12/05/2011 | 1176

A quién lava la ley anti-lavado

-Exclusivo de internet

En medio del sube y baja electoral (más bien baja baja) fue aprobada por 182 votos a favor y seis abstenciones) una llamada ley anti-lavado, que de ningún modo combate la evasión, el narcotráfico o la corrupción, por la simple razón de que son inherentes al capitalismo, en especial cuando este se hunde por la disminución de negocios productivos rentables y por el peso insostenible de montañas de deudas y declaraciones de quiebra. En la farsa participó, como no podía ser de otro modo, Proyecto Sur.

La cuasi unanimidad del respaldo al proyecto tiene como contrapartida su absoluta inocuidad. Luego que las investigaciones de operaciones de lavado han establecido que el 80% de ese fraude pasa por los bancos, la ley le encarga a estos develar esas operaciones, bajo el eufemismo de brindar información de movimientos «sospechosos». Imagínese el lector al banco número cuatro de Estados Unidos, Wachovia, luego absorbido por Wells Fargo, informando a su gobierno de la ‘sospecha’ de lavado de 380 mil millones de dólares del narcotráfico mexicano, cuando en realidad el banco pactó con los narcos el blanqueo de ese dinero. Pillados en el delito, los ‘Ceos’ del Wells Fargo se vieron forzados a pagar una módica multa -el 2% de las ganancias de ese año, unos 2.500 millones de dólares. Según Antonio María Costa -ex jefe de la oficina de drogas y crímenes de la ONU-, las ganancias de los narcos eran «el único capital de inversión líquida» disponible a los bancos que se encontraban al borde del colapso. «Hay indicios, agregó, de que algunos bancos se rescataron de esa forma» (Clarín, 6/4). El Wachovia sólo fue «la punta del iceberg, poniendo de relieve el papel del sector bancario «legal» en el lavado de centenares de miles de millones de dólares» (ídem). Y eso que la trapisonda del Wachovia fue, según el diario inglés The Guardian, «una las mayores operaciones de lavado dinero de toda la historia».

La ley sanciona el lavado de dinero por parte de «organizaciones terroristas», sin definir al terrorismo, lo cual permite poner en esa categoría a Cuba, a la cual nunca se le pudo probar actos de terrorismo o de apoyo al terrorismo. O sea que viene a coartar las acciones de solidaridad con organizaciones que luchan en distintas partes del mundo, o de organizaciones de otros países con nuestras luchas -como ha ocurrido con el apoyo de los sindicatos, centrales obreras y hasta municipalidades de izquierda del exterior con el movimiento piquetero entre 2001/05. El bloque de Pino Solanas señaló esta peligrosa confusión, pero igual votó la ley. Lo que muestra la ambición del político pequeño burgués por llegar a la función pública, no es cuando ‘modera el discurso´, entre otras cosas porque muchos de ellos los ‘radicalizan’. Lo que denuncia a ese político es la reiteración del doble lenguaje y de la duplicidad.

La ley encarga la supervisión de las operaciones anti-lavado al Poder Ejecutivo, cuando varios opositores opinaban que debía ejercerla una comisión del Congreso. Sin embargo, también votaron la ley, lo que echa por tierra su cruzada contra la ‘corrupción K’, en especial de la tropa de Carrió. La explicación a esta inconducta es sencilla: los banqueros, incluso de la banca estatal, no quieren ser hurgados por representaciones numerosas y electors.

El último punto a ser notado es una ley anti-lavado es una forma de control del movimiento de capitales, en el marco de una crisis que propicia la fuga de capitales -el movimiento DIARIO internacional de divisas es de 4,5 billones de dólares, o sea 300 veces el Producto bruto mundial. Buena parte de los 160 mil millones de dólares que residentes argentinos tienen en el exterior, provienen de operaciones inconfesables, como lo demostró el fracaso del blanqueo de dinero que promovió el gobierno bajo Néstor Kirchner y Lavagna para repatriar esos fondos.

En definitiva, los representantes del pueblo son incapaces de ir más allá de la clase que representan. ¿O no promueven acaso «la ética de la responsabilidad», que leyeron en el alemán Max Weber, para distinguirla de la ética pura y simple que pregona no robar al prójimo, o sea la legitimidad de un procedimiento que sirva para evitar la ruina del capitalismo?

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