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19 de febrero de 2020

Biocombustibles: los trabajadores en la miseria mientras las empresas se pelean por el botín

El gobierno quiere conformar a todos los pulpos.

La disputa por los cortes de naftas y gas oil con biocombustibles parece no tener fin. Actualmente el gobierno nacional mantiene el corte de las naftas, con derivados del azúcar y el maíz, en un 12% y en un 10% el del gas oil, con derivados de la soja.

La disputa está centrada ahora en la porción del negocio que se lleva cada uno de los jugadores. Los ingenios azucareros y los sojeros pretenden un aumento del corte de por lo menos tres puntos más y las petroleras se niegan a ceder esa porción del negocio.

La pelea no termina allí: las empresas productoras de biocombustibles reciben un precio menor al de plaza por sus productos, ya que las petroleras cobran al público el mismo valor que con los derivados del petróleo y lo pagan los biocombustibles entre un 25% y un 50% menos.

El régimen de promoción de los biocombustibles termina en mayo del 2021 y ya se velan las armas. Los empresarios del sector han montado plantas en todo el país con la intención de exportar a Europa una parte importante de su producción, pero estas plantas funcionan hoy a un 50% de su capacidad y la inversión no se amortiza.

Presiones empresarias para lograr concesiones

El problema es que con el dólar “retrasado”, las exportaciones bajan por la competencia de los Estados Unidos y, si se le suman los precios locales congelados por 180 días, el negocio no tiene la rentabilidad pretendida. En las últimas reuniones que mantuvieron con el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, los productores amenazaron con despidos y suspensiones si no se elevan los precios y los cortes de naftas y gas oil.

Los requerimientos de los capitalistas chocan con el congelamiento dispuesto por gobierno y, si se aumenta el corte, las petroleras amenazan con que van a producir menos y a desabastecer y, si se aumenta el precio fijado de los biocombustibles, automáticamente aumentan los precios de los derivados del petróleo. Los intentos de arbitrar de Alberto Fernández chocan con los intereses de los capitalistas locales y regionales, que no son fácilmente conciliables.

La producción de azúcar tiende a concentrarse en menos manos y los grandes consumidores industriales, como la Coca Cola, han optado por comprar ingenios para bajar costos y organizar su producción.

Los trabajadores azucareros y la industria

Varios ingenios fuertemente endeudados fueron golpeados por las altas tasas de interés de la época macrista (y que todavía continúan) y descargaron esa crisis sobre los trabajadores con mayor precarización y salarios deprimidos. La baja de costos ha causado un sinnúmero de accidentes pequeños y otros muy importantes, como el reciente el ingenio La Esperanza donde murieron seis trabajadores y fueron hospitalizados muchos más. La baja de costos se hace a costa de condiciones laborales que pronostican más accidentes.

Así es que los trabajadores industriales y del surco cerraron paritarias el año pasado muy por debajo de los indicies de inflación y sin cláusula gatillo, que dieron como resultado una enorme pérdida para los ingresos de cerca de 40.000 trabajadores de la actividad de todo el NOA.

Los obreros azucareros, que supieron ser protagonistas de grandes luchas en todo el norte del país, se encuentran hoy atomizados y soportando el yugo de las burocracias aliadas a los gobiernos locales.

Se plantea una necesidad cada vez más urgente de un congreso de delegados de base de todos los ingenios del norte argentino para diseñar un plan de lucha por un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar y mejores condiciones laborales con comisiones de seguridad bajo control de los trabajadores. Esto plantea también la necesidad de recuperar los sindicatos, hoy en manos de la burocracia, para ponerlos al servicio de la lucha de los trabajadores azucareros.

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