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21 de febrero de 2020

Recalculando: la “prudencia” de Fernández es para rescatar el ajuste en marcha

Tras el anuncio de futuros tarifazos ponen paños fríos en medio de las negociaciones salariales.

En declaraciones a radio AM 750, Alberto Fernández tuvo que salir rápidamente a contrarrestar los efectos que las declaraciones de su Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, desataron sobre la opinión pública: el regreso de los tarifazos en medio de un recorte a las jubilaciones y el planteo de desindexar los salarios.

El contrapunto entre el Presidente y el jefe de ministros no responde a ningún tipo de fisura en la política oficial, sino más bien a lo poco oportuno de los anuncios en medio del saqueo a los jubilados y de la apertura de las negociaciones paritarias, en las que el gobierno busca intercambiar acuerdos por sumas fijas a cambio del “compromiso” de detener la inflación.

La expresión de Fernández respecto a “que nadie se apure” deja traslucir lo evidente ¿Por qué anunciar hoy algo que se aplicaría dentro de cuatro meses? En tiempos de crisis, y bajo la amenaza de default, los días cuentan cómo semanas.

El absurdo de la desmentida

Es evidente, para quien siga la política del gobierno, que el aumento de las tarifas se vuelve una necesidad imperiosa de Fernández para rescatar a los capitalistas del sector energético, las petroleras, las concesionarias privadas y toda la cadena de empresas parasitarias y multinacionales, que reclaman un aumento en la rentabilidad de sus ganancias y una reactivación productiva en términos capitalistas.

Desde Prensa Obrera, señalamos recientemente que el descongelamiento de las tarifas emerge como el resultado de la política económica emprendida por el gobierno. El estancamiento en la industria hidrocarburifera y el lock out de inversiones en Vaca Muerta son una cara de la moneda cuya contracara es el colapso de la cadena de pagos de todo el sistema energético. Las palabras de Fernández respecto a revisar las cuentas de quienes “se llenaron los bolsillos” no conduce a ningún lado si no va acompañado de la nacionalización sin pago de todo el sistema energético. A su vez, las negociaciones con el FMI echan por la borda cualquier idea de una política de subsidios a largo plazo, cuestión que el ministro de Producción, Matías Kulfas, ya dejó en claro y al cual Alberto no desmintió.

Salvando el Pacto Social

Entre las principales preocupaciones de Fernández parece ocupar un lugar privilegiado el acuerdo de precios y salarios que impulsa el gobierno como política para parar la inflación. De allí que en el día de ayer tuviera lugar la primera reunión del aun no oficializado Consejo Económico y Social, que reunió a dirigentes de la CGT, de la UIA y al gobierno, para avanzar en la política de unas paritarias “moderadas”, acuerdos salariales con sumas fijas y desindexación de los salarios.

En este cuadro, un anuncio anticipado del aumento de las tarifas de servicios y transporte podría convertirse en una amenaza al Pacto Social ya que anticiparía una futura pérdida en el poder adquisitivo de los trabajadores, lo que podría dar lugar a un revuelo en las bases trabajadoras.

El propio anuncio de un aumento en las tarifas también dejaría planteada una nueva escalada inflacionaria frente a remarcaciones de precios ante la inminencia de una suba en los costos de producción. En este sentido, Fernández dirige un mensaje a los empresarios cuando denuncia que el actual esquema tarifario “destruyó la industria”: el aumento segmentado de las tarifas, del que ya se habló, podría venir de la mano de un subsidio para los empresarios. La factura de la crisis pasaría nuevamente a manos del pueblo trabajador.

Fernández es conciente que se mueve en un terreno minado de contradicciones y que los pasos que ha emprendido detrás del FMI y los capitalistas tendrán su costo social. Más que una desmentida de su Jefe de Gabinete estamos ante una medida de “control de daños” en medio del ajuste que impulsa el gobierno.

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