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10 de julio de 2019

El desfile militar y las aventuras de Aguad y los carapintadas

Por si no alcanzaba con el despliegue de cuatro mil uniformados a pata, caballo y moto, los perros de vigilancia, los pañuelos celestes, la presencia de Cecilia Pando, los tanques de guerra y la exhibición de los últimos chiches policíaco-militares de la Bullrich, el titular de Defensa Oscar Aguad hoy machacó sobre el carácter pro represivo y de impunidad a los genocidas del desfile militar realizado ayer, con la presencia de Macri, miembros de su gabinete y su candidato a vice Pichetto.

Frente a la indignación popular ante la presencia en el desfile del fascineroso Aldo Rico, Aguad sostuvo que el levantamiento carapintada que este encabezó en 1987-1988 contra el gobierno de Raúl Alfonsín fue un “acontecimiento chiquito”, una “historia vieja” a la que “no daría tanta trascendencia”. La minimización de esta avanzada golpista, que llevó a la sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, se inscribe en una larga serie de llamados del partido de gobierno a la impunidad de los genocidas –incluido el reciente llamado de Macri en el Día del Ejército a “dejar atrás el pasado”.

Aguad justificó la presencia de Rico –como lo hiciera el macrismo en 2016- en que era veterano de Malvinas, ocultando nuevamente las denuncias de ex combatientes de su rol como torturador de los soldados durante la guerra (algo que tampoco le impidió ser varias veces candidato del PJ bonaerense y partícipe de las internas del Frente Para la Victoria en San Miguel). En línea con la política de “reconciliación” del gobierno, la causa que se sigue a 18 ex militares por estos vejámenes –ratificados por el fiscal general Javier De Luca como crímenes de lesa humanidad- acaba de sufrir una nueva dilación, con la suspensión de las indagatorias que debían realizarse entre el 27 de junio y el 3 de julio. Al gobierno le importan tan poco los caídos y los sobrevivientes (que volvieron a señalar ayer la falta de asistencia médica y el freno al otorgamiento de pensiones) como la potestad argentina sobre Malvinas, como muestra el curso de sus negociaciones con el Reino Unido.

El macrismo machaca sobre la política de reinstalación de militares en tareas de represión interna, un objetivo que ya inspirara el nombramiento de César Milani por parte de CFK y que diera un nuevo salto con el decreto 683 de Macri, que habilitaba el despliegue de uniformados en las calles. Ayer, Aguad había anunciado a Infobae que, de ser reelecto Macri, estaba en carpeta una “estrategia de reformulación de las Fuerzas Armadas” 2020-2024 que contemplaría el “reequipamiento militar, ciberdefensa, resguardo del Atlántico Sur, refuerzo de la Frontera Norte y adaptación a las nuevas amenazas al territorio nacional” y va acompañada de un plan de colaboración con el gobierno fascistoide de Jair Bolsonaro.

El gobierno procuró con el desfile amedrentar a la población trabajadora, que repudia las políticas de hambre del FMI y mostró su potencial en ocasión de las grandes marchas contra la reforma previsional, y hacer jugar el reforzamiento represivo en clave electoral, mostrándose como un factor de “orden” frente a la movilización popular contra el ajuste que se busca profundizar tras las elecciones. Así, cebado por la pompa castrense, Aguad salió a pedir olvidos para los carapintadas y echar loas a las Fuerzas Armadas.

La diversión le duró poco: el repudio popular lo obligó horas después a desdecirse y pronunciarse contra el levantamiento del 87, mostrando (como ocurriera con el desconocimiento de varios funcionarios a los pedidos de Carrió de indultar genocidas) las dificultades de una agitación bolsonarista en un país con décadas de movilización por el juicio y castigo a los genocidas, donde un millón de personas se plantó contra el 2x1 a los genocidas y centenares de miles reclamaron por Santiago Maldonado.

Estas reservas populares de lucha son las bases para estructurar una salida independiente, por el juicio y castigo a los genocidas y la derrota de la avanzada represiva y el régimen del FMI.

 

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