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11 de enero de 2020

“Precios cuidados” con aumentos de hasta el 85% en cuatro meses

Los productos del programa de “precios cuidados”, puesto en marcha por el gobierno esta semana, “no son necesariamente baratos ni saludables” aunque sí “son los más vendidos”, reconoció sin ruborizarse el diputado del Frente de Todos, y dirigente nacional del JP Evita, Leonardo Grosso en respuesta a las críticas crecientes que está recibiendo la iniciativa oficial que no supone ningún alivio a los bolsillos de los sectores populares, no es nada saludable y casi no incluye a la carne, la verdura y la fruta.

Efectivamente, como reconoce el legislador, los precios no son baratos. Esto porque un importante porcentaje de los productos incluidos en el listado ha sufrido aumentos de precios que van del 25 al 50 por ciento en el curso de los últimos meses, frente a lo cual resulta insignificante una supuesta rebaja promedio del 8% que proclamó el gobierno con bombos y platillos al presentar el “programa”.

Entre los valores de setiembre del año pasado cuando terminó el anterior programa de “precios cuidados” y los del listado actual hay “una veintena de productos cuyos precios suben entre 30% y 50 por ciento” (Clarín,7/1) y da algunos ejemplos: “el aceite es 36% más caro, el arroz sube entre 45 y 50 por ciento, la harina, entre 34% y 35%; el pan rallado escala un 33% y la mermelada un 84 por ciento” (idem).

Así, la aceptación de los precios actuales para colocarlos como “referencia”, supone el reconocimiento de todos los aumentos “preventivos” realizados por las empresas, especialmente a partir de las PASO, ante la previsión de que se iban a reponer los “precios cuidados”.

Según destacaba el diario Ámbito (25/10), en agosto-setiembre pasado, los aumentos de muchos productos alimenticios oscilaron en el 25% y, luego de las elecciones de octubre, dieron otro salto de entre el 8 y el 15 por ciento.

Y en el último trimestre han seguido desbocados, con particular ímpetu en varios de los que ni siquiera están incluidos en el listado como la carne (hay solo espinazo, roast beef y carne picada), que saltó casi al doble de precio en pocos meses, o las verduras y las frutas (hay solo cebolla, papa, lechuga y zapallo y de fruta hay solo manzana) cuyos precios han aumentado hasta el 100 por ciento. Esto muestra la ineficacia consciente del programa oficial.

A tal punto es irrelevante el programa “fijador de precios”, que, como las empresas productoras y los supermercados han armado este “colchón” abultado de precios y las ventas no crecen, en las grandes cadenas las promueven con ofertas diversas que colocan invariablemente los valores de venta de de estos productos “promocionados” -muchos de los cuales están en la lista acordada por gobierno y empresas- por debajo de los que ahora han sido “fijados” oficialmente en el engañoso programa de “precios cuidados”.

Esta es la razón por la cual las grandes cadenas y los productores han llegado tan rápidamente a un acuerdo para “cuidar precios” que, por otra parte, serán incrementados trimestralmente y, en el caso de los “frescos”, todos los meses. El “colchón” es tan grande que el negocio sigue intocado y, por lo que respecta a las intenciones de este gobierno y de los empresarios, intocable.

Para que quede claro cuál es el grado (nulo) de “sensibilidad” de las patronales que, al decir del gobierno, deben “hacer un esfuerzo porque están entre los que más tienen”; desde las grandes cadenas ya aclararon que los productos del listado oficial no serán incorporados entre los que se ofrecen con las promociones directas del supermercado o las realizadas a través de las tarjetas, que suelen oscilar entre el 10 y el 30 por ciento.

El gobierno nac&pop ha suscripto este programa únicamente con los grandes supermercados, lo que no solo impulsa hacia una mayor concentración de las ventas sino que -al menos por ahora- deja de lado a los supermercados y almacenes de barrio donde los precios suelen ser menores a los de las cadenas y es donde se abastecen habitualmente los sectores populares.

Otro argumento esgrimido estos días por los funcionarios oficiales para justificar las características y composición del listado es que el actual no incluye a las marcas “Pindonga”, al decir del ultraoficialista Página/12, sino a las primeras marcas, para que, así, se coloque un “techo” a los precios de los distintos productos. Pero las primeras marcas habitualmente tienen precios que están muy por encima de los de las otras, es decir, que el listado no cumpliría así el más mínimo objetivo, salvo garantizar que las ganancias de Coto, Disco, Jumbo y los grandes productores se mantengan intocables.

Estos argumentos (desplegados por distintos funcionarios como el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; el ministro de Producción, Matías Kulfas, y la secretaria de Comercio Interior, Paula Español) son, además, insostenibles, porque las familias trabajadoras recurren a las segundas y terceras marcas para bajar el costo de las compras y sobre estas no hay ningún “precio cuidado” ni ningún “techo”, ni siquiera de mentirita.

Además, la reiteración de todos ellos de que no se trata de “armar una dieta sana”, de incorporar productos saludables o de “meterse con el régimen de comidas de cada uno”, descubre otra farsa, la que el gobierno montó alrededor del programa “contra el hambre” cuyo caballito de batalla fundamental es la tarjeta alimentaria para las madres, de $4.000 si tienen un hijo y de $6.000 si tienen más, no importa la cantidad que sea. Con estos $133 diarios, que no alcanzan para comprar ni un kilogramo de pan, el gobierno armó un show con la chef Narda Lepes quien se encargaría de organizar un seguimiento de los hogares que los reciben con el objetivo de que madre e hijos “hagan una dieta sana”.

La demagogia oficial hace agua, está jaqueada por el disciplinamiento al FMI y a los buitres. El camino del gobierno es hacia un creciente ajuste de salarios y licuación de jubilaciones de aplicar a fondo lo que reclaman los grandes capitales para cobrar la deuda.

El intento con esta maniobra de supuesto “control de precios” es tratar de hacer pasar las paritarias a la baja y la liquidación de las cláusulas gatillo. Los trabajadores irán haciendo su experiencia. Hay que organizarse para defender las conquistas alcanzadas y pelear por un salario mínimo igual a la canasta básica.

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