fbnoscript
26 de marzo de 2020 | #1586

Control popular en la cuarentena

La cuarentena, exigida por los trabajadores, no está afectando en su implementación igual a empresarios que laburantes.

El Estado hace valer los negocios por sobre la salud de la población trabajadora.

Los trabajadores arriesgan su vida para ir a trabajar a actividades no esenciales como la producción de golosinas o cerveza. Los despidos
se suceden masivamente entre los precarizados y también entre los efectivos.

Trabajadores de todo el país vienen protagonizando importantes denuncias y acciones. En varias situaciones, la voracidad patronal tuvo que retroceder.

El Estado no ha garantizado una producción de barbijos ni de alcohol en gel suficiente. Y valen oro, cuando deberían ser distribuidos gratuitamente.

No hay una producción masiva de respiradores. No se han colocado los recursos de la salud privada a disposición de la población.

Al contrario, las prepagas han aumentado la publicidad buscando lucrar con la pandemia.

La tropa en la calle prepotea a jóvenes de barrios populares, en otros casos se exige cuarentena a trabajadores que quedan tironeados
entre el despido y la detención.

Pero el Estado no moviliza recurso alguno para garantizar agua potable, alimentos ni insumos de limpieza a quienes carecen de ellos. En los 4.400 barrios populares del país, el hacinamiento no permite “aislamiento social”.

Los 10 mil pesos que otorgará la Anses, el 15 de abril, a desocupados y monotributistas llegarán a un mes de la cuarentena.

Absurdo, deberían ser 30.000 ya y otro tanto en abril.

La catástrofe capitalista que la pandemia pone de manifiesto recién comienza.

Es evidente que la salida de esta situación requiere una reorganización social y económica profunda.

Sólo bajo el control de los trabajadores y el pueblo explotado podremos colocar los recursos de la sociedad en función de las
necesidades sociales y no del lucro.

Reclamamos la centralización del sistema de salud público y privado para garantizar el plan de contingencia frente a la pandemia; una reconversión industrial para garantizar la producción masiva de los elementos necesarios para el sistema de salud y el alimento.

Por un subsidio de 30.000 pesos a todos los que no tienen empleo formal; formación de comités populares de control de la asistencia alimentaria, para desarrollar los reclamos del sistema de salud y de todos los aspectos relacionados con la cuarentena.

Y, fundamental: anular de inmediato, de manera unilateral, todo pago de la deuda pública, a excepción de los bonos en manos de la Anses.

Los recursos están, se los lleva el capital financiero internacional.

Compartir

No cars.

Comentarios