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15 de agosto de 2019 | #1560

El “lunes negro”, una extorsión contra los trabajadores

El “lunes negro”, una extorsión contra los trabajadores

La dinámica de los capitales es clara, estamos ante una estampida

El golpe de mercado que se vivió en el país los días siguientes a las Paso constituye un chantaje del gran capital para condicionar el proceso político abierto con el derrumbe del macrismo. Las fugas de capitales y las corridas bursátiles son los métodos del capital financiero y el imperialismo para imponer una transición en sus propios términos, ajustando el torniquete sobre la economía nacional para garantizar sus condiciones.

“Se fue todo a la mierda”

El peso argentino se devaluó alrededor de un 40%, a pesar de la venta de reservas del Banco Central y de una nueva suba de tasas de interés hasta el 75%. La cotización de las acciones en la Bolsa local se desplomó un 48% en dólares, según la agencia Bloomberg, en lo que constituye la segunda caída más fuerte desde que comenzara su registro en 1950 sobre 94 bolsas de valores en todo el mundo. Las acciones de empresas argentinas en Wall Street cayeron hasta un 59%. 

La dinámica de los capitales es clara, estamos ante una estampida. Los especuladores se desprenden de sus bonos y letras en pesos, cuyos precios también se derrumbaron hasta un 32%. Incluso los inversores se deshacen de sus activos en compañías locales. A pesar de la decisión del gobierno de subir la tasa de interés de las Leliqs hasta un sideral 75%, la mayoría de los bancos rechazó ayer renovar sus vencimientos, lo que llevó al BCRA a poner en circulación casi 160.000 millones de pesos y dio por tierra los esfuerzos de Guido Sandleris por cumplir con la meta de no emisión que impuso el FMI. Se abre el camino hacia una hiperinflación.

A su vez, los problemas se retroalimentan como una bola de nieve. Esto, porque la devaluación llevó automáticamente la deuda pública por encima del 100% del PBI, ya que el 80% está nominada en dólares. Crece así la posibilidad de que el país caiga en una cesación de pagos. Por ese motivo, los seguros contra default se duplicaron y el rendimiento de los bonos a corto plazo casi quintuplica a los de tramo largo. Con un riesgo país rozando los 2.000 puntos, el gobierno sólo logró emitir Letes por un monto menor a la mitad de los 905 millones de dólares, que vencen esta semana; una muy mala señal, siendo que de aquí a diciembre vencen ni más ni menos que 21.000 millones de dólares en Letras del Tesoro.

Todo esto dejó a la economía en estado de shock. Las grandes empresas de productos de consumo masivo frenaron las entregas, a la espera de remarcar los precios. Otras firmas entregaron mercadería con aumentos de hasta el 20%. Un ejecutivo de Refinería de Maíz (que produce los caldos Knorr, mayonesa Hellmann’s o los puré Sica), consultado por Página/12, aseguró que “se fue todo a la mierda” (13/8). Las concesionarias de autos directamente no realizaron operaciones.

Extorsión y estafa

El derrotado Macri hizo de su conferencia de prensa del lunes una extorsión monumental. Afirmó que este shock del mercado se debió a que el kirchnerismo “no tiene credibilidad en el mundo” y que la fuerte devaluación “es una muestra de lo que va a pasar”, adelantando una estrategia electoral que consistirá en utilizar la corrida para generar un efecto pánico ante un triunfo de los Fernández.

Al día siguiente de este aval al chantaje del gran capital y el imperialismo, pidió disculpas y anunció un paquete de medidas económicas que constituye una estafa ante la magnitud de la confiscación que representa este golpe de mercado. Los 2.000 pesos que recibirían por única vez los trabajadores a duras penas alcanzan para una compra de supermercado. El bono para los estatales repite el monto otorgado a fin de año, pero habiendo perdido casi un tercio de su valor. El único propósito de estos anuncios es “cuidar la gobernabilidad”, es decir evitar una reacción popular. Pocas horas después que Macri comunicara su paquete el peso se devaluaba casi un 20% más.

Todos unidos pagaremos

Más sugestivo es el planteo con el que Alberto Fernández salió al cruce. “Lo más peligroso es dilapidar las reservas (del Banco Central) para sostener artificialmente al dólar”. Concreto, se definió así partidario de dar rienda suelta a la devaluación todo lo que sea necesario. Es una línea que ya había anticipado en la campaña, con el pretexto de que una moneda más competitiva implica mejores condiciones para exportar. La depreciación del peso de más del 150% en el último año, mientras se hundía la economía, desmiente ese planteo. La guerra comercial y monetaria neutraliza además sus efectos, tanto por la salida de capitales hacia los países centrales como por la caída de los precios de las materias primas (el del petróleo cayó 20% los últimos meses). Mientras tanto, Brasil, el principal mercado de productos argentinos, entró en recesión. Por otro lado, una devaluación más brusca agravaría aún más el peso de la deuda; ni hablar del cuadro de las provincias, del cual el quebranto de Chubut es un botón de muestra. 

Para los trabajadores, la devaluación implica una mayor carestía. Se evidencia la falsedad del planteo de Cristina sobre los “buenos capitalistas” que estarían interesados en aumentar los salarios para estimular el consumo. Los capitalistas operan en función de su ganancia y su ganancia la obtienen de la explotación de la fuerza de trabajo. Este es el motivo por el cual CFK enarbola la necesidad de un pacto social que congele los ingresos de los trabajadores, lo cual es, en definitiva, el diferencial que ofrendan los Fernández al capital: “ajuste con apoyo popular”, sintetizó la fórmula un economista del establishment.

El Frente de Todos acusó rápidamente recibo de la extorsión. Matías Kulfas, uno de los economistas de Fernández, salió a repetir que su voluntad es “respetar los compromisos de la deuda externa (…) tenemos voluntad absoluta de pago”. También insistió en despejar temores, rechazando el restablecimiento de un cepo cambiario. El pago de la deuda impagable augura nuevos ataques a los trabajadores y mayor ajuste. Incluso deslizaron que incentivarán que sea el propio Macri quien renegocie los plazos de vencimientos con el Fondo Monetario. Al fin y al cabo, según Kulfas: “Procuramos modificar el acuerdo con el FMI. No porque estemos en desacuerdo con sus objetivos (…) sino porque creemos que por este camino no los vamos a lograr”. 

Por una salida de los trabajadores

Sólo una intervención de los trabajadores puede hacerle frente a esta extorsión que ha lanzado el gran capital sobre la nación. Insistimos en la necesidad de un congreso de bases de las centrales obreras y los sindicatos, para impulsar un paro activo de 36 horas y un plan de lucha contra esta nueva confiscación y por la reapertura de paritarias con aumentos de emergencia, incluyendo jubilaciones y planes sociales. El sindicalismo combativo está llamado a jugar un papel movilizador, contrastando con la farsa de la CGT que se limita a reclamar un bono, pero rechaza explícitamente convocar un paro. La burocracia sindical actúa por cuenta y orden de Alberto Fernández, que declaró: “Voy a ser el primer defensor para que Macri termine su mandato el 10 de diciembre”.

La lucha contra este chantaje echa luz sobre el profundo realismo del programa que levantó el Frente de Izquierda-Unidad, planteando la ruptura con el Fondo, el no pago de la deuda, y la nacionalización de la banca y el comercio exterior, como medidas elementales para concentrar el ahorro nacional en función de un plan de desarrollo dirigido por la clase obrera. Un Congreso del Frente de Izquierda sería una instancia excepcional para fortalecer la militancia por esta salida de los trabajadores para que la crisis la paguen los capitalistas.

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