02/07/1998 | 591

Alegría Popular

El martes por la noche una explosión de alegría popular sacudió al país, como si la selección de futbol hubiera ganado la Copa del Mundo. En buena parte fue el resultado de más de dos horas de tensión, que vieron al equipo argentino dominar en forma absoluta el juego sin poder concretar una diferencia. Tener que aceptar que los penales decidieran el pasaje a los cuartos de final fue sentido como una completa injusticia.


¿Pero alcanza esto para explicar una movilización popular que seguramente no se hubiera producido en un octavo de final con otra selección, incluso la brasileña?


En los días previos al juego la prensa reclamó que no se mezclara lo deportivo con lo político, lo que siempre es una señal de que la cosa ya está entreverada. La prensa argentina cumplió su parte, probablemente porque toda ella apoya la entrega del petróleo, de la pesca y de la soberanía en Malvinas. La prensa inglesa fue más ‘chauvinista’, quizás porque el decadente imperio necesita más que el menemismo de un factor de reafirmación nacional; no es casual que la hinchada inglesa dio el puntapié de silbar el himno argentino. Por eso es indudable que la alegría por la victoria contra Inglaterra tiene una connotación política de repudio al avasallamiento de la soberanía argentina por parte del imperialismo anglo-yanqui.


De cualquier manera, la alegria deportiva que revela una tendencia política, también sirve para esconderla. Para poder concretar los objetivos políticos, es necesario plantearlos de frente; no agotarlos en una celebración nocturna, efímera. No hacemos al respecto la menor demagogia. Perdimos el control y la paciencia durante dos horas interminables y luego no podíamos sino soltar la tensión acumulada. Pero para ganarle a los ingleses, hay que acabar con Menem y no permitir que se nos robe esta victoria, reemplazándolo por una Alianza patronal y menemizada.

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