fbnoscript
29 de mayo de 2020

Una CGT semicolonial

La burocracia sindical se reunió con el FMI.

La cúpula de la CGT se reunió una vez más con el FMI, para ratificar su apoyo a la negociación y al plan de pago de la deuda externa ilegítima de parte del gobierno con los bonistas privados y ese organismo internacional.

Héctor Daer, Carlos Acuña, Andrés Rodríguez y Gerardo Martínez le suplicaron al FMI “acompañamiento en la negociación con los bonistas privados para alcanzar rápidamente un consenso, que permita iniciar el proceso de desarrollo económico que necesita nuestra economía” (Clarín, 29/5). Esta adaptación colonial de la burocracia sindical refuerza su papel de tercera pata del actual “pacto social” en tiempos de default, defensora de los intereses del empresariado y del gobierno de Alberto Fernández que, en medio de la peor crisis sanitaria del país, han colocado el pago de la deuda ilegítima por encima de la vida de los trabajadores.

La sumisión de los “gordos” fue muy lejos. Le solicitaron a los funcionarios del Fondo “ayuda financiera para que el país pueda poner en marcha un plan de desarrollo económico, productivo, laboral y social”. Puesta en vocera de las necesidades de los capitalistas argentinos, reclamó un nuevo ciclo de endeudamiento nacional. Macri no lo habría hecho mejor.

Cipayismo e hipocresía

La cúpula sindical manifestó su “negativa al organismo internacional de avanzar con ajustes o con una eventual reforma laboral”. Una hipocresía por partida doble. Primero, porque la burocracia de Azopardo ya encabeza el ajustazo más brutal de la historia, con el pacto UIA-CGT-Gobierno, garante de los cientos de miles de despidos, suspensiones, rebajas inéditas de salarios, precarización laboral, avance del hambre en las barriadas obreras y el robo de las jubilaciones. En segundo lugar, porque la “ayuda financiera” es a condición de imponer un plan económico draconiano contra las masas y colocar a la economía nacional bajo el monitoreo permanente del FMI, como establece el artículo IV del estatuto de ese organismo, que regla la revisión de la economía que hacen todos los países miembros.

Bajo la égida del FMI, las patronales y el gobierno de Fernández, la CGT está sosteniendo una reforma laboral de hecho, que se profundizará después de la pandemia.

Yasky calló porque otorgó

Las burocracias de las CTAs acompañaron con el silencio estas decisiones de la CGT, porque las comparten vivamente. La CTA de los Trabajadores, de Hugo Yasky y Roberto Baradel, ha definido a sus sindicatos claramente en apoyo del pago de la deuda usuraria. En la última reunión de secretarios generales de Ctera, realizada el 6 de mayo pasado, votaron “apoyar la propuesta de negociación sobre la deuda externa que está llevando a cabo el Gobierno Nacional”. Dejaron de lado la alharaca de votar en el congreso un impuesto testimonial a las grandes fortunas, para no molestar el ánimo de bonistas que, sin embargo, le están arrancando a Alberto Fernández, prácticamente el ciento por ciento de sus exigencias.

Congreso de delegados de base para debatir y organizar un plan de lucha

Ni los “gordos” de la CGT ni los “nac” y pop” de las CTAs tienen mandato para atar a los sindicatos argentinos al carro del pago de la deuda externa. Cuando los sindicatos –en medio del crecimiento exponencial del contagio del Covid-19 en los barrios y en las fábricas- más deben defender que todos los recursos del país se coloquen al servicio de las necesidades populares, la CGT y las CTAs refuerzan el bloqueo de las luchas de los trabajadores, que han irrumpido enérgicamente, a pesar del aislamiento de las centrales.

Se hace más necesario que nunca imponer un congreso de delegados mandatados por la base de todo el movimiento obrero, que vote un programa de salida en favor del interés de la clase obrera, empezando por el no pago de la deuda externa, la nacionalización de la banca y del comercio exterior para que no se fuguen los capitales, colocar todos los recursos del país para la reconstrucción del vaciado sistema de salud, de su centralización, y de la prohibición de despidos y suspensiones, fuera el pacto CGT-UIA-Gobierno, salario universal para los desocupados que cubra la canasta básica, defensa integral del salario, reapertura de paritarias, comisiones de higiene y seguridad en cada fábrica que haga cumplir las normas de salud, es decir, colocar a la cuarentena bajo control de los trabajadores.

Convocatoria del Plenario del Sindicalismo Combativo

Un día antes de esta infame reunión, el miércoles 27 de mayo, el Plenario Nacional del Sindicalismo Combativo ratificó el repudio de pago de la deuda externa y colocar todos los recursos al servicio de una salida obrera a esta crisis, y votó un plan de lucha.

En el campo opuesto de las burocracias sindicales, el PSC emerge como la tercera corriente sindical de alcance nacional, que coloca todos sus esfuerzos para unificar y amplificar los conflictos obreros que enfrentan el actual plan de guerra y colaborar para su triunfo.

Como parte de este plan de acción, el 16 de junio el PSC convoca a todas y todos las y los trabajadores a una jornada nacional de lucha, con marchas y actos en todo el país.

 

 

Compartir