24/06/2005 | 905

A un año de la tragedia de Río Turbio

Casi como una obligada necesidad se recuerda el primer año de ocurrida la muerte de los 14 mineros de Río Turbio.


Del 14 de junio de 2004 en adelante, pasados el dolor, la bronca y las primeras demandas organizadas por los familiares y compañeros de los mineros, transcurrido este tiempo, crece la sensación de impotencia, de descreimiento, de impunidad.


El simple cotejo de las condiciones en que los trabajadores ingresan hoy al yacimiento (que recién comienza a ser operado sin definirse el destino de su producción), a cómo lo hacían en oportunidad de la tragedia, es la prueba evidente de la responsabilidad del Estado y sus funcionarios que a su cargo tenían la obligación de velar por la seguridad de los trabajadores que perdieron la vida aquella noche.


Los autorrescatadores con los que hoy ingresan los mineros, —que garantizan oxígeno por 30 minutos en caso de necesidad—, de haber estado a su disposición en aquellos momentos, habrían salvado la vida a cada uno de los 14 compañeros.


No es cierto que entre las siderales cifras de tardía inversión tantas veces prometida antes de la tragedia, el costo de estos elementos sea de 300 dólares estadounidenses.


El precio que pagamos por ellos es de incalculable, de inapreciable valor. La vida de 14 trabajadores, padres, hijos, esposos.


Ese mismo dinero que llegó tarde y se utiliza para remover escombros, pagar cursos de seguridad, viáticos, consultorías, seguros, viajes a Polonia o Checoslovaquia, para gastarse en licitaciones dirigidas o en compras directas, en muchos casos sin obligación de rendición, es el modo en que los responsables del crimen de los 14 compañeros eluden su responsabilidad.


Se encubren entre sí


A un año del siniestro la Justicia a encontrado a dos presuntos culpables, … ¡nada menos que dos de los compañeros de los fallecidos que no murieron esa noche!


La causa, recurrida por todos los querellantes y el fiscal interviniente, se encuentra apelada en la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia.


Es la muestra palpable convertida en miles de fojas y varios cuerpos de expedientes, de la falta de interés en encontrar la verdad y menos castigar a los verdaderos responsables de lo ocurrido.


Casi seis meses después de aquel 14 de junio de 2004, otro incendio arrasó con la vida de 194 jóvenes asistentes a un recital.


El siniestro ocurrió en la Capital, lejos de aquel pueblo a 3.100 kilómetros al borde la cordillera y la frontera.


La Justicia ha producido aquí, en cambio, rápidos resultados, y se identifica claramente a los responsables. La falta de controles, los funcionarios que no cumplieron con su deber, el empresario inescrupuloso. Todos ya están señalados… hasta el propio jefe del Gobierno porteño.


En Santa Cruz la Justicia, al contrario, ha dado su primer señal, en beneficio del poder y la impunidad.


Sólo dos presuntos responsables. Dos sobrevivientes de la tragedia. Vaya ejemplo.


Lo más lejos posible de los verdaderos responsables: el anterior concesionario Sergio Taselli, que en tiempos de Menem se enriqueció con el subsidio estatal y destruyó el yacimiento. El mismo que hoy con Kirchner obtiene la explotación del frigorífico Santa Elena en Entre Ríos, con nuevos subsidios, no obstante tener procesos en su contra por vaciamiento y contrabando calificado, sólo en Santa Cruz.


El ingeniero Cámeron de la Secretaría de Energía, protegido por Kirchner, corresponsable de la intervención del yacimiento al momento de la tragedia.


¿Cuánto tienen en común el dolor de las familias de Río Turbio y el de quienes perdieron a sus hijos en Cromañón?


¿Cuánto tienen en común Kirchner e Ibarra?


En memoria de los 14 trabajadores de la mina de carbón de Río Turbio.

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