16/07/2020

Al periodista Zaiat y a Cristina se les perdió la burguesía

En medio de la crisis al interior de la coalición de gobierno, se coló una nota de Alfredo Zaiat sobre la burguesía argentina, que fue retuiteada con elogios por Cristina Fernández. La nota comenta el acto del 9 de Julio, al cual Alberto Fernández invitó al G6. Según la nota, “el presidente Alberto Fernández convocó a los empresarios reunidos en el G-6 para sumarlos a la construcción de una nueva normalidad económica, que deje atrás el capitalismo neoliberal hegemonizado por las finanzas globales”.

Sin embargo, para Zaiat, Fernández habría elegido mal los interlocutores, debido a que el establishment, bajo la conducción de Techint y Clarín, se habría apartado por sus intereses empresariales de un proyecto de desarrollo nacional basado en el mercado interno. Según Zaiat, “cuando gran parte de los patrimonios de ese núcleo de empresarios poderosos está en el exterior, ya sea en propiedades, empresas, activos bursátiles o capitales líquidos y su principal actividad se encuentra en servicios monopólicos o producción de materias primas exportables, su propio destino queda escindido del general”. Este es el caso de Clarín y Techint, que ejercerían una conducción del establishment económico con una orientación derechista, de apertura económica, abonando la concentración capitalista y de alineamiento con el imperialismo.

¿Capitalismo financiero vs capitalismo productivo?

La primera falacia de todo esto no la comete Zaiat, sino el propio Fernández, que sostuvo que “el capitalismo debe revisar cosas, porque cuando empezó a tener más importancia el gerente financiero que el de producción, empezó a ser menos noble y más débil”. Es notable que se pueda sostener esta posición mientras se lleva adelante un acuerdo de deuda en el cual se le cede el oro y el moro a los gerentes de los fondos de inversión más poderosos del mundo.  Pero no puede sorprender luego de que se tomara la decisión de subsidiar ampliamente a “los miserables” (en palabras del presidente) que despedían en medio de la pandemia, que se anunciara el impuesto a las grandes fortunas para después dejarlo cajoneado, que la expropiación de Vicentin se transformara en una reyerta en el marco del concurso de quiebra, y siguen los bluffs.

No se puede separar al capitalismo “especulativo” del “productivo”. El fondo BlackRock pesa fuerte en el terreno “productivo” de la minería y el petróleo. El “productivo” Arcor, que está vinculado al “mercado interno”, como señala Zaiat tiene una deuda corporativa de alrededor de 900 millones de dólares, o sea, que está hipotecado por la banca. Vicentin y todo el sector agroindustrial no ganan solo con la soja y el aceite, lo hacen también con los derivados financieros de especular con los activos de las cosechas. Recientemente denunciamos que empresas automotrices ganan con la “bicicleta cambiaria” al tener acceso al dólar oficial para vender en el paralelo. De la misma manera la burguesía nacional “productiva” se transforma rápidamente en burguesía importadora cuando cambian los tipos de cambio. La tendencia en el capitalismo en decadencia es al control de la producción por la especulación, o sea, por el capital financiero. Las reyertas entre uno y otro, que existen, no deben tapar esta unidad fundamental.

Si Fernández quisiera desarrollar la producción a expensas de la especulación debería nacionalizar la banca y volcar el ahorro nacional al desarrollo de las necesidades nacionales, y cesar el pago de la deuda usuraria y fraudulenta. Hace lo contrario: premia a los bancos con tasas usurarias para frenar la corrida al dólar, que fue producida por el conjunto del capital nacional, empezando por los mismos bancos. Quien hace esto es el mismo que dijo, como candidato, que iba a aumentar las jubilaciones con los ingresos de las Leliq. Hace justo lo contrario.

Pero no solo ningún grupo capitalista “productivo” apoyaría la nacionalización de la banca: los más “productivos” de todos (la industria del calzado, por ejemplo), reclaman sin dudar un acuerdo por la deuda, que les permitiría relanzar el endeudamiento en el mercado internacional. La burguesía está en un mismo lodo.

Se les perdió la burguesía

El problema de Zaiat es que busca y no encuentra a la famosa burguesía que apueste al mercado interno. Para su consuelo, se perdió en un laberinto que antes fue largamente transitado. En su esquema, esta burguesía gana con los salarios altos, que propician el consumo. Sin embargo, los sectores más mercadointernistas y las Pymes, son los más explotadores y antiobreros de la larga cadena de explotadores de la burguesía nacional. La industria del vestido trabaja con mano de obra esclava, la textil, con salarios de 22.000 pesos mensuales. Cuando, contra esta superexplotaciòn, se alzaron los obreros de Algodonera Avellaneda (propiedad de Vicentin, o sea, de la oligarquía vaciadora), el gobierno del “mercado interno” y el capitalismo con rostro humano, en lugar de apoyar su reclamo, les dictó la conciliación obligatoria favoreciendo a la empresa. Lo mismo ocurrió con los trabajadores del puerto, a quienes se quiere llevar a una encerrona para birlarles una paritaria que podría impactar en los costos de la logística del sector exportador. ¿En qué quedamos con los salarios? Ahí está el pacto de la CGT con la UIA y el gobierno: todo a la baja.

La presión por la destrucción de salarios, convenios y condiciones de trabajo es propia de toda la clase patronal, como lo es también la reducción del gasto público en salud, educación o las reformas previsionales. Es justamente una agenda que está tomando el gobierno, por eso los “miserables” del capitalismo financiero se manejan con Fernández y recurren a la oposición macrista solamente como un mecanismo de extorsión suplementario. Fernández, mientras busca un arbitraje, va cediendo a la “gobernabilidad”, o sea, a la agenda de la burguesía, por eso el punto de partida “fundacional” de su gobierno no es la cuarentena sino el acuerdo de la deuda.

La ilusión de los Kirchner de crear una “burguesía nacional” a su imagen y semejanza (desde el Estado) fue una trágica farsa. Fue la burguesía nacional de los Esquenazi y el vaciamiento de YPF; de los Cirigliano y la masacre ferroviaria de Once, de Ugofe y el asesinato de Mariano Ferreyra o de los bolsos de López.

Retroceso histórico

Aunque no sea el único, se nota que los Zaiat no aprenden de la historia. La famosa “burguesía nacional productiva” se alineó contra el peronismo en el golpe gorila del ’55. No le alcanzaron ni los acuerdos de Perón con la imperialista Standard Oil, ni los subsidios del Iapi (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) a la oligarquía agraria, ni el congreso de la productividad. Ni siquiera la ofensiva del propio Perón contra las huelgas de los ’50, como la huelga metalúrgica del ’54. Los mismos “productivos” apoyaron a Frondizi, que se endeudó con el FMI (al que entramos con Aramburu) y aplicó la represión del Plan Conintes y el plan Larkin contra los ferrocarriles. Más tarde, fueron atrás de Onganía, Krieger Vasena y sus planes “desarrollistas”. Terminaron, después de “desensillar hasta que aclare” (Perón), desatando el Cordobazo. Finalmente, duraron un suspiro bajo Gelbard y el “pacto social” antiobrero y terminaron con Rodrigo y López Rega desatando las huelgas de junio y julio, para dar paso enseguida al apoyo sin fisuras a la dictadura. El prontuario de la burguesìa “productiva” de otrora es digno de los Magnetto y Rocca.

A favor de Zaiat hay que decir, sin embargo, que incluso en comparación con esta línea antinacional y antiobrera, la burguesía nacional del siglo XXI se lleva los laureles. Respondiendo a esta agenda, el peronismo del siglo XXI avanza en la destrucción de los restos de las conquistas obreras conquistadas con sangre, sudor y lágrimas en las luchas del siglo XX, y fundamentalmente bajo el primer peronismo. El aguinaldo, los convenios colectivos y el salario igual a la canasta familiar han quedado como banderas, exclusivamente, del Frente de Izquierda.

Además, debiera recordarse que Néstor Kirchner le dio a Clarín la fusión Cablevisión-Multicanal y que Cristina le fue a reclamar a Hugo Chávez por la indemnización a Sidor. O sea, concesiones al Grupo Clarín y a Techint, los dos grupos que Zaiat coloca como orientadores, por derecha, del establishment.

Por la independencia política de los trabajadores

La referencia a una burguesía nacional industrialista, en manos del kirchnerismo, tiene en estas condiciones el único papel de contener al movimiento obrero en el redil del peronismo, en nombre de una lucha contra la “oligarquía financiera” que este de ninguna forma está dispuesto a dar. El rol fundamental en esta tarea lo tiene la burocracia sindical, encargada de mantener encorsetada a la clase obrera, que pretenden paralizar en un cuadro de ataques masivos.

Por eso, para la clase obrera, la subordinación a un planteo de colaboración de clases lleva a dejar pasar la catástrofe que impone el capital. Más que nunca, la tarea es oponerle a la crisis y la catástrofe capitalista una salida socialista. La única clase social capaz de reorganizar social y económicamente el país, terminando con la carga del capital financiero, es la clase obrera.

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