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22 de febrero de 2020

Fernández-Guzmán, bajo la supervisión del Fondo

Cuarenta y ocho horas después de la euforia oficial por el respaldo del FMI al planteo de una quita a la deuda de los bonistas, parece haberse develado una de las condiciones de ese espaldarazo. En una reunión desarrollada en el marco de la cumbre de ministros de finanzas del G20, en Arabia Saudita, el ministro Martín Guzmán se comprometió ante la titular del Fondo, Kristalina Georgieva, a aceptar una revisión de las cuentas y la política económica en el marco del llamado artículo IV del organismo financiero internacional.

Ese artículo plantea una supervisión estricta en materia fiscal, monetaria e inclusive sobre el tipo de cambio por parte del Fondo. Es exactamente lo contrario de lo que prometía Alberto Fernández, quien decía que todo ajuste debía dilatarse hasta tanto se produjera algún tipo de despegue económico.
Según el comunicado difundido por el FMI, la consulta en el marco del artículo IV sería un paso hacia el aval a un “programa económico” del gobierno. Ese “programa económico” actuaría como garantía del repago de la deuda, no sólo con el organismo internacional (el préstamo contraído por Macri debe empezar a pagarse en 2022, por la friolera de 44 mil millones de dólares), sino también con los propios bonistas -un artículo de Clarín del viernes sostiene que la quita que propone el Fondo en este caso es de entre el 30 y el 40%.

El FMI ya ha celebrado la eliminación de la movilidad jubilatoria, que supone un ahorro fiscal a costa de una reducción de haberes para 2,7 millones de jubilados con respecto a lo que correspondía según la fórmula derogada. A su vez, pese a que Alberto Fernández intentó desmentirlo, empieza a discutirse también un descongelamiento de las tarifas. El cuadro se completa con el intento de sustituir las paritarias por “paritarias cortas” o sumas fijas. La deuda con un puñado de fondos de inversión se pretende pagar sobre la base de las penurias de las masas.

Llegados a este punto, podemos decir que toda la espuma de las declaraciones contra el Fondo (Cristina criticó al organismo desde Cuba y reclamó una quita de esa deuda) y los inversores, ha actuado como una cortina para cubrir la la capitulación ante los acreedores. Ya lo había dejado en evidencia Axel Kicillof con el pago del BP21, después de todas sus bravatas. Ahora, el gobierno nacional se encamina a un acuerdo para pagar el cuestionadísimo préstamo macrista con el FMI.

Como broche de oro, Guzmán se prepara ahora para reuniones con el ministro de Finanzas de Francia, con el propósito de discutir el pago de lo que resta de la deuda con el Club de París (1900 millones de dólares), y con el secretario del Tesoro norteamericano, con el propósito de lograr un respaldo de Trump a las negociaciones de la deuda. En función de este operativo, Felipe Solá está poniendo la Cancillería en la órbita de la política exterior yanqui.

Ninguna de estas enormes concesiones, sin embargo, asegura un rumbo exitoso a las negociaciones. El resquemor de los bonistas ante los planteos de quita y señalamientos de “insustentabilidad” de la deuda por parte del Fondo revelan una pelea de buitres por ver quién saca la mayor tajada del saqueo nacional. La crisis está en pleno desarrollo.

No pago de la deuda externa. Nacionalización de la banca y el comercio exterior.

No al FMI. Sí a las jubilaciones y al salario.

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