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7 de octubre de 2019

Una intensa campaña clasista y de recomposición del Partido Obrero en Salta

La campaña que desarrollamos en Salta enfrentó una novedad para nuestra fuerza, porque asistimos a una interna que fue el resultado de que un grupo orientado por Jorge Altamira rompió con nuestro partido y presentó una lista propia en las PASO. Altamira tomó a Salta como un botín de caza en su derrotero faccional contra el Partido Obrero provocando así una división de las fuerzas del partido. 

Frente a esto, estructuramos la campaña en la lucha contra el régimen oligárquico que domina en la provincia y contra el ataque del grupo de Altamira.

Partiendo de esto debemos balancear los resultados.

Nuestra campaña fue de menor a mayor, avanzando en la reorganización del partido. Las actividades fueron creciendo en número, las iniciativas políticas se multiplicaron. Estuvimos en las calles acompañando activamente los paros docentes por Chubut. También participamos en el Encuentro Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados convocado en el SUTNA de Pilar, con nuestra compañera Carmen Venencia destacada dirigente de los docentes autoconvocados.

Fuimos los únicos en tomar el eje de paro mundial por el ambiente. Además de movilizarnos, organizamos en la UNSa un debate en el que intervino Pablo López junto a activistas y organizaciones ambientalistas y donde participaron unos 80 estudiantes. Entre los jóvenes avanzamos en un reagrupamiento de nuestro trabajo en la universidad. 

Llevamos la campaña al interior provincial, a partir de lo cual reconstruimos un núcleo partidario en Mosconi y abrimos nuevos desarrollos como en Joaquín V. González, San Lorenzo y Güemes. En medio de la campaña tomamos iniciativas hacia el próximo encuentro de la mujer. Vanina Biasi, dirigente del PdT, estuvo en la provincia con una importante repercusión y se organizó una numerosa delegación de compañeras de capital e interior para viajar al encuentro. 

Desde nuestras bancas en el parlamento provincial y en el concejo de la capital, y a través de nuestros voceros denunciamos la política de Urtubey respecto a la pobreza (el PAS) y a la parálisis y complicidad de la burocracia sindical por ello marchamos en la jornada nacional del 24. Cabe destacar que en toda esta lucha el grupo de Altamira brilló por ausencia o por escasos esfuerzos. 

Culminamos con un acto con 150 compañeros con la presencia de Néstor Pitrola.

Nuestro eje estuvo siempre en la lucha contra los candidatos del régimen. La delimitación con la lista de Altamira fue por referencia al mejor modo de llevar adelante esta disputa contra los candidatos capitalistas. Opusimos los candidatos del FIT a los candidatos del régimen de la pobreza. En función de esa disputa presentamos un programa de conjunto, una salida obrera para la provincia, formulado en los términos de una propuesta electoral que es a la vez una guía de intervención en la lucha de clases. Destacamos el mérito de nuestros candidatos en su trayectoria inclaudicable en defensa de los trabajadores, en asociación a grandes batallas contra el régimen oligárquico en las que se fue forjando el Partido Obrero en la provincia. La reconstrucción del Partido Obrero ha dado un paso al frente en estas PASO.

La lista “Política Obrera” (Altamira)

La lista de los rupturistas fue derrotada con mucha amplitud. Le sacamos más de 20 puntos en la elección general para la gobernación. En la Capital Cristina Foffani superaba por más de 22 puntos a la lista divisionista para diputado provincial; para intendente Claudio Del Plá le sacaba 31 puntos de ventaja, y para concejales Jorgelina Franco sacaba más del doble.

Pero sus  resultados fueron aún más magros en el interior donde no competían con la lista Unidad para las categorías municipales o parlamentarias. De los 23 departamentos de la provincia ganaron solo en uno (Orán) por 8 puntos, pero allí no pasaron el piso para concejales de la ciudad de Orán perdiendo la única concejalía que teníamos en el interior. En Yrigoyen no pasaron para intendente. En San Martín no pasaron el piso para municipales en ninguna de las tres ciudades que se presentaron. Lo mismo sucedió en Metán y en Rosario de Lerma en la categoría de intendente. El dato no es menor porque en el acto de cierre se proclamaron ganadores por conquistar lugares donde la lista Unidad no estaba.

La responsabilidad de esta derrota obedece a una política y tiene responsables directos.

La campaña de la lista Política Obrera fue dirigida de principio a fin por Altamira (a tal punto que en persona se instaló los últimos cinco días dedicándose a recorrer el norte provincial y cerrar un acto en la capital). Comenzó por la “indicación” de que Violeta Gil debía ser la candidata a gobernadora, al tiempo que lanzaba las acusaciones de “casta parlamentaria”, “atornillamiento en los cargos” y “cooptados del estado” contra Claudio Del Plá y Pablo López, esto cuando ambos fueron candidatos a cargos ejecutivos, es decir, como voceros políticos sin chance alguna de acceder a cargo alguno. El oportunismo  berreta de Altamira no puede ser mayor: un mes antes de que se produjera la ruptura, Claudio, Pablo y Cristina Foffani habían sido electos para encabezar las listas por la unanimidad de la militancia, es decir, con el apoyo incluso del grupo de Altamira. Pero cuando este llegó a Salta en la primera semana de agosto antes de las PASO nacionales dio un golpe y en los medios proclamó a Violeta Gil como “su” candidata. Para completar la perfidia, Altamira proclamó que el eje de la campaña era el principio de respeto a las decisiones de la militancia, las mismas que el desconoce en Salta y en todo el país.

Su digitación de los candidatos pretendía ser una gran vidriera para su política faccional. Mientras que, en un difícil escenario de polarización patronal y contención burocrática y asistencial, la izquierda viene cosechando elecciones modestas en distintas provincias, Altamira siempre ha tenido una respuesta a mano. Ha proclamado que el retroceso electoral de la izquierda responde a que no han querido adoptar las consignas que él promovió en un momento, como “Fuera Macri” o “Asamblea Constituyente”.

No adoptar estas consignas era equivalido por Altamira a una supuesta adaptación al régimen. Y esta supuesta adaptación u oportunismo era la razón de la merma de votos, aunque nunca se explicaba  la conexión entre ambas cosas. Sucede que muchas veces una política más oportunista, si fuera el caso, puede haber redundado en más votos, no menos. Tener el control de una lista local luego de haber protagonizado la ruptura del PO era la gran oportunidad para Altamira y su grupo de mostrar el potencial de las recetas que repite todos los días, podían ser una “salvación” para la izquierda que iría a un derrumbe por no escuchar su orientación.

La campaña de su lista, sin embargo, no tuvo eje en “la Asamblea Constituyente”,  ni “la huelga general”. Altamira dirigió una campaña estrictamente internista, replicando los planteos de “renovación” que el PTS dirigió contra él (y el PO) en la interna del 2015. Le cabe, con el agravante del rupturismo alevoso contra la que fue su organización durante décadas, la pretensión por la que criticamos entonces al PTS de transformar la campaña de la izquierda en un campo de disputas, negándose a impulsar el frente único de los militantes de nuestra clase para intervenir en la situación.

Eligieron los mismos argumentos con los que desde hace tiempo la burguesía local busca descalificar a los dirigentes del Partido Obrero para colocarlos en el fango de la política burguesa, cuando en todas las batallas lo que establecimos es una delimitación estratégica, a la que la burguesía elude como a la peste a la hora de polemizar con nosotros.

Han invocado una supuesta “rebeldía” contra los dirigentes históricos del Partido Obrero en la provincia. Pero la única rebeldía es la que ha desarrollado la inmensa mayoría de la militancia del PO, negándose a acompañar la deriva liquidacionista de su principal fundador. Esto, un caso único en la historia de las organizaciones trotskistas de la posguerra, ha sido la base para restablecer un funcionamiento genuinamente colectivo en nuestro partido. 

La campaña de Política Obrera, al revés de la nuestra, fue decreciendo con actividades pocos numerosas y un cierre de campaña visiblemente menor en concurrencia al nuestro. Es que su carácter sectario, de autoconsumo, puramente negativo, no podía entusiasmar a nadie.

En el colmo del cinismo dijeron que nuestra lista Unidad era la lista del PTS, cuando todas fueron listas del FIT-Unidad en las PASO. Todos los cargos ejecutivos y los dos primeros cargos de la lista Unidad somos militantes del Partido Obrero, el PTS ocupa el tercer lugar en legisladores y la lista se hizo sobre bases principistas, la defensa del programa y el lugar político del FIT como canal de independencia de clase.

La supuesta política “revolucionaria y pura” no ha sido tal. Mostró su fea cara faccional y sin principios.  La “bendición” de Altamira y su orientación en la campaña no han dado lugar a un triunfo de la izquierda sino que han protagonizado un verdadero derrumbe, incluso en los marcos de una elección general limitada. Es evidente que la militancia, el activismo y el electorado de izquierda han rechazado mayoritariamente la política dañina e internista del grupo de Altamira.

A la hora del balance de su derrota, siguen las falsificaciones. Hablan de que las elecciones confirman “nuestra caracterización sobre el desplome del FIT-U a nivel nacional se vio confirmada, así como el fracaso de su adaptación electoralista y al parlamentarismo”, como siempre sin probar nada. Pero no explican el por qué de los resultados abismales que cosechó su lista. No explican porque ahora que pudieron dar su política a una campaña no hay registro de ningún avance positivo. Mienten sobre que habrían recuperado “campaña electoral al servicio de la agitación y propaganda política socialista con planteos de poder para la clase obrera” cuando su campaña fue de la “fuerza nueva” contra los “atornillados”.

Quieren explicar parte de su caída con la mentira infundada y sin pruebas de que Pablo López habría llamado a votar en blanco en las localidades del Norte, en donde solo se presentaban las listas a intendente y concejal de Política Obrera que en su mayoría no lograron pasar las Paso. 

Adjudican a Pablo haberlos dejado fuera de la elección sin poner en la balanza el daño y la desmoralización que provocó su accionar rupturista y la catarata de calumnias del propio Altamira en la campaña. “Pitrola es el único hincha de Boca que no quiere que Macri se vaya”… llegó a decir en Cable Express y sus seguidores lo tuitearon como si fuera una hazaña.

En su discurso de cierra de campaña Altamira uso una muy extensa intervención (que orgullosamente difunde por Facebook y Twitter) para nombrar 20 veces a Pablo López y a mí, obviamente atacándonos, y ni una sola vez mencionó a Alberto Fernández. ¿No es esto acaso una declaración de principios del grupo?

Los desafíos 

Los trabajadores, la militancia del Partido Obrero, pero también los compañeros honestos que siguen todavía a Política Obrera, enfrentamos grandes desafíos en la próxima etapa. Enfrentaremos a un régimen que pretende continuarse en su versión más derechista.

El triunfo de la lista Unidad y las cabezas de lista del Partido Obrero refuerzan estas batallas. En primer lugar para superar el bloqueo de las burocracias sindicales y poner en pie a los trabajadores para enfrentar y derrotar el ajuste capitalista en todas sus manifestaciones. En segundo lugar, para hacer de la campaña electoral un terreno de separación política de los trabajadores de las candidaturas del régimen y seguir instalando nuestro programa para una salida obrera a la crisis. Iremos por el importante objetivo de bancas en diputados y en el concejo de la capital como instrumentos de esta lucha estratégica. 
 

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