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18 de abril de 2020

Reestructuración de la deuda: los mercados arrancaron festejando

El gobierno se empeña en evitar un default en medio de la bancarrota económica y social

Casual no es. Los bonos en dólares subieron un 5% tras el anuncio de Guzmán y el riesgo país, la sobretasa argentina, cayó un 11,7%.

Efectivamente, la oferta del gobierno de Alberto Fernández fue notablemente más generosa que lo esperado, o mejor, que lo publicitado en la previa. En primer lugar, porque la quita de capital es simbólica: un 5% que suma apenas u$s3.600 millones en la montaña de la impagable deuda argentina. En segundo lugar, porque la quita en intereses de un 62%, deja en pie una tasa de devolución de 2,3%, un porcentaje superior a la tasa internacional. En tercer lugar, porque el período de gracia de dos años y medio (primer pago en noviembre de 2022) es menor al esperado.

Claro que esto recién empieza. Los plazos de repago y su relación con la quita son claves. Allí hay una ingeniería bien compleja. Los tenedores de unos u$s10.000 millones de vencimientos originales más cortos, tienen mayor quita que los vencimientos finales más próximos en 2030. En otro extremo, los bonos del 2005, emitidos en función del canje dispuesto por el gobierno de Néstor Kirchner no tienen quita y son más de u$s18.000. En la totalidad de la oferta, si bien se estiran los vencimientos, la amortización del capital se empieza a pagar en cuotas sucesivas en forma anticipada. Por ejemplo, los tenedores de títulos de deuda cuyo vencimiento original era entre el 2026 y 2036 y que con la nueva propuesta se estira al 2036, comenzarán a cobrar en 6 cuotas anuales y consecutivas desde 2031. Una nota de color del ministro mimado de Georgieva es que el bono centenario de Macri (vencimiento 2117) vencerá en 2047, setenta años antes.

Tal vez, pasado el fin de semana, los bonos que subieron, caigan. Veremos, tendremos un mes de maniobras de todo tipo. Pero, el gobierno está empeñado en evitar el default de un país que ya vive la bancarrota.

Aclaremos de qué estamos hablando

La quita es sobre intereses que el Partido Obrero ha caracterizado siempre, desde que se adoptaron, como completamente usurarios. El promedio de los intereses de la deuda es de un 6%, pero en algunos de los 22 bonos involucrados es mucho más alto aún. En cambio, los bonos de la Reserva Federal de los EEUU o del Banco Central Europeo tienen al 0%.

Dicho esto, la verdadera quita es la postergación de los cobros. Por eso será importante para la definición final de los grandes especuladores internacionales que están del otro lado del mostrador, en qué distribución de plazos se despliegan los pagos desde 2022 en adelante. No es lo mismo el 2025 que el 2030 o 2040 para la devolución final. Aún así, los “lobos de Wall Street” valorarán las garantías de repago que presenta Argentina (léase garantías de ajuste al FMI).

Sobre esa base harán los cálculos del llamado Valor Presente Neto. Hoy, en menos del 30%. Se estima que pretenden llegar al 45% de ese valor en los nuevos bonos que se llevarían. Por eso, la propuesta de Alberto Fernández y su ministro es esencialmente un rescate de bonos basura en manos de especuladores. Y la presentada es la propuesta de máxima. En 30 días de aprietes habrá que ver la oferta final de los “nacionales y populares”.

Unidad Nacional Fondomonetarista

No se puede dejar pasar la escenificación presidencial en la presentación. Todos los gobernadores, sin excepción, acompañando. Es decir que la propuesta ha contado con el apoyo de toda la burguesía argentina y sus expresiones políticas más ligadas al capital financiero, entre ellas toda la derecha macrista responsable de la asunción de buena parte de la deuda que se pretende reestructurar.

Tampoco faltó el apoyo superexplícito del provisoriamente encuarentenado Kicillof y de tipos como Schiaretti, también recluido, que apoyó fervientemente y envió a su vicegobernador. A la noche, el gobernador bonaerense felicitó al mismísimo Van Der Koy por su “aporte comunicacional” en la pandemia, en el marco de un largo reportaje en el programa La Rosca que capitanea el editorialista de Magnetto.

Otro que no faltó fue Massa, considerado un interlocutor privilegiado por los bonistas y emisario en Washington en el período de transición presidencial después de la victoria en la PASO. Se comenta que, tocado por los bonistas, dijo “apoyo la propuesta”.

Para completar, Cristina Kirchner en persona salió de su encierro para poner la cara, aunque jamás rompió el silencio que la caracteriza desde el primer día de semejante crisis nacional e internacional. Alberto Fernández no solo es el comandante en jefe de Negri, sino del tout del arco político patronal argentino. Por ahora.

Cristina con la mejor cara presenció los elogios repetidos en varias ocasiones al FMI por su “política de condonación de deudas”, que no ha pasado de una pose que en todo caso aplicaría para algunos países africanos o centroamericanos, difícilmente para la deuda argentina. Pero además, dicha propuesta de condonación excluye a los acreedores privados, solo se circunscribe a la deuda oficial con los organismos multilaterales de crédito. No contento con esto, Guzmán elogió a la propia Georgieva mientras explicitaba la presunta oferta “agresiva” “nacional y popular” que no fue.

Recostarse en el FMI, que como se sabe vela por los intereses del gran capital internacional y funciona bajo la tutela de las grandes potencias capitalistas, es letal. Colocar al FMI como árbitro es aceptar el abrazo del oso porque va del ir de la mano de un monitoreo de las cuentas del país, condicionamientos mayores de carácter leonino y abrir las puertas a nuevos ajustes Los bonistas delegan la auditoría, precisamente, en manos de dicho organismo para asegurar las condiciones de repago de la deuda

Digamos aquí que la derecha que vocinglea sobre el no funcionamiento del Congreso se tragó su propia medicina. Con los súper poderes que le otorgó, Fernández hipoteca al país ninguneando olímpicamente una vez más al Congreso, que es constitucionalmente quien entiende en cuestiones de deuda. Pero, todos los que tienen metidas las manos (y las inversiones) en este intento desesperado por rescatar la deuda ilegítima están alineados en el intento. Con el correr de los días y la crisis, los naipes del castillo bien pueden volar por los aires, desde luego.

Esto, ¿despeja el riesgo de default?

Como dice el dicho, no sabemos qué es peor, si el remedio de la reestructuración si fuera aceptada, o el default, si el capital financiero lo empuja en el mes de negociaciones que se avecina.

Esto es así porque la propuesta abarca solo el 20% de la deuda externa argentina. La friolera de u$s182 mil millones es el endeudamiento bajo legislación nacional excluido de este canje propuesto. Por otro lado, otros u$s72 mil millones corresponden a deudas con el FMI (43.500), el BID (12.500), el Banco Mundial (7.150), y la Corporación Andina de Fomento (3.550). A estos importes sacrosantos e inmodificables según la práctica de todos los gobiernos capitalistas incluidos los de Duhalde y Néstor Kirchner que siguieron pagando en el anterior default, hay que sumar el Club de París, al que le toca la última cuota de u$s2.000 millones el mes que viene, enteritos. Según Carlos Burgueño, columnista de Ámbito, ya hay acuerdo para postergar el pago. El tema es que debe aún negociarse con el FMI un nuevo programa para postergar los pagos que tiene el país en los próximos años y que concentran la mayor parte de los vencimientos en moneda extranjera. Ocurre otro tanto con el reperfilamiento de la deuda bajo legislación local en dólares, postergada hasta fin de año.

Este detalle se justifica para entender que el endeudamiento impagable argentino es mucho mayor y aún la aceptación de este canje no resuelve la bancarrota en la que estamos. Hasta ahora, Fernández y Guzmán pagaron en efectivo, con emisión, $150 mil millones de la deuda en moneda local que no pudieron refinanciar. Pero hasta fin de año restan vencer bonos por otros 700 mil millones en poder de privados. “¿Y si no quieren renovarlos qué hacemos? ¿Les damos esos pesos a ellos y no a los gobernadores ahogados que vienen a pedirnos ayuda?" dice el oficialista Alejandro Bercovich. La pregunta podría ampliarse a los cuatro millones de inscriptos que no cobran los $10.000 de la IFE, a los taxistas que no cobran ni salario ni IFE y sigue la lista…

De la bancarrota no salimos ni que acepten ni que no acepten, son dos variantes a recorrer.

El no pago es el punto de partida de un plan de salida

Como hemos explicado sistemáticamente, al default van los gobiernos capitalistas empeñados en pagar deudas, no un gobierno de trabajadores que empiece por el no pago soberano como parte de la ruptura con el tejido capitalista que es mucho más vasto.

Ese tejido de grupos económicos, bancarios, de fondos de inversión y monopolios internacionales y grupos locales que operan en las más diversas áreas, es el que está fugando capitales ahora mismo y ha llevado el dólar blue a $100 y el de la Bolsa de Nueva York a tocar los $110.

Los pesos liberados y emitidos por el Banco Central no fueron a la salud, ni a bancar a los trabajadores privados de ingresos, tampoco fueron a créditos para atender a las empresas paralizadas. Buena parte ha ido al dólar, empujando una devaluación, y además se ha formado un mercado paralelo de crédito con cauciones de bajísimo costo financiero para apalancar el pasaje al dólar.

Así como a escala mundial la pandemia ha venido a agravar una crisis preexistente, poniendo el mundo rumbo a una depresión como la del ’30, en la Argentina del default selectivo, la recesión y el ajuste contra los jubilados de la previa, se vino a montar el coronavirus. Los despidos en marzo han sido 45.000 y las rebajas salariales son pavorosas. La burocracia sindical de la CGT, con doble mensaje (anticuarentena subliminal) indica que en abril 5 millones de trabajadores no cobrarían el salario. De los 12 millones de “sin ingresos” ninguno cobró los 10.000 pesitos todavía. Faltan largas horas hasta el martes 21 y hasta mayo no terminarán de percibir.

Se impone el no pago de la oprobiosa deuda externa como punto de partida de un plan económico de guerra contra el virus, centrado en la salud y una reconversión económica e industrial que tiene que nacionalizar la banca y el comercio exterior, como lo demostró la implacable especulación hacia el dólar de los últimos días. El capital no tiene corazón, y como el escorpión es capaz de atentar contra la vida de sus propios explotados.

Los trabajadores tenemos que tomar la defensa de nuestras vidas y familias en nuestras manos. Organizándonos frente a lo que viene, porque lo peor no llegó.

 

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