22/06/2000 | 669

A los disidentes de La Alianza se les acabo la cuerda

¡Qué rápido que va todo! Bastó que la Alianza decidiera discutir en Diputados la resolución votada en el Senado de derogar los decretos de ajuste, para que el grupo de 15 disidentes que integran Carrió, Bravo y Castro, entre otros, mostraran sus mortales limitaciones. Han dicho que votarán con el gobierno, porque lo contrario sería «jugar a la ruleta rusa con las instituciones» (Clarín, 19/6).


Pero, ¿por qué motivo derogar el ajuste sería poner en peligro las instituciones? Sólo puede haber uno: que el FMI y compañía se tiren contra las instituciones. Porque del lado del pueblo, la derogación del ajuste podría llegar a servir para prestigiar a esas instituciones. Es decir que capitulan ante el chantaje del séquito fondomonetarista. Así da gusto tener disidentes u opositores.


Es decir que los disidentes de la Alianza se oponen al gobierno… pero sólo hasta cierto punto. Cuál es ese punto lo deciden ellos a su capricho, no creen necesario recoger la opinión popular. En este caso el punto límite es no cuestionar la vigencia del ajuste. Pero entonces, ¿son disidentes de qué? Con los condicionamientos que ponen los disidentes, hasta el propio De la Rúa es un disidente y hasta un opositor, porque finalmente aplicó el ajuste como consecuencia de una crisis política desatada por sus propios amigos, la cual amenazaba con «la ruleta rusa» a «las instituciones». Machinea lo dijo incluso textualmente.


El verdadero sentido del voto de los senadores peronistas no pasa por la «ruleta rusa» ni por el peligro a las «instituciones»; los senadores peronistas son fanáticos de estas instituciones que defienden los privilegios de los poderosos a los que ellos sirven. La verdadera maniobra a la que apuntó el Senado peronista ha sido probablemente intentar mantener viva la crisis desatada por Santibáñez antes del ajuste, pero que se fue extinguiendo cuando bajaron al jefe de los espías del avión que llevó a De la Rúa a Washington. Un voto de rechazo al ajuste –deben haber supuesto estos senadores– hubiera podido poner en jaque al gabinete y darle una posibilidad a la alternativa de un gobierno de coalición con el peronismo, con o sin Cavallo, pero probablemente con algún gobernador justicialista por atrás. Quizás todo esto aún sea prematuro y el voto en el senado apenas haya sido un preludio o globo de ensayo. Ruckauf repudió, más tarde, el rechazo al ajuste efectuado por los senadores. De cualquier manera, no es preservando al gabinete de los Terragno y Machinea que se podrá controlar una ofensiva cavallista-justicialista, porque ese gabinete está de todos modos condenado al fracaso y a la caída. La posibilidad de una ofensiva encabezada por Cavallo o por otros más liberales que él, está planteada por la propia crisis y por las limitaciones insalvables de la Alianza. Los disidentes se van a quedar al final sin Machinea y con el ajuste metido hasta las orejas. El camino adecuado era votar contra el ajuste y ofrecer de este modo a los trabajadores una bandera, y de otro lado denunciar la ofensiva de Cavallo-Reutemann o Cavallo-Ruckauf, oponiéndoles una salida basada en la movilización y en una organización de masas de los trabajadores.


Las limitaciones políticas y las capitulaciones siempre se disfrazan de alguna manera. Los disidentes de la Alianza, carentes de imaginación, han inventado para el caso la defensa de unas instituciones que ningún explotador quiere poner en jaque.

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