingencia para contener la crisis han fracasado, al punto que no han impedido el crecimiento de la pobreza y la indigencia. La salida pasa por otro lado: reorganizar la economía en función de los intereses de los trabajadores, para asegurar un salario mínimo igual a la canasta familiar y el 82% móvil para los jubilados. Una salida de este tipo requiere una transformación social integral, que parte de nacionalizar los resortes fundamentales de la economía, empezando por la banca, el comercio exterior y la energía, establecer el control obrero general y repudiar la deuda usuaria. 

Este programa sólo es defendido por el Frente de Izquierda. 
 

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