fbnoscript
5 de mayo de 2005 | #898

Qué está pasando en las paritarias

La burocracia sindical frena la rebelión salarial
Aunque todos admiten que la devaluación y la inflación “hicieron bolsa” los salarios, la burocracia sindical fue cerrando decenas y decenas de paritarias con escalas de salarios que, en la mayoría de los casos, se limitan a incorporar al básico los aumentos no remunerativos que se dieron por decreto durante Duhalde y ahora con Kirchner. A esto se agrega un 'plus' insignificante que, por supuesto, no compensa ni siquiera los aumentos de precios que se producirán en los próximos 12 meses. En otras palabras, una gran parte de la clase obrera no está participando de la rebelión salarial, esto por el freno de la burocracia sindical.
 
En esto consiste el pacto entre la UIA y la CGT, que estuvieron tejiendo desde fines del año pasado.
 
Ese pacto tuvo un cortocircuito cuando Lavagna lo cuestionó porque “realimentaba la inflación”. Lo que Lavagna no quería es que en aquellas actividades de mayor rentabilidad se fijaran sueldos básicos superiores a los 1.000 pesos, porque podían actuar como una bandera para el resto de los trabajadores.
 
Sobre esa base, se repactó el acuerdo CGT-UIA.
 
En la alimentación, la rama bebidas acaba de firmar un convenio por un año con un básico de 1.000 pesos. Los convenios para el resto del sector y por empresas, que  se frenaron, discutían básicos de 1.200 y hasta 1.300 pesos. La Federación de Sindicatos de la Alimentación sacó una solicitada protestando justamente por el “techo” de 1.000 pesos. En cambio, Armando Cavalieri acaba de declarar que el objetivo de la paritaria de comercio es un básico de 1.000 pesos, encuadrándose en el pacto CGT-UIA-Lavagna.
 
Por eso, la patronal automotriz reaccionó en forma airada cuando en el Smata dijeron que aspiraban a un básico de 1.600 pesos, un poco más de 500 dólares, cuando esas patronales pagan por fabricar el mismo modelo de auto en otras partes del mundo entre 2.500 y 3.000 dólares mensuales.
 
Otro claro ejemplo es el gremio de la construcción. El burócrata Gerardo Martínez, sin consultar al gremio, firmó un convenio con un aumento del 40% (la inflación desde la devaluación fue del 62%) y se espera otro aumento del 10%. Luego de tal aumento, un “oficial” tendrá “un sueldo bruto de 510 pesos más 280 no remunerativos” y 20% por presentismo (Clarín, 3/4). Con los descuentos de jubilación y salud, el ingreso efectivo sería de 900 pesos por mes, con el agravante de que una parte del aumento es no remunerativo, o sea que “no se incorpora a los salarios básicos y no será considerado para el cálculo de las horas extras, aguinaldo, vacaciones, antigüedad, indemnizaciones y a ninguna referencia remunerativa. Asimismo no estará sujeto a cargas sociales” (ídem).
 
Cuando Cavalieri dice “que el primer reclamo en la paritaria será la integración a los salarios básicos de convenio del aumento de 150 pesos no remunerativos que decretó el gobierno”, no hace otra cosa que seguir lo hecho por Martínez. Algo similar está haciendo la burocracia de la UOM.
 
En todos los casos, los convenios se firman con un aporte patronal al sindicato o a la obra social o a un fondo de capacitación, o con el descuento obligatorio del primer aumento, que es la prebenda que las patronales le dan a la burocracia por el convenio firmado. El precursor en la materia fue Víctor Santa María, del sindicato de Edificios de Renta, ahora devenido secretario del PJ Capital de la mano del ex cavallista, jefe de Gabinete, Alberto Fernández. El kirchnerismo es un abanderado en esta 'cometa' para la burocracia.
 
Por medio de estas alianzas con el gobierno y las patronales, la burocracia está cerrando convenios antiobreros y confiscatorios del salario. Por eso, los reclamos salariales de los trabajadores transcurren por fuera de la burocracia, como fue el caso de subtes, telefónicos, hospitales y dependencias estatales. En todo este proceso, la burocracia de ATE es la que jugó uno de los papeles más lamentables y antiobreros.
 

En esta nota:

Compartir

Comentarios