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28 de abril de 2005 | #897

Kirchner y Lula contra Ecuador

Hace dos meses, Kirchner y Lula se ganaron el reconocimiento de Bush por el papel que desempeñaron en la defensa del presidente de Bolivia contra una ola de protestas populares.
 
En octubre de 2003 ya habían jugado un papel, incluso superior, al desmovilizar la mayor insurrección popular de la historia boliviana del último medio siglo.
 
La semana pasada volvieron a delinquir, esta vez contra el pueblo de Ecuador.
 
Bastó que el nuevo gobierno de Ecuador insinuara que no privatizaría el petróleo, que cancelaría un Fondo de recursos del petróleo que se destina al pago (incluso anticipado) de la deuda externa, que no aceptaría un tratado de libre comercio con Estados Unidos y que se opone a una base militar norteamericana que opera desde su territorio hacia Colombia; bastó esto para que no obtuviera el reconocimiento de ningún gobierno latinoamericano, y por sobre todo de Bush.
 
Sin embargo, el gobierno que insinuó estos planteos no emanó de la rebelión popular que ha derrocado al anterior presidente, Lucio Gutiérrez.
 
Es un gobierno ajeno a esa rebelión, un gobierno que en realidad quiere ‘encauzarla’; en definitiva, derrotarla.
 
Pero ni yanquis ni kirchneristas, ni tampoco los lulistas y algunos más, lo quieren reconocer.
 
Quieren que se vaya.
 
Le reclaman elecciones.
 
O sea que les están pidiendo a las fuerzas armadas que den un golpe ‘electoral’.
 
¿Por qué?
 
Porque puso en tela de juicio (pero no realmente en juicio) los privilegios de los monopolios petroleros, como Repsol, Petrobras o Chevron-Texaco.
 
Porque puso en tela de juicio (pero no realmente en juicio) la deuda externa.
 
Porque puso en tela de juicio (pero no realmente en juicio) la militarización de América Latina por parte del imperialismo yanqui.
 
El gobierno ecuatoriano no está encabezado por un Che Guevara sino por un René Favaloro —y quieren que termine de la misma manera.
 
No lo han volteado todavía porque los espanta la reacción que desatará el pueblo ecuatoriano.
 
A Kirchner y a Lula los espanta algo más: que el presidente derrocado es de su propio palo.
 
Llegó al gobierno con monsergas nacionalistas, que le sirvieron para corromper y cooptar a los D’Elía, Cevallos y Bonassos de Ecuador, para entregarse casi en seguida a las petroleras y a los yanquis.
 
En 2002, Lucio Gutiérrez se había paseado por Buenos Aires, en campaña electoral, de la mano de Humberto Tumini, el dirigente máximo de Patria Libre y Barrios de Pie.
 
Gutiérrez era un nacionalista que como todos los nacionalistas terminó entregando la causa nacional.
 
Este nacionalista acaba de ser derrocado por un movimiento popular que plantea reivindicaciones nacionales.
 
Por eso los nacionalistas Lula y Kirchner lo quieren voltear en patota con Bush.
 
El Partido Obrero apoya la rebelión popular en Ecuador y defiende a su gobierno burgués y enclenque de los ataques de los Bush, los Kirchner y los Lula.
 
El Partido Obrero se conmueve ante el llamado de las organizaciones ecuatorianas a convocar a una Asamblea Popular de todo Ecuador, con mandatos populares revocables, porque es el camino de la salvación nacional de todos los explotados de América Latina.
 

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