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26 de julio de 2019

“Ajuste con apoyo popular”, el atractivo de Cristina y Alberto

Sobre las declaraciones del economista Guillermo Calvo

Todos los diarios argentinos han dedicado alguna página a reproducir la entrevista que el académico de la Universidad de Columbia, Guillermo Calvo,  brindó a Diario Financiero de Chile. Ajustador ortodoxo, hizo fuertes cuestionamientos al gobierno de Macri y resaltó que un triunfo de los Fernández podría ser positivo, porque tendría mayor credibilidad para “hacer cosas políticamente muy impopulares”.

Calvo captó la atención de todos al asegurar que “de repente Cristina es lo mejor que le pude pasar al país, curiosamente. Porque va a aplicar el ajuste con apoyo popular, culpando al gobernante previo”. Al economista le preocupa en primer lugar “la credibilidad”, y considera que el gobierno de Macri no tiene condiciones para implementar el ajuste, porque “está muy quemado”.

El hombre es un académico capitalista, que fue tentado por Menem primero y Duhalde después para hacerse cargo del Ministerio de Hacienda. No se trata de un antimacrista, sino de un vocero del sector de la burguesía que ve con reservas la capacidad de un reelecto Macri para arremeter contra los trabajadores con el programa que reclaman las cámaras patronales y el Fondo Monetario. El fantasma de diciembre de 2017, como se ve, sobrevuela los debates políticos de economistas y empresarios.

Bomba de tiempo

En la falta de credibilidad en el macrismo, según Calvo, pesa además la desconfianza en el esquema económico. Ello porque para llegar a las elecciones está planchando el dólar con una tasa de interés que “si el sistema no revienta, es altísima en dólares. Es una solución de corto plazo, lo que lleva al inversionista a pensar que, como esto no puede durar, no le puede creer al gobierno”.

Son varios los que encienden las alarmas ante la bomba de tiempo en que se convirtió la economía argentina. Sin ir más lejos, la agencia Blooomberg acaba de calificarla como la más vulnerable del mundo. La bola de nieve de las Leliqs, casi equivalente a toda la base monetaria, despierta interrogantes, motivo por el cual este mes no se han podido renovar todos los vencimientos, lo que significa que hubo especuladores que prefirieron cobrar y llevarse el dinero antes que seguir apostando a una burbuja que en cualquier momento puede explotar.

Todos confiesan que si no asistimos a una corrida cambiaria es porque el gobierno emprendió un gigantesco endeudamiento a corto plazo, con tasas de interés al 60%, además de una enérgica venta de divisas y de dólares futuros. Todo eso sigue haciendo caer las reservas del BCRA, que a comienzos de julio “mostraba un patrimonio neto de US$ 12.100 millones, habiéndose reducido en US$ 3.900 millones en las últimas doce semanas” (BAE Negocios, 21/7). Ante este panorama, un informe de la consultora inglesa Capital Economics no descarta que sea el propio FMI el que pida una reestructuración de la deuda (El Cronista, 26/7).

Con todo esto, el fin de mandato de Macri plantea una paradoja interesante. Después de tanta perorata acerca de la apertura al mundo, lleva más de un año fuera del mercado voluntario de crédito porque nadie presta a una tasa de interés sideral como la que necesitaría Argentina para acceder a un préstamo internacional (superior al 11%), que es el motivo por el cual terminó pidiendo el salvataje al Fondo. A su vez, tras tanto criticar el “intervencionismo estatal”, la intervención del BCRA para intentar congelar el tipo de cambio se convirtió en el pilar de toda la política económica. Estamos ante un rotundo fracaso en todos los objetivos que se trazó este gobierno.

Los Fernández y la ofensiva patronal

Con todo, en el por qué un economista del gran capital como Calvo llega a considerar a Cristina como una mejor alternativa que el macrismo, los Fernández tienen un mérito propio. Primero, brindando garantías sobre el pago de la deuda. Al poco de ser nominado, Alberto Fernández “manifestó que, bajo su eventual mandato, no habría una ‘quita’ pero sí, tal vez, de un ‘mecanismo de espera’” (iprofesional.com, 22/5). Luego, salió al cruce de la política de sostener estable al dólar a base de vender divisas, reclamando una nueva devaluación en regla. Finalmente, eligió como aspecto central de su crítica al gobierno el déficit financiero que dejará Macri a fin de año, anticipando que se valdrán del argumento de la “pesada herencia” para ajustar. Calvo no saca sus ideas de la nada, toma nota de que no hay “grieta” entre los dos bloques que polarizan la elección, en lo que hace a la defensa de la agenda del capital.

El otro aspecto que el académico rescata, sobre la “credibilidad” y el “apoyo popular” para pilotear el ajuste, también muestra que habla con conocimiento de causa. Alberto ofrenda a la clase capitalista una capacidad mayor de contener el descontento popular. Ese fue el objetivo de la foto con una mayoría de la conducción de la CGT, la misma que pactó la reforma laboral, firmó las paritarias a la baja y le dio la espalda a los aguerridos conflictos que se sucedieron contra los despidos y vaciamientos empresariales.

El temor a una reacción general del movimiento obrero, de todas maneras, no se disipa con la contención de la burocracia, como expresa hoy la rebelión de los estatales de Chubut, la huelga docente de Salta, el acampe de Tecnomyl en Tierra del Fuego, las ocupaciones de fábrica como Molinos Minetti, la papelea Ansabo, Mielcitas, la PIAP en Neuquén. Para desarrollar esas reservas de lucha del movimiento obrero contra la ofensiva capitalista, es fundamental la pelea por separar a los trabajadores de las variantes patronales.

 

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