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15 de noviembre de 2019

Sobre la polémica en torno al twitt de Solano y la renuncia de Evo

Cuando se difundió la noticia de lo que sucedía en Bolivia el domingo 10, el dirigente del Partido Obrero Gabriel Solano publicó una serie de twitts en los que denuncia el golpe de Estado, al imperialismo y al gobierno de Macri por su colaboración con los fascistas, y llamaba a la movilización popular para derrotarlos.

Pero una extensa polémica, con 4.600 comentarios, se desarrolló en torno al cuestionamiento que hizo Solano sobre la renuncia de Evo Morales a la presidencia en lugar de enfrentar a los golpistas. La definió como una capitulación y comparó el hecho con la retirada sin luchar de Perón en el ’55.

Haciendo caso omiso de los bajos insultos de trolls kirchneristas –y hasta de figuras conocidas como el escritor cercano a CFK, Marcelo Figueras-, pueden encontrarse ciertos denominadores comunes en las respuestas escandalizadas de que fue objeto. En primer lugar, la descontextualización para falsear la posición y presentarlo como un aval a los golpistas, o al menos como una indiferencia –lo cual se desmiente con solo ver su seguidilla de twitts de ese día. En segundo lugar, la consideración de la crítica a Evo como irresponsable, contrastando con una supuesta “responsabilidad histórica” del líder del MAS. Y, por último, la consideración de que el hecho de no haber apoyado a Morales en sus años de gobierno inhabilita la crítica actual. Contrastemos estos cruces con lo que sucedió con el correr de los días.

La cuestión de la responsabilidad fue formulada en los términos que la colocara el propio mandatario destituido, en alusión a la preservación del pueblo boliviano de la violencia. Sin embargo, en una reciente entrevista realizada ya en la Ciudad de México por el diario español El País, él mismo reconoce: “Para evitar muertos y heridos, yo digo que no haya segunda vuelta, sino elecciones y sin Evo candidato, con nuevos miembros del tribunal. Y siguieron agrediendo. Hasta que renuncié, no había muertos de bala. Después, van cuatro o cinco”. Es una confesión de que -contrariamente a la preservación de los trabajadores, los campesinos e indígenas de Bolivia- se los entregó a su suerte frente a la ofensiva fascista de la oligarquía, que cuenta con el apoyo del imperialismo y de las Fuerzas Armadas. En el pasado, en América Latina y en el mundo, esta orientación de no enfrentar los golpes militares o no combatir al fascismo en nombre de evitar derramamientos de sangre llevó a las más terribles matanzas contra los trabajadores y explotados. Negar estos sucesos solo nos lleva es a repetir la historia.

Pero, más importante aún que lo anterior, de todas maneras movilizaciones de masas ganaron la calle, y se enfrentaron a la policía, primero, y a las FFAA, después. Convocaron a organizar bloqueos en todo el país y comités de autodefensa. El pueblo del Altiplano está resistiendo tenazmente el golpe de Estado, en franca oposición a los llamados pacificadores de Evo Morales y su incitación a desmovilizar. Acá radica la cuestión, que deja en off side a los tuiteros que tildan la posición del PO de irresponsable. No se trata de si se expone o no al pueblo, sino de un pueblo que da batalla a pesar de la capitulación de Morales y el MAS. Las Juntas Vecinales, sindicatos, organizaciones juveniles y de mujeres de El Alto y otras ciudades cercanas se han lanzado a la pelea, aún con independencia de su adhesión o no al gobierno derrocado. Esta situación obligó al MAS a tomar nuevas iniciativas para intentar desplazar el centro de gravedad desde la movilización callejera hacia el terreno parlamentario, las instituciones y el diálogo con los golpistas.

Detrás de los insultos cibernéticos, gran parte de estos tuiteros evidencia una mirada discriminatoria del progresismo argentino hacia el pueblo indígena, las cholas y los cholos, como pobres indefensos ante la violencia estatal y paraestatal. Es un error garrafal, y propio de quienes ignoran que las masas que están librando esta batalla contra la oligarquía y el imperialismo, codo a codo con el movimiento obrero, tienen una enorme tradición de lucha, incluidas revoluciones y derrocamiento de gobiernos títeres de los yanquis.

La periodista deportiva Ángela Lerena intentó descalificar esta posición alegando que “si ustedes hubieran tenido visión histórica, hubieran respaldado la unidad antiimperialista latinoamericana como hicieron las izquierdas del continente”, es decir que condena al Partido Obrero por no hacer lo que hizo el PC –partido al que ella pertenece- integrándose al kirchnerismo. Pero los hechos muestran que el PO se ubicó siempre en el campo correcto, en el terreno de la lucha contra el imperialismo y la oligarquía, y lo hizo desde una posición independiente del nacionalismo burgués, que buscó (y busca) la conciliación con estos intereses antagónicos a los del pueblo boliviano y a la posibilidad de un desarrollo independiente.

Frente a la amenaza imperialista, el PO llamó a votar por Evo Morales contra Quiroga en 2005, luego del proceso abierto con la insurrección de octubre de 2003 en el que cayeron primero Sánchez de Losada y luego –el reciente candidato- Carlos Mesa. Un llamado sin apoyar la política y la estrategia del MAS -que buscaba desviar el ascenso revolucionario y canalizarlo institucionalmente- sino con una política y una estrategia realmente antiimperialista, planteando la confiscación de los pulpos de los hidrocarburos y la gestión obrera de la industria. Ahora, se coloca en el campo de la acción organizada del pueblo boliviano para derrotar el golpe y defiende la puesta en pie de comités y milicias; mientras que, condicionado por la rebelión popular, Evo se declama dispuesto a volver para “pacificar” y no ser candidato, es decir a aceptar la proscripción de su candidatura. Pretender eliminar la mirada crítica sobre un proceso de estas características es querer uniformar el pensamiento y desconocer a una corriente de pensamiento y de acción, como el trotskysmo, que fue un actor protagónico en los procesos revolucionarios de las masas del Altiplano, y cuyas posiciones tienen hoy expresión en el propio accionar de la rebelión boliviana.

Párrafo aparte merecen los comentarios que defendieron la rendición sin lucha de Perón en el ’55, que fueron respondidos con un inapelable documento histórico. Se trata de un fragmento del documental de Pino Solanas Perón, actualización política y doctrinaria para la toma del poder, en el que reflexiona sobre su “grave error” 13 años después de su derrocamiento: “yo debí haber decretado una movilización, comenzar por fusilar a todos los generales rebeldes, a todos los jefes y oficiales que estaban en la traición, y dominar esa revolución violentamente como violentamente nos querían arrojar del poder. Ahora sé lo que entonces no sabía, que esa gente llegó para hacer el más grave daño que se le pudo haber hecho al país”. Valga aclarar, de todas formas, que cuando finalmente volvió al poder, en 1973, Perón reprimió con mano de hierro no a la gran burguesía y a quienes lo mantuvieron en el exilio, sino a la juventud y al movimiento obrero combativo, para estrangular el ascenso revolucionario que siguió al Cordobazo, abriendo el camino al golpe genocida.

La durísima lucha que está librando el pueblo boliviano puede derrotar a los golpistas si continúa pasando por encima de los planteos capituladores de Evo Morales y el MAS, procesando una crítica a esa dirección política, en lugar de la defensa obsecuente con la que tantos tuiteros buscaron atacar y descalificar a la izquierda. A eso aspira el Partido Obrero.

 

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