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12 de abril de 2007 | #987

Biocombustibles: Exxon-General Motors-Monsanto

George W. Bush y su mejor socio latinoamericano, Lula da Silva, promueven elaborar combustibles sobre la base de cereales y caña de azúcar, básicamente etanol.

Hace una semana se reunieron en Washington, anudaron una alianza en ese sentido y se supo que ya hay en marcha “proyectos piloto” en la masacrada Haití. Bush y sus socios menores van a países y regiones que consideran indefensos con sus “proyectos piloto”.

Entretanto, los monopolios agrícolas brasileños ya producen etanol con caña de azúcar.

Como siempre en estos casos, el imperialismo y sus mandaderos alquilan intelectuales de la “progresía” para explicar con argumentos “de izquierda” el negocio de sus patrones. En esta ocasión, la argucia es la siguiente: los biocombustibles no contaminan y reducirán el “calentamiento global”.

En ese punto, no podemos menos que hacer nuestra la posición de Fidel Castro. Mientras Lula se encontraba en Washington con Bush, Castro declaró que la elaboración de biocombustibles equivale a la “internacionalización del genocidio” porque, añadió, “se destinarán productos milenariamente dedicados al alimento humano a un desarrollo capitalista de derroche” (Clarín, 5/4).

Castro agregó que se generará “un colosal derroche de cereales que sólo servirá para ahorrarles a los países ricos menos del 15 por ciento del consumo de sus voraces automóviles” (ídem anterior).

Eso no es todo: los desmontes masivos en el mundo para producir la materia prima de los biocombustibles incrementarán hasta extremos por el momento incalculables el avance de los desiertos sobre diversos ecosistemas, provocarán trastornos climáticos catastróficos y, al decir de Castro, condenarán “a muerte prematura por hambre y sed a más de 3 mil millones de personas en el mundo” (ídem anterior).

Con la claridad que da el cinismo, el asesor especial para Asuntos Internacionales del gobierno brasileño, Marco Aurelio García, contestó: “El problema del mundo es la falta de renta, no los alimentos” (ídem anterior). Se trata de una aberración, porque el incremento de la renta nacional debido a una mayor producción agrícola quedará en manos de las oligarquías agrarias y el capital financiero.

Lula también se peleó con Hugo Chávez, quien, tras firmar en 2005 un acuerdo con la brasileña Petrobras para elaborar biocombustibles, ahora se opone a su producción masiva.

Cómo andamos por casa

La Argentina, que a principios del siglo XX fuera considerada “granero del mundo” –proveedora de carnes y granos al imperio inglés–, tiende hoy a transformarse en una enorme estancia dedicada al monocultivo sojero (el país es el primer exportador mundial de aceite de soja).

La soja, según parece, se ha convertido en una planta carnívora: devora gente, expulsa campesinos, concentra cada vez más la tierra en menos manos.

Así, desde 1998, los establecimientos rurales del país disminuyeron su cantidad en un 24,5 por ciento, mientras que, en ese mismo lapso, la extensión de tierras cultivables aumentó un 150 por ciento. La población agraria, en igual período, cayó un 40 por ciento.

Debe tenerse en cuenta, además, que más de la mitad de los trabajadores rurales recibe sus salarios en negro.

Una de las corporaciones más beneficiadas por ese estado de cosas es Grobbo, que creció ominosamente gracias a las prebendas recibidas del gobierno menemista. Su presidente es Gustavo Grobocopatel, de llegada directa a Kirchner y delegado plenipotenciario de todos los negocios y negociados de Julio De Vido en Venezuela.

Bajo la administración kirchnerista, Grobocopatel se enriqueció más aún que con Menem vía arrendamiento de tierras y provisión de insumos a sus propios arrendatarios, según una técnica que él llama “siembra directa”.

La semana pasada Grobocopatel firmó un acuerdo con Chávez para exportar a Venezuela sus “métodos” de explotación agropecuaria. Sin embargo, el asunto está a punto de fracasar porque el presidente venezolano exige que la soja plantada en su país no tenga origen transgénico, por los daños irreparables que causa en las áreas sembradas y por los serios peligros potenciales para quienes la consumen. Grobocopatel retruca que resultará “inviable transferir nuestra tecnología en esas condiciones” (Argenpress, 31/3).

Así funciona la camarilla kirchnerista en su sintonía con Bush y Lula. Una sintonía a veces tirante pero, como ha dicho el “halcón” norteamericano Nicholas Burns, muy armónica “en lo que más nos importa”. El funcionario de Bush habló, en ese sentido, de la invasión a Haití y de la “guerra al terrorismo”. Ahora podrá añadir la “internacionalización del genocidio”, biocombustibles mediante.

Estamos, en esto de los nuevos biocombustibles, ante una gran alianza de los pulpos petroleros, del automóvil y de los químico-genéticos. Exxon-GM-Monsanto. 

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