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17 de octubre de 2007 | #1014

Votemos al Partido Obrero

La campaña electoral ingresa en su última semana dominada por el protagonismo mediático de los partidos patronales. La agenda en debate parece monopolizada por completo por los intereses de la burguesía. Los anuncios de última hora de Kirchner para reducir las tasas de interés de las tarjetas de crédito, seguida por la discusión sobre el gasto público o el dólar alto, refuerzan esa impresión. Se trata, sin embargo, solamente de la apariencia. En el asiento trasero del vehículo electoral se encuentra instalada una fuerte agenda obrera, que apunta directo en la nuca del chofer al volante, espoleada por la inflación en crecimiento y por la certeza de que se vienen los tarifazos. Los candidatos patronales se han cuidado mucho de evitar una profundización de las discusiones para que no aparezca en el horizonte inmediato el espectro de una acentuación de la crisis social. Por eso la viga maestra del planteo de Cristina Kirchner, el “pacto social”, no fue cuestionado prácticamente por nadie. Bajo al superficie de la campaña electoral se encuentra instalada en los lugares de trabajo una fuerte inquietud por el deterioro de los salarios. Algunas empresas automotrices han sido forzadas ha conceder adicionales salariales de fin de año, para que las huelgas no le frenen el ritmo de la producción. Luego de la rebelión popular en Santa Cruz; la fuerte lucha del pescado de Mar del Plata; los reclamos en el subte; la reanudación de las huelgas docentes en capital y provincia; luego de estas manifestaciones, es claro que la agenda que acucia a los candidatos patronales es la que se está discutiendo entre los trabajadores. Lo único que dejó en claro la campaña electoral, es que los candidatos en presencia no tienen más que respuestas tentativas, pero ninguna salida.

Es necesario disipar por completo, entonces, la idea de que la burguesía tiene atado el paquete del proceso político. Ocurre exactamente lo contrario. Los únicos que lo ven de otro modo son los candidatos de la izquierda democratizante, que han hecho de la campaña electoral un fin en si misma, y no un marco de preparación de luchas inminentes mucho más decisivas.

Polarización

Otro aspecto fundamental de las elecciones es que los partidos patronales no han logrado polarizar las intenciones de voto. La candidata del gobierno está lejos del 50% de los votos. Se trata de una derrota política del gobierno actual, que se refuerza por el hecho de que sus peores resultados los obtendrá en una mayoría de grandes ciudades. Es decir que al cabo de cuatro años de gobierno personal y una tasa de crecimiento del PBI del 8/9% el gobierno no logra obtener una aprobación plebiscitaria. Por si esto fuera poco, llega a ponerse arriba del 40% (según las encuestas) auxiliado por una multitud de coaliciones circunstanciales y de centenares de muletas llamadas colectoras, que amenazan incluso con desnaturalizar la jornada electoral y los escrutinios de mesa. O sea que en las vísperas de una crisis social, el frente oficial marcha en una completa dispersión.

Tampoco puede llamar la atención la falta de polarización por parte de la oposición patronal, porque una polarización se construye a través de un proceso de luchas sociales, no mediante alquimias electorales. Pero las luchas sociales fueron encabezadas por las organizaciones políticas y sociales combativas, no por la oposición patronal. La única tentativa de polarización de la oposición ocurrió con la campaña episódicade Blumberg por la seguridad, hace tres años, que Macri intentará revitalizar. Pero en su momento Kirchner neutralizó el movimiento de Blumberg porque contaba con el apoyo de todos los grupos económicos que se estaban enriqueciendo con la ‘reconstrucción de la burguesía nacional’. Ningún luchador o activista puede aceptar, en estas circunstancias, al caracterización de que las elecciones plantean una polarización entre derecha e izquierda patronales, que lo exima de la responsabilidad de votar, a conciencia, por un programa de clase. Las polarizaciones no se fabrican en los tres meses previos a una elección, solo pueden ser la expresión de una polarización gestada por las contradicciones sociales mucho antes de las elecciones.

Es que otro rasgo importante de este proceso electoral ha sido el acercamiento de posiciones entre ambos patronales, cuyo mejor reflejo fue el apoyo de los ‘opositores’ al discurso de Kirchner en la ONU, que empalma con la ofensiva de Bush por un ataque militar a Irán. Pero no se trata solamente de esto, porque mientras los ‘opositores’ han aceptado seguir con el peso devaluado de Kirchner (y hasta los laderos de Carrió admitieron que las retenciones a las exportaciones no se podían derogar enseguida), la candidata oficial ha pateado todos los despachos de las grandes corporaciones para prometer la reducción del gasto público (social) y un incremento del superávit fiscal destinado a sostener la deuda externa y el dólar alto.

Gobierno débil

Con un sistema político desmembrado; con una coalición de colectoras electorales; carente de un voto plebiscitario; en el pico de un impasse del proceso económico y en la fase de ascenso de una crisis económica internacional; el próximo gobierno dejará al desnudo la creciente debilidad del gobierno que se retira. Sin embargo, no podrá privarse de montar una ofensiva contra conquistas y reclamos sociales, aunque lo haga en forma tentativa, por un proceso de prueba y error. Se reúnen, de esta manera, las condiciones de una crisis política inminente. La última semana de la campaña electoral la empeñaremos en aguzar la conciencia de esta situación, como forma de preparar las nuevas batallas. Ya tenemos una consigna inmediata que es el reclamo de un doble aguinaldo; la olla no la van a parar las ‘asociaciones de consumidores’. Lejos de cerrar todas las opciones y de consagrar nuevos mandatos, el fin de la campaña electoral y la asunción de un nuevo gobierno abren todas las instancias de una crisis y de una nueva irrupción del movimiento obrero.

Votar al Partido Obrero

Nuestro partido es plenamente conciente de que salió a la lucha electoral en un marco de grandes contradicciones de la vanguardia de la clase obrera. En todo el último período hemos peleado en las organizaciones obreras por desarrollar una alternativa política independiente del proletariado — desde la rebelión en Santa Cruz y en las huelgas docentes de esa provincia, Neuquén y Salta; en las elecciones en CTERA y la CTA, en el sindicato de prensa, en las elecciones en las empresas, en la lucha del subte y de la pesca de Mar del Plata y en la campaña para que Zanón encabezará una lista obrera independiente en la provincia de Neuquén (aquí mostró toda su hilacha conservadora la secta Pts). En el movimiento obrero, sin embargo, existen tendencias estructuradas que se oponen a esta perspectiva, desde varios sectores de la CTA, el Mic, la izquierda democratizante en general, que no creen que sea la oportunidad histórica para un planteo político de la clase obrera, y que han acuñado como slogan “la construcción del clasismo con la burocracia”. Es incuestionable que hay que superar esta contradicción por medio del trabajo político para que esta vanguardia salga del inmovilismo político y se proyecte como dirección para construir un partido socialista de la clase obrera.

En la campaña electoral las dos manifestaciones más importantes de esta última tendencia estuvieron representadas por Solanas y por la Nueva Izquierda. Solanas acaba de explicar en Página 12 que el problema es que el pueblo argentino rechaza el cambio, o sea que transfiere su propio conservadorismo a las masas, como si hubiera sido otro y no él quien apoyó las dos tentativas más inmovilistas de los últimos años — el Frente del Sur y el Frepaso, al punto que votó la intervención federal contra la rebelión santiagueña de 1983 y hasta la reforma constitucional del Pacto de Olivos. El tándem Solanas-Lozano quiere recuperar los recursos naturales con las reservas del Banco Central, o sea produciendo un desfalco financiero en beneficio de las petroleras internacional. En el caso del Mst ha armado una colectora absoluta con candidatos alquilados para la ocasión, de modo que al final no podrá adjudicarse ningún resultado electoral para si mismo, pero que le servirá para avanzar en la disolución política, no ya del clasismo o el socialismo, sino de la simple izquierda.

En las condiciones concretas señaladas, nuestro partido proyectó su campaña política simultáneamente hacia las masas y hacia el interior de la clase obrera, porque más importante aun que el voto general era ganar el voto de los luchadores obreros. Así preparamos la etapa que viene. Esta campaña ha sido importante y sigue creciendo. Hemos hecho una agitación intensa en 70 distritos bonaerenses y una docena de provincias. Hemos desarrollado luchas gigantescas, como la que se libró por la expropiación de terrenos y por la vivienda en Salta. Hemos conseguido importantes reagrupamientos obreros por todos lados, en alimentación, carne, municipales, marítimos, caucho, papeleros, gráficos, petroleros del norte santacruceño, docentes de Río Gallegos, mineros del Turbio, movimientos de la vivienda en Salta, Córdoba, capital y gran Buenos Aires, comisiones de derechos humanos de Tucumán, Formosa y gran Buenos Aires, jubilados autoconvocados de Caleta, de Tucumán, movimiento estudiantil de todo el país, salud, etc.

La campaña de base ha puesto de relieve a quienes estamos en la tarea de construir un partido, o sea una organización para la lucha y para la lucha por el poder. El periódico y plataformas distritales han sido un avance histórico respecto de cualquier antecedente político de izquierda y de nuestro propio partido. Notoriamente hemos sido un factor político en la campaña en numerosísimas localidades. Crece una construcción estratégica.

Llamamos más que nunca a esforzarnos en los últimos diez días para defender las posiciones conquistas y ganar otras más — porque solamente la política de organizar un partido de combate de los luchadores obreros es el camino para la victoria, o sea la expropiación del imperialismo, el fin de las guerras de conquista, la unión socialista de América Latina, el fin de la explotación del hombre por el hombre.

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