11/01/2001 | 694

Abajo el régimen que lleva al suicidio a nuestra juventud

El lunes 8, un trabajador de los supermercados Coto se quitó la vida, disparándose un tiro en la boca, dentro de la sucursal de Segurola y Elpidio González.


Juan Carlos Molina había sido despedido arbitrariamente el día anterior. Entre la negativa del jefe de personal a concederle una entrevista y la presión de la empresa para hacerle firmar una renuncia (para no pagarle la indemnización), Juan, desesperado, optó por quitarse la vida.


Luego del crimen-suicidio la patronal tapó el cadáver con cartones y cercó el lugar con changuitos, quería seguir trabajando para que no cayeran las ganancias del día. Una enérgica acción de sus compañeros de trabajo y vecinos obligó, finalmente, a cerrar el supermercado.


Juan Carlos tenía sólo 19 años, y esperaba el nacimiento de un hijo.


Como él hay miles. Y no sólo en Coto, sino en todos los grandes supermercados. Ganan salarios miserables, están sometidos a despidos arbitrarios (precedidos por presiones psicológicas para que presenten su renuncia y no pagarles indemnización), trabajan horarios extenuantes de 12 horas y las horas extras no son abonadas, no tienen descanso sábados ni domingos. Las patronales supermercadistas han impuesto a fondo la flexibilización laboral. Quieren formar una juventud sumisa, domesticada, que tiemble ante la amenaza de la desocupación y se resigne a salarios de 200 pesos mensuales.


Esa juventud trabajadora no tiene organización sindical que la defienda: Cavalieri, del Sindicado de Comercio, es uno de los ógordosó burócratas que transitan los despachos del gobierno y los patrones, que se enriquecen entregando las conquistas del movimiento obrero.


Frente a ello se levanta otra Argentina. La piquetera. La que acaba «después de 15 días de permanencia en la plaza de San Justo» de imponer los reclamos de los desocupados ante la Intendencia de La Matanza. La que se encadena en Pico Truncado, rechazando los óplanes Trabajaró de 120 pesos, reclamando puestos de trabajo de 360 pesos. La de las huelgas con piquetes, como las de los conductores ferroviarios o los gráficos de Recali, que obligaron a la reincorporación de los despedidos. La de los trabajadores de la alimentación de Terrabusi, que luchan por reincorporar a cesanteados e impedir que la patronal imponga la jornada laboral de 12 horas. La de los choferes de la 98, que están parando para cobrar salarios atrasados.


En la provincia de Buenos Aires todos los días se producen tres suicidios (en su mayoría por causas sociales).


La muerte de Juan Carlos debe ser castigada y su familia indemnizada. Hay que imponer en los super, la elección democrática de delegados para defender nuestros derechos y romper la prepotencia patronal, asentada en la destrucción de la organización sindical. Prohibición de despidos y traslados. Jornada de 8 horas. Respeto al descanso en sábados y domingos. Salario mínimo de 600 pesos.


La superexplotación de Coto es un botón de muestra de la ofensiva antiobrera que llevan adelante el gobierno aliancista y las patronales. Se anuncian nuevos despidos en el Pami y entre los trabajadores estatales. Se preparan nuevos tarifazos (trenes, colectivos, subtes, agua, etc.) contra el bolsillo del trabajador, mientras los capitalistas no invierten en la mejora de los servicios, como lo evidencian los cortes de luz que acompañan, como todos los años, al calor. El 2001 se inaugura con nuevos decretazos antiobreros (contra las jubilaciones y las obras sociales, etc.).


Seguir soportando este régimen es marchar al suicidio colectivo. Basta de treguas. Paro General de 72 horas. Que se vayan los hambreadores al servicio del FMI. Asamblea Constituyente soberana.

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