20/03/2003 | 793

Adivinen quién va a elecciones

¿Zamora? No, Zamora, no, todavía. Para ayudar al lector a diseñar el identikit del envuelto en la incógnita digamos, sí, que hasta ayer nomás saludaba con religiosa insistencia la «dignidad» de Zamora por su posición de abstención electoral. Con esta escala menor en el lenguaje del insulto condenaba al escarnio a los partidos que íbamos al combate electoral. Pero tampoco a todos los partidos, sino especialmente al Partido Obrero, porque – así lo sostenía el enigmático personaje – , del Partido Obrero dependía la masividad del frente por la abstención electoral.


Si el lector no ha logrado identificar al sujeto del que hablamos podemos darle otra mano recordándole que montó en las recientes elecciones en Neuquén una campaña de boicot a los partidos de la izquierda. En una ciudad en la que Zanón es la expresión universal reconocida de las posibilidades de una revolución social dirigida por la clase obrera, esa campaña se empeñó por sobre todo en condenar cualquier tentativa o posibilidad de que los obreros de Zanón encabezaran un frente de lucha electoral contra el bloque de Sobisch-Menem, por un lado, y Quiroga-Duhalde-López Murphy, por el otro.


Pues bien, estos caníbales de los «electoralistas»… han decidido ir a elecciones, claro que por la puerta de servicio, con una lista bonaerense para los comicios que tendrán lugar en septiembre. A los escépticos que piensan que no hay redención posible en este mundo, este giro vergonzante podría obligarlos a cambiar de idea. Pero no deben hacerlo, porque estos electoralistas rebautizados repiten la misma macana que caracterizaba a su abstencionismo: dividen. Antes dividían a los luchadores con la abstención, ahora los dividen presentándose tarde y sin posibilidad ni interés en ninguna clase de unidad política revolucionaria.


Asistimos a una verdadera estafa política, aunque el calificativo suene exagerado para la importancia del sujeto. Ocurre que la política no puede existir sin lucha faccional, es decir sin una lucha de principios y de programa llevada hasta sus últimos extremos, y no puede existir porque esa lucha de ideas es la expresión de una lucha de clases, de una lucha por la sobrevivencia en el marco de la historia. ¡Pero incluso una lucha faccional tiene sus límites! Esos límites los impone la realidad cuando desmiente brutalmente los planteos políticos que se han efectuado. El desconocimiento de estos límites, algo que ocurre con más frecuencia que lo contrario, se paga con el suicidio político, que a veces queda encubierto bajo la forma de secta.


Naturalmente, estamos hablando del Pts, que en las últimas semanas rompió varias movilizaciones reivindicativas porque no era incluido su planteo de abstención electoral (más bien votar en blanco; a cada uno le da el cuero con que lo cosieron). Con este planteo seudo-abstencionista, que hoy se ha metamorfoseado en un electoralismo que será tanto más apasionado cuanto que es vergonzante, también ha buscado descalificar el Congreso de luchadores que el Bloque Piquetero y la Verón convocan para principios de abril. Ahora, «el rey quedó desnudo», que es la frase literario-dramática para nuestra expresión criolla «se quedaron en pelotas».

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