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14 de agosto de 2019

El impacto social de la corrida contra los bolsillos de los trabajadores

Avanza la catástrofe mientras Macri y Alberto mantienen el “diálogo abierto”

Los capitalistas no tienen la “paciencia” de la CGT, que declaró por medio de sus máximos dirigentes que no iba a hacer nada frente al golpe en los bolsillos de los trabajadores que supone la devaluación del peso y el correlativo e inmediato aumento en los precios de todos los productos de consumo.

Los capitalistas, apenas aumenta el dólar, trasladan a los precios de sus productos el porcentaje de la devaluación. Así, apenas horas después de iniciado el golpe de mercado que llevó el dólar a los $63 de hoy, se produjo una catarata de aumentos de precios que oscilan entre un 15 y un 40 por ciento, que van a sumarse al más de 60% que se incrementó la canasta alimentaria en el curso del último año destrozando el ya golpeado nivel de vida de los trabajadores y los demás sectores populares.

Sincerando las consecuencias de la devaluación sobre los precios, “el dueño de Maxiconsumo, Víctor Fera, sostuvo que los productos por lo general suben un 5% menos que el dólar”, es decir que adelanta que –con el actual nivel devaluatorio del 36%- el aumento en los precios ya superaría el 30 por ciento.

Como parte de este proceso que se orienta a una inflación desbocada impulsada, además, por tasas del 75% anual, distintos sectores patronales como, entre otros, los productores de harina y aceite -dos artículos esenciales en la dieta de los sectores populares-, directamente están paralizando las entregas hasta que definan los precios a los que volverán a vender.

Así, puede llegar a haber un pronto desabastecimiento de pan o que salte a precios exorbitantes, al igual que las pastas. Los productores de harina especulan y extorsionan con la alternativa de vender el producto en el mercado externo o subir los precios al mismo ritmo de la devaluación.

“En el sector de la construcción no hay precio. Cerámica Rosario no entrega mercadería, tampoco las fábricas de pintura, perfiles ni placas de yeso. Y los que venden subieron los precios un 30 por ciento, como es el caso de Acindar. Y desde General Motors comunicaron a su red de concesionarios aumentos del 23% en promedio en sus vehículos (Pag12, 14/8).

Otro golpe al bolsillo popular vendrá de la virtual liquidación de los programas Precios Cuidados y, especialmente, el de Precios Esenciales. “Todas las firmas consultadas aseguraron que para que el programa siga teniendo sustento hasta fin de año, los valores deberán ajustarse” (Infobae, 13/8). Es decir que se termina el acotado y promocionado programa que mantenía los precios con aumentos limitados o congelados.

El desbarranque expande sus consecuencias. Así, “la cadena de pagos está suspendida” (Pag12, 14/8), en “el momento más complicado para el sector de supermercados en los últimos años, cuando las ventas en volumen bajaron entre 8% y 10% con respecto a julio del año pasado, que fue un mes malo” (Infobae, 13/4), en una muestra de la caída en el consumo popular, que ahora se profundizará.

Avalando este cuadro de derrumbe, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica dijo que el mismo “va a tener impacto a nivel de actividad, no tanto en agosto, pero sí en septiembre”.

En este cuadro, y reiterando su posición ya manifestada hace unos días, Alberto Fernández dio el apoyo a la devaluación que estuvo en el origen de este desastre antiobrero cuando, luego de la “charla” de hoy con Macri, declaró que “el dólar no tenía el precio que tenía que tener”.

Las aspirinas que anunció el gobierno con los bonos por única vez para un sector de trabajadores –no alcanzan siquiera a los que trabajan en negro ni a los jubilados-, no llegan a producir siquiera un alivio en los bolsillos de la familia trabajadora. 

Estamos ante un verdadero desastre social que debe ser enfrentado por los trabajadores y los demás sectores populares. La traición de la CGT muestra el extremo de su carácter antiobrero y bloqueador de toda lucha obrera.

El sindicalismo combativo debe tomar en sus manos la respuesta a este ataque brutal a las condiciones de vida de la población trabajadora.

Hay que preparar una gran movilización para ganar las calles, impulsar plenarios de base en todos los sindicatos que organicen un paro activo de 36 horas, como inicio de una huelga general hasta liquidar el ajustazo antipopular.

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