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21 de marzo de 2007 | #984

Chávez, Kirchner, el 'Club de París' y Petrobras

Por J. A.
Definitivamente teníamos razón, en la edición anterior de Prensa Obrera, cuando dijimos que la ‘manija’ para que Chávez viniera a Buenos Aires, en confrontación con Bush, tenía que ver con la impasse con el Club de París, al que Argentina debe seis mil millones de dólares. Bush ‘me olvida y Hugo me ayuda’, se explicó días más tarde, penosamente, Kirchner (Clarín , 15/3).
 
En efecto, apenas 72 horas después que Alberto Fernández asegurara que la negociación con el Club de París iba fenómeno, los voceros de la banca dejaron en claro que ofrecían dos opciones: o volver al FMI, para renegociar la deuda, o pagar al contado. Como ocurre en estos casos, a la burguesía nacional de la Rosada se le hinchó la vena del patriotismo. Las ‘ofertas’ de De Vido no convencieron a los usureros: el tren bala a Mar del Plata, el tren a Rosario, licitaciones mineras.
 
Obviamente, no ocurrirá ni una cosa ni la otra, aunque, en cierto modo, las dos juntas. Kirchner tendrá que ceder en controles de precios; en interferencias en negocios privados; en la manipulación del Indec; en un principio de negociación (aunque no sea pública) con los acreedores que quedaron al margen de la refinanciación de la deuda pública. Esto quiere decir que las novedades se conocerán a cuentagotas durante el año y que los países del Club no aceptarán los términos que quería Kirchner —pagar en diez años con tres de gracia y un 5-6% de interés.
 
En este entrevero terminó involucrado Brasil —por supuesto que del lado contrario de la ventanilla. El gobierno vetó la venta de Transener, por parte de Petrobras, a Eton Park, un fondo de inversiones norteamericano ligado a la brasileña. Kirchner metió en su lugar a una empresa ‘amiga’, Electroingeniería, sin importarle que esta tenga negocios eléctricos que colisionan, desde el punto de vista legal, con una inversión en Transener. El gobierno alegó que Eton no tiene conocimientos de ingeniería eléctrica y que su inversión era de corto plazo, sin decir que la inversión del grupo Dolphin, el otro dueño de Transener, tiene las mismas características y maneja fondos norteamericanos, pero es ‘amigo’ del gobierno. Como represalia a esto, Petrobras ha salido a reclamar aumentos en el precio de la nafta y de la energía, lo mismo que pide el Club de París... e incluso los ‘amigos’ de Kirchner que han invertido en el rubro. Petrobras (y Lula) se cobran, además, de este modo, las jugadas que les hizo Kirchner en el negocio de compra de gas a Bolivia. Con referencia a esto, tampoco está claro que el acuerdo con Evo Morales esté en la buena vía: por un lado, los contratos petroleros no han sido aprobados en La Paz; por otro lado, la causa penal por la facturas ‘truchas’ de la sueca Skanska, encargada del gasoducto, amenaza con arruinar todo el negocio.
 
Conclusión: el acto de Ferro organizado por Kirchner para Chávez pretendió hacer frente a contradicciones capitalistas que estaría más allá de sus posibilidades.

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