fbnoscript
29 de mayo de 2020

CABA: incertidumbre en la entrega de alimentos en las escuelas

El gobierno porteño acaba de comunicar un cambio en el reparto de los alimentos que se hace en las escuelas, que trae incertidumbre para los alumnos con más necesidades de todos los niveles y sus familias.

El escueto texto difundido señala que “el de la semana próxima será el último operativo que realizaremos de forma quincenal” y que, a partir de junio, se organizará “el servicio alimentario escolar de forma mensual”. Se señala que en “la próxima semana –la que comienza el primero de junio- daremos más detalles”, sin especificar siquiera si este cambio en la frecuencia viene acompañado de una duplicación de los bolsones alimentarios o si representa una reducción de los mismos –ya de por sí limitados.

En el marco de una crisis económica y sanitaria que hace estragos en las barriadas de la Ciudad y el conurbano, es preciso alertar contra cualquier pretensión de recorte en las entregas alimentarias, por parte de un gobierno que viene de votar una “ley de emergencia” que es un ajuste en regla contra la población trabajadora de la ciudad.

Tanto en la Ciudad como en numerosos distritos, los alimentos a las escuelas han llegado tan solo como resultado de la batalla incesante que dio la docencia junto a los sindicatos dirigidos por la combativa Lista Multicolor (como Ademys en CABA), de les estudiantes y las organizaciones de desocupados como el Polo Obrero, que continúan saliendo a la calle para denunciar que “sin hambre no hay cuarentena”.

En el caso de la Ciudad, con campañas virtuales y movilizaciones (y un proyecto de ley presentado por el legislador Gabriel Solano del Partido Obrero-Frente de Izquierda exigiendo la universalización de los alimentos nutritivos y en cantidades suficientes, que reforzó la lucha), le arrancamos al lobo lo que hoy nos amenaza. El gobierno de Larreta pasó de no entregar a entregar vainillas, de las vainillas a los fideos, de los fideos a las lentejas y el aceite. Ahora, mientras mueren las Ramonas y las filas de familias en las puertas de las escuelas se triplican -incluyendo vecinos desconcertados y gente en situación de calle que, aunque sin hijes, necesita comer- pone en cuestión esta atención tan elemental.

Larreta está amparado por toda la política de hambre que se le está imponiendo a la clase trabajadora; por eso Alberto Fernández lo idolatra cada vez y por eso los sindicatos kirchneristas se han convertido en voceros del gobierno de la ciudad, sin un programa para organizar los reclamos en educación de sus trabajadores. Es el caso de la UTE-Ctera, dirigida por la Lista Celeste, que esporádicamente se pronuncia por las situaciones pero ha clausurado prácticamente el sindicato y su funcionamiento, sin asambleas, reuniones y, mucho menos, acciones concretas para lograr los reclamos.

Llevemos esta denuncia a todas las escuelas y a todas las barriadas.

Opongamos a toda pretensión de ajuste una lucha por el aumento necesario de la asistencia, a partir de su universalización y un incremento sustancial en las cargas de la tarjeta alimentarias para todas las familias que lo requieren. Pongamos en pie comisiones de control que impongan al Gobierno estas demandas, así como la distribución de kits de prevención e higiene en los barrios.

 

 

En esta nota:

Compartir